Demian Rabilero

De Demian Rabilero (44 años), se dice que fue un buen crítico de cine, un intelectual arrogante, un cineasta que filmaba mal pero que inquietaba, un poeta gris y suicida, y un sometido diseñador gráfico. Un excelso amante de bohemias, y por sus manierismos y gestualidad, otros afirman que es un medio pájaro reprimido. Pésimo Licenciado en Derecho, que no supo defenderse en su propio juicio y pagó una condena en prisión de 3 años, por un caso menor que a cualquiera le hubieran imputado sólo unos meses. Pero de todas sus facetas, la que me gusta es la de padre de familia.

De todos sus viejos amigos, sólo un par radica aún en Santiago de Cuba. Todos los demás emigraron. Demian lo rememora así en un poema:

Antes del Huracán
Se fue Yelena
y los márgenes extendieron su asombro y las frutas
del árbol maduraron antes de la estación.

Se fue Katia
y bajo el sol comenzaron a podrirse los edificios
y los claros de luna.

Se fue Alexei
y la estepa se plegó a la locura y no dio mas sémola
ni trigo.

Se fue Arquímedes
y los trenes se desconcertaron y nadie volvió a regar
las flores del andén.

Se fue Alina
y sus pezones de melocotón no volvieron a gotear
hacia mi boca.

Se fue Lenia
el mismo día en que los nudos de la sangre pujaban en la carne del bróder.

Se fueron Claudia y Maribel. Se fue Pavel
y la nieve cambió de color y los animales
escaparon del circo.

Se quiso ir Esteban y la sal le quemó el rostro.

Dianelis no llegó. Victor no llegó. Oscar no llegó.

Se fue Darina
y llegaron los mercaderes con sus varas de ahuyentar
a las moscas.

A Mónica la amordazaron en el Río.

A Yordanka le dieron dos tiros en la frente
en Belmopan, Belice.

Julio avisó antes de saltar en Little Rock, Arkansas.

Raymond cambió su máquina por una cuchilla
de afeitar en Temuco, Chile.

A Sara le tumbaron el corazón en Mendoza, Argentina.

Samuel vomitó su mezcal en Tijuana, México.

Palabra de Suicida
“Antes del Huracán”
EDICIONES SANTIAGO, Santiago de Cuba, 2012

Su legión de amigos eran sabandijas, yonquis de fiesta y tertulias alcohólicas. Durante los años 1992-1996, el Period Especial agobiaba a todos los cubanos, había necesidades extremas y apagones electricos que provocaban el tedio. Pero este peloton de jóvenes no se dejó matar. Se colaban en las instituciones culturales, ONG, en busca de diversión, cócteles, brindis, buffet, música y luz. Sabían arrancarle un peso a cualquiera, eran cultos, inteligentes y manipuladores.

“Fue una época loca”, recuerda Demian. “Apareció el crack, y el pitillo de mariguana lo podías conseguir por $5 pesos. Aquí vivieron unos extranjeros locos, el argentino guitarrista Diego Lanti, Keni, un cineasta americano, y una francesa lingüística, Estefani; estaban maravillados con Santiago. Hasta el Trio Enserie, de Villa Clara, se la pasó aquí un tiempo, componiendo y tocando”.

La situación fue mejorando en el año 1997. Unos recibían remesas del exterior, de los que se fueron en el 1994 cuando la crisis de los balseros. Otros pudieron montar negocios particulares, (antes era imposible, prohibido y penado). Algunos se graduaron en la universidad, y tuvieron que mostrar otras caras a los alumnos que ahora le impartían clases en las escuelas.

Julio Jiménez (42 años), escritor narrativo con tres libros publicados, es un amigo que aun queda aquí.

-Julio, ¿por qué metieron preso a Demian?

-Yo no fui al juicio, y tampoco pregunté mucho. Fue cuando él se graduó de Derecho, lo pusieron a trabajar como notario en algo de la agricultura, se puso de acuerdo con un campesino y vendieron unas tierras, algo así. Él no se buscó ni mil pesos con ese negocio. Dicen que se mostró indiferente en el juico, Échenme lo que ustedes quieran, le dijo al tribunal, y bueno, salió con 3 años –cuenta Julio.

-¿En que prisión estuvo?

-Una bicoca mijo, una granja de bajo perfil, allí cuidaba ovejas y criaba puercos. A cada rato Demian estaba en la calle, de pase –narró Jiménez.

Julio confiesa que ya no le es atractivo conversar con Demian. Sólo comparten juntos cuando vienen algunos de sus amigos emigrados. Pero es que Julio también ha cambiado, se ha vuelto un cuarentón refunfuñón, casi no sale de casa. Su esposa, Dariela, piensa que él añora la suerte de sus compañeros emigrantes.

Pero Demian dice, “afuera Julio no hubiera podido publicar sus libros, allá hubiese sido otro emigrante más”.

Voy y le cuento esto a Julio, entonces éste me dice, “¡Demian está loco! Siempre está llevando la contraria. ¡Ahora es comunista, habla bien todo el tiempo de Raúl Castro!”.

Regreso con Demian y le cuento el brete, entonces alega, “Raúl tiene una actitud positiva, lo que pasa es que asumió un país endeudado. La gente no se da cuenta, pero es que le debemos dinero a las 1 000 vírgenes”.

Cuesta trabajo ver a Demian en su nueva faceta, padre de la inquieta Violeta, esposo de la exigente Patricia, y atento por igual para con sus hijastros José Diego y Cecilia. ¿Cómo él sustenta esta familia, y paga un alquiler por ese espacio donde viven? Ahora Demian trabaja en Anonymous, una oficina por cuenta propia, que se dedica a los negocios de videos juegos, reparaciones de equipos electrodomésticos, celulares, y venta de demás accesorios. Aunque es un antro donde jamás se imaginó laborar, los beneficios económicos son buenos, muy por encima del salario habitual que devengan los trabajadores estatales. Allí, él se sacia platicando con los clientes sobre deportes, un tema que fascina a este tipo de gente que juega Playstation, y tratan de portar los móviles que poseen Ronaldo y Messi, sus cortes de cabellos, y tatuajes.

“Anonymous me obstina”, confiesa Demian entre cigarros y cigarros, y enormes tazas de café. Patricia es bióloga, sabe de lo que habla cuando le vaticina a su esposo un futuro cancerígeno por su exceso consumo de nicotina.

Hace más de dos años que Demian no escribe, que no diseña un cartel, que no se le ve por las tertulias bohemias, que mantiene una relación monógama. Los nuevos artistas y jóvenes no conocen su impronta, algunos jóvenes realizadores audiovisuales dicen de él sin importancia, ”¿Quién Demian Rabilero, él que hizo el cortometraje Temporal? Ah sí, ya sé quien es”.

-Demian, muchos dicen que estás frustrado. ¿Qué respondes a esto?

Demián Rabilero, Patricia Aportela y familia

Demián Rabilero, Patricia Aportela y familia

-Estoy en una etapa de mi vida diferente; en el proyecto CASA, necesito comprarme una casa, ya luego escribiré. No hay apuro. Me encuentro en un camino espiritual, buscando mi mayor deseo.

Y esto último cambia todo el enfoque.

En el 2011, Demian pasó un curso, un fin de semana, de La Ascension de los Ishayas. A la folklórica Santiago de Cuba arribaron varios maestros Ishayas provenientes de varias latitudes del planeta, Mexico, China Taipei, España, Nueva Zelanda. Estos maestros espirituales, de meditación como dicen algunos, de ascensión dicen otros, enseñan unas sencillas y octogenarias técnicas de ascensión, provenientes del Tibet, que permiten la sanación del cuerpo y el alma. Su impronta caló tan profundo en varios de los presentes, que con el tiempo, tres santiagueros cursaron maestrías en este campo y se convirtieron en los maestros, Chandrasara Ishaya, Baghaban Ishaya. Misticismo ó no, más de 500 santiagueros han tomado este camino espiritual, y los cursos impartidos por los maestros cubanos trasciende a otras ciudades del país.

Bajo este influjo fue que Demian se sometió al diseño gráfico, y salió bien parado, permitiéndole que algunas instituciones de Santiago le encargaran sendos trabajos, bien remunerados.

-Desde que medito he dejado de beber. Antes de ascender, yo siempre había tenido problemas para defecar, tenía Colitis, ahora cago como un bebé –confiesa Demian.

-¿Viste que sedado anda Demian? Está calmadito –dice medio en broma y medio en serio Baghaban Ishaya, un viejo amigo que vino al mundo con el nombre de Guillermo de la Rosa.

Es cierto que ya Demian no es tan arrogante como antes, tan venenoso, tan putañero y bebedor, tan parasito y vago. Por primera vez en su vida trabaja más de 8 horas al día. Es un padre de familia abnegado, un hijo comprensible, un vecino permisor, un amigo que brinda en vez de chupar. Puede que de vez en cuando él se cuestione si debió emigrar como sus viejos partenaires, ¿quién no se cuestiona las decisiones del pasado?

Tres libros de poesía, publicados, un cortometraje terminado, un premio de crítica cinematográfica, dos exposiciones de carteles, una familia sobre sus hombros. ¿Valió quedarse en Cuba, ó no?

Por: Emmanuel Martín Hernández