Jose Maria Diaz-Maroto

En mi regreso a España, en 2013, unas de las primeras personas que me arropó fue José María Díaz-Maroto, quien para mí, siempre fue Maroto a secas. De esa relación deberían haber surgido algunos proyectos fotográficos, pero lo que surgió fueron historias. De fotografía, poco hemos hablado. Y es que Maroto entiende la fotografía como un lenguaje con el que contar su vida, y entre más energía y belleza tenga su vida, más energía y belleza tiene su fotografía.

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Han pasado más de 20 años de este trabajo que hoy presentamos y en las fotografías que conforman parte del trabajo “Hecho en Cuba” divisamos al mismo Maroto que describo. Son un recorrido por sus vivencias en la Isla, aunque los mejores momentos, estoy seguro, no se fotografiaron. Más de 30 visitas no caben en tan pocas fotos. En estas, descubrimos la implicación cómplice de Maroto con el entorno, el país y su gente. Una realidad, la cubana, que si bien es fácil acceder a ella, es completamente opuesta a la realidad de Maroto, por lo que funciona como una especie de mundo paralelo, donde el descubre nuevas experiencias en cada viaje.

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En esa época inicial del Período Especial, cuando empieza a fotografiar, se percibe una relación con los cubanos muy inocente. Creo que de esa época surge su amor por Cuba. Esa inocencia en la amistad desinteresada que con los años se fue volviendo más difícil de encontrar, y gracias a la cual descubrió nuevas formas de comprender su mundo y de comprenderse a sí mismo. Hay, en estas fotos de Cuba una especie de deuda con la vida.