Últimamente, no hacemos más que encontrar un No por respuesta en lugar del Sí que dábamos por sentado.

Después del No británico a seguir en Europa, llega ahora este No colombiano a la firma de paz tras años de negociaciones.

Como si lo que se validara por arriba, finalmente no se asimilara por abajo. O lo que acordara la alta política se desvaneciera entre una muchedumbre que destroza las encuestas.

Así, resulta que las heridas zurcidas en las negociaciones no han cicatrizado carne adentro, donde todavía necesitan tiempo y antibióticos. Y así, cuando parece que todo está amarrado, chocamos con que se vota No a Europa, No al proceso de paz, No a la inmigración, No al acceso social a la medicina. Lo mismo en Inglaterra que en Colombia, en Hungría (en este caso sin validez por baja participación en el reciente referéndum xenófobo) que en Estados Unidos.

Algo falla en la correa de transmisión entre los acuerdos en la estratosfera de la política y sus confirmaciones a ras de suelo. Tal vez porque la política se ha convertido un circuito cerrado que sólo compite consigo misma y sólo tiene ojos para sí misma.

Here, there and everywhere.

El caso es que resulta difícil explicarse este “No” colombiano, salvo entre los que veían en la firma de la paz una rendición del Estado. (Como si el hecho de parar la muerte no fuera suficiente punto de partida para empezar cualquier cosa).

El No sigue en On. Aunque, y esto es lo curioso, no sirva para poner en Off a empresas de encuestas y medios de comunicación que nos aseguran, cada día, que vivimos en la realidad paralela del Sí.