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Los logros de la Revolución son, a la postre, demasiado evidentes: Ulises Guilarte de Nacimiento, director de orquesta, secretario general de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC), aprendió la palabra “refrendar”, y si bien no la combina en demasiadas formas más allá del participio, habrá que reconocerle que, tratándose de una persona con un vocabulario que no debe pasar de los 40 sustantivos y adjetivos de bagaje (Revolución, clasista, marcha combatiente, nuestro líder, apoyo, etcétera), incorporar un verbo a su repertorio ya es, per se, loable y no deja de demostrar algún esfuerzo de su parte. Aunque no se sepa si Guilarte de Nacimiento conoce el significado del susodicho término o lo que tiene en sus entrañas es solo una idea cronometrada de dónde colocarlo. Del sitio y el momento adecuados repetidamente.

No era fácil para el papudo Ulises. Hubo su Odisea y monólogo interior. Varios años antes, Pedro Ross Leal le había puesto alto el registro, la marca olímpica. No había discurso en que Ross Leal no tuviera que quedarse un tiempo enfrascado u hozando en busca de la palabra conveniente, la trufa de la ilustración. Después lo enviarían a Angola de diplomático. Cómo se las apaña con otro idioma si la lengua materna lo devastaba, francamente contestarlo no podemos.

El mismo octogenario presidente Raúl Castro no es lo que llamaríamos un hombre con músculo en el pensamiento, y no le hace falta para llevar las riendas de un régimen totalitario en el que hacer y deshacer a su antojo se cumple sin chistar. De modo que cuando se dispuso que Ulises Guilarte de Nacimiento representaría a la CTC, se formó el consenso inmediato.

Y ahí está el compañero, un domingo 30 de abril de 2017, vestido con camisa roja en el programa de la Mesa Redonda, clavando los ojitos suyos en el exitoso periodista Oliver Zamora. Imprimiéndole toda la fibra que le cabe al verbo refrendar. Refrendar, refrendar, refrendar. Los cachetes son anchos, pero como de cemento, de obrero férreo que no tiemblan con la agitación. El labio superior se despega y hace un piquito en el medio. No es demasiado agudo; hay que afilar la curiosidad.

Imaginen que la camisa tiene bocamanga y que esta se cierra en un broche hierático por donde retoñan los puños. Que la camisa y los puños son la misma cosa, un solo objeto en el que no se define su principio y su final. Lo único que se separa terriblemente y se anima, por su lado, es la cabeza. Luego las luces del estudio se centran en los detalles. Dibujan la sombrita puntiaguda del cuello, los surcos bajo la nariz, la cortedad de la frente. Oliver Zamora no asiente como ordena la academia Randy Alonso, en lugar de eso, deja el mentón estático, en espera. Guilarte de Nacimiento, esféricamente iluminado, va a anunciar el lema del Primero de Mayo, Día Internacional de los Trabajadores: Nuestra Fortaleza es la Unidad.

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Daniel Llorente es detenido por desfilar con la bandera de Estados Unidos el 1 de mayo

Daniel Llorente es detenido durante el desfile del 1ro de Mayo en a Plaza de la Revolución.

Daniel Llorente no le hizo caso y miren ustedes las consecuencias. Con cincuenta y dos años y una corpulencia cervecera gritó Viva Cuba Libre y corrió los metros que pudo llevando una bandera estadounidense frente a la Plaza de la Revolución en la apertura del desfile. Rápidamente uno del cuerpo de seguridad le puso un traspié a lo Pepe del Real Madrid y Llorente cayó. La CNN se ocupó de divulgarlo. Llorente se removía sobre los granos del asfalto mientras llegaban más miembros de la seguridad a patearlo. Lo cargaron como a un cerdo al matadero, asiéndolo por las extremidades. Es el último 1ero. de Mayo que Raúl Castro observa ostentando el cargo de presidente de los Consejos de Estado y de Ministros porque su retiro deberá ocurrir para febrero de 2018.

El de Llorente no fue un caso ejemplar. Con tanto que se puede demandar en un espacio tan amplio, con tantas dificultades internas y serias que atraviesa Cuba, no conviene disparar al aire. Pero vamos a pensar que hubo una causa mercenaria detrás. Y que hubo una cronología de los hechos que vale la pena repasar.

En la noche del día anterior, Miguel Barnet (Barniz lo llamaría Reinaldo Arenas en algún momento) hablaba en inglés durante la Gala por el Día Internacional del Jazz a la que fue invitado el actor Will Smith. Antes, cerca de las cuatro de la tarde, viajo en un almendrón Ford, pongamos que es un Ford pero puede ser cualquier auto de los cincuenta, les digo en serio que no importa. La Plaza de la Revolución está toda de rímel y bótox con las banderas y las vallas. Sobre el tablero del Ford unas bailarinas hawaianas menean la cadera arriba de un cuentakilómetros descompuesto. Cierran con un ímpetu cerril las puertas. El chofer no para de hablar. Aquí mira a los equipos amplificadores de audio y dice que a la Plaza no va a ir, y que el espectáculo lo van a disfrutar desde sus aposentos los dirigentes del país bebiendo whisky y comiendo carne de venado hasta los tarros y las pezuñas.

Ellos son los dueños de esto, dice un pasajero con traje de babalawo. Sí, claro, ellos se batieron a tiros en la Sierra Maestra, comenta el chofer. No, yo hablo de los turistas, dice el pasajero, que había visto a cinco mujeres rubicundas por la acera contraria leyendo guías.

En mayo de 2016, Llorente burló las barreras de seguridad y fue a recibir también con la bandera de Estados Unidos al crucero Adonia que llegaba a La Habana. Se llevó otra golpiza. Nunca ha habido pruebas concretas de que le hayan pagado por sus yerros, pero si hacemos caso a la prensa oficialista, Llorente debió haber recibido el dinero de alguien que no le enseñó un mínimo de Rugby. Se presume que Llorente cobró por el show en que compartió roles protagónicos con los del cuerpo de seguridad, como si robarse el estrellato no fuera bastante pago. Si hubo espectáculo, hubo reparto de actores.

También sucedió después. La periodista Lissy Rodríguez, del periódico Granma, escribió el artículo “¿Monólogo anexionista o reafirmación de millones?”. Granma, actuando en su desesperación por reafirmar su naturaleza, olvidó por completo qué es la ambigüedad de la sintaxis y publicó con el artículo el sumario: “Algunos medios prefieren ignorar la realidad de un pueblo que cada Primero de Mayo sale a apoyar su Revolución y magnificar el performance de un individuo”. Miren qué cosa. El pueblo apoya a su Revolución y magnifica el performance de un individuo. Quisieron decir que los medios magnifican “el performance de un individuo” en vez de lo otro, pero la redacción corcovada los traicionó. El artículo, además, deslegitima la acción de Llorente sacando a la luz que tiene antecedentes penales por robo con fuerza y, además, sufre de desvinculación laboral. Añadió que se encuentra pendiente de juicio por cargos de receptación agravada.

“Como era de esperar, algunos medios de prensa, ante el performance de un individuo, se olvidaron de la marcha multitudinaria que aunó ayer al pueblo cubano por vocación, porque le corre sangre martiana, por principios revolucionarios. Relegaron, con ello, una regla inviolable del periodismo, y optaron por la visión sesgada, unilateral, como si solo bastara un episodio fútil para concentrar fuerzas en derribar verdades”, dice Lissy Rodríguez.

Es curioso que siempre que se producen actuaciones disidentes similares, aflora un historial delictivo. Curioso que siempre que venga a cuento se explique que el Estado cubano se preocupa por la reinserción y librar de estigmas y prejuicios a los ex presidiarios. Curioso que la autora del artículo no haya pensado en una frase que enseñan a los estudiantes de periodismo: Noticia es que un hombre muerda un perro y no al revés.

Llorente y sus agresores fueron el hombre que mordió al perro. Lo demás se repite cada 1ro de mayo. El pueblo trabajador celebra su fiesta y etc. Si dependiera de los medios oficialistas, nadie se hubiera enterado de que el inicio del desfile estuvo, bien o mal, bonito o feo, diferente. El Sistema Informativo de la Televisión Cubana no mencionó la “amplia repercusión internacional” de la que presume todos los años. La “amplia repercusión internacional” que no es más que la información del desfile trasmitida por Russia Today, CCTV, Telesur y Correo del Orinoco. Idéntico a decir que de la noticia se hicieron eco Cubavisión, Cubadebate y Cubahora. Pero en esta ocasión ni eso, sino que se elaboró un resumen de portadas de la prensa nacional: Trabajadores, Sierra Maestra, Cubaperiodistas.cu, ACN, y un minuto a minuto de Granma.

El SITVC reporta más de 800 mil personas en la Plaza de la Revolución. Más de 150 mil en Granma. Más de 60 mil en la Isla de la Juventud. Más de 300 mil en Artemisa. Más de 400 mil en Camagüey. Más de 200 mil en Holguín. Más de 150 mil en Mayabeque. 120 mil en Cienfuegos.

Después resalta el ambiente pacífico en que se celebró la jornada en Venezuela y Rusia, contrastada con la violencia que se manifestó en Estados Unidos y una huelga general en Grecia.

El presentador Rafael Serrano dice algo tan ridículo y kitsch como que Fidel Castro “estuvo con nosotros desde otra dimensión”.

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Una señora aclara que este sería el primer desfile sin la presencia de Fidel. Ella tendrá cerca de cincuenta años. El pelo rizado bajo una boina encasquetada.

En horas tempranas, Llorente ha sido neutralizado y los bloques arrancan con el desfile. Una capitana del Ministerio del Interior se fotografía con el cantante Waldo Mendoza en calle 2 y treinta y pico. A la calle 2 envían a las personas para que luego se enlacen por Zapata. El coro de la CTC canta. En Santiago de Cuba, el alicaído José Ramón Machado Ventura, Segundo Secretario del Comité Central del PCC, es de los que encabeza el acto. Marchan más de 600 mil santiagueros.

En La Habana, pesco al último bloque cerca de 23 y Paseo. Una decena de extranjeros van con él. Precedidos por la mascota del equipo de béisbol Industriales, el león, que danza sobre una carroza en la que se lee Carlos III. Y por el loco que se disfrazó de Capitán América, que suele deambular normalmente en las áreas de 3ra y 70 de Miramar, vestido de cualquier superhéroe.

Las cadenetas de jóvenes con pantalones verde olivo cierran el paso mientras el bloque avanza por Paseo hacia el frente de la Plaza. Cierran como un portón, sellan el linde en la gasolinera del Minint de Zapata. Tres mulatos van hablando con una mujer. Al enterarse de que es uruguaya empiezan a elogiar a Luisito Suárez. Un salvaje Luisito, el próximo mundial va a ser suyo, le dicen. Sí, sí, dice la uruguaya quizás aturdida porque no esperaba que vendría a La Habana a tener una conversación sobre el delantero de su selección o solo confundida por los repiqueteos de las congas que han pasado por las bandas.

Los negros las bailan junto a los blancos. Se abrazan y marcan un, dos, tres, pie alzado y un, dos, tres, pie alzado. El extranjero que prueba seguir la conga generalmente se desarregla en el intento de convertir la información sonora en ritmo y luego en baile. Los rotores y los circuitos son incompatibles la mayoría.

Combatientes 1ro de Mayo

Combatientes 1ro de Mayo

Yo soy Fidel, yo soy Fidel, yo soy Fidel, gritan los cubanos con sus banderas y carteles propagandísticos imprimidos por la cadena de tiendas TRD, propiedad de las FAR.

Héctor es un chileno cincuenteno con camiseta de Arturo Vidal. Dice haber venido por el compromiso con Cuba que le anegó el alma desde la primera vez que puso un pie en este país.

Por izquierda y derecha las cadenetas humanas con verde olivo o guayaberas vigilan. El piso está lleno de latas de refresco y algunas consignas aplastadas. A los pies del monumento a Martí, los dirigentes del país observan el abigarramiento debajo.

Banderas de la organización italiana LGBTI Omphalos, del canal satelital árabe informativo independiente Al Mayadeen, Venezuela, Siria y Canadá.

Guillermo y Santiago son dos ancianos que desfilan desde el triunfo de la Revolución, recuerdan haber participado en casi el total de los actos, salvo en los años setenta, cuando estuvieron cumpliendo misiones en África. La tela que les cubre sus pectorales secos está cubierta de medallas.

Otro redondel de partisanos baila y canta terminado el desfile. No entiendo una palabra pero lucen divertidos en lengua universal. Las guaguas de Transgaviota los devolverán a muchos a sus habitaciones.

Ileana, argentina joven estudiante de Medicina, dice haberse emocionado tanto cuando la multitud frenó en seco la marcha y se puso a entonar el himno nacional, que no lo soportó y lloró. Lo dice y los ojos de café suave se difuminan con inocencia detrás de un cristal trémulo. Otro poco de memoria a corto plazo y vuelven al llanto puro. En circunstancias distintas, la argentina tendría muy bonitos los ojos.