El fútbol le produce más orgasmos que las mujeres. Le teme a la muerte. Se estrelló en bicicleta contra un contén, en moto contra un Lada y en el Lada de su padre contra un Volga. Nunca le pasó nada, ni un arañazo, a sus amigos sí. Es adicto a la cerveza.
Ariel Ruiz Urquiola / Foto: Juan Cruz-Rodríguez

El infierno de Ariel Ruiz Urquiola

De niño quiso ser veterinario. Cazaba cucarachas y abejorros y les quitaba las antenas para examinarlas, luego alimentaba con ellas a las lagartijas, y a estas, a veces, les abría la barriga con un bisturí para observarlas por dentro.

Ariel Ruiz Urquiola no tiene miedo

Sostiene que es lo único que no hay que tener en la vida. Está completamente seguro de que el gobierno cubano vendrá de nuevo por él, pero asegura que ellos “ahora no saben cómo responder porque no tienen delante a un opositor, a un activista de derechos humanos, lo que tienen es a un hacedor”.

La sombra de Francia 1938

En ese año Cuba jugó sus tres únicos partidos en la historia de las copas mundiales de fútbol. Hasta ahí llegaron los antillanos. Un tren sueco les pasó por encima sin atisbo de clemencia.

Ilustración: Frank Isaac García

Ernesto, el cazador

Los jineteros están por todas partes, sobre todo en las zonas turísticas y en los bares de moda, que proliferan en los últimos tiempos. Son verdaderos escuadrones armados a base de labia que han convertido su identidad cubana en una daga punzante que entierran en la carne de los extranjeros que aterrizan aquí en busca de ese ansiado dolor.

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