Vive en Santiago de Cuba. Las congas lo hacen llorar. No tiene pasión por ningún deporte, pero es fan a Savón, a Rigondeaux (a quien una vez le picó un cigarro), y a Gabriel Pierre el gran pelotero. Cree que el verdaro cronista de la música cubana es Candido Fabré y no Juan Formell. Y que Cuba se divide en esos dos bandos, los de Fabré y los de Formell. A él le gusta más Formell porque tiene tendencias pequeñoburguesas, pero eso no quita que el tipo sea Fabré. Fabré forever. No fuma, pero es picador fula de cigarros. Le da ansiedad ver a una gente fumando, no es que sea un estafador, o que no se le pare.
Foto: EFE

El desastre y sus clichés

La Santa Biblia, un libro hermoso, sabio, con metáforas y parábolas poderosas, que lanza profecías sobre cualquier cosa, que abriga como ninguna otra cosa abriga y que lo ve venir todo, pero que no muestra la más elemental fórmula matemática o ley física que demuestre con pruebas empíricas que tal terremoto será la semana que viene entre las 7 y 10 de la mañana.

El Muke y compañía

Desde el tercer año de la carrera de Arquitectura, el Muke había logrado un viejo sueño de la niñez: ser científico. Había sido captado para el Centro de Investigaciones de Métodos Computacionales y Numéricos en la Ingeniería perteneciente a la Universidad Central de Las Villas (UCLV) y había cumplido el encargo, junto a un amigo, de programar un videojuego con gráficos 3D para un empresario extranjero.

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