Tania Bruguera / Foto: Cortesía del entrevistado

Tania Bruguera / Foto: Cortesía del entrevistado

Es 17 de diciembre de 2014 y Tania Bruguera se encuentra en el Vaticano, observando y escuchando, que es algo que suele hacer con bastante frecuencia, escuchar y observar con extrema atención lo que se dice y lo que pasa a su alrededor. Posee una inteligencia discreta y filosa.

Francisco I ofrece su misa pública de la semana, y Tania, que ha desarrollado desde el arte político una de las obras más potentes dentro de la instalación y el performance iberoamericano, está allí para entregarle al Papa argentino-tercermundista elementos de su campaña La dignidad no tiene nacionalidad, perteneciente a su último proyecto artístico, una plataforma de política pública llamada Movimiento Inmigrante Internacional.

En un tren de regreso a Venecia, donde participa en un festival de performance, Tania se entera de que, tras año y medio de negociaciones secretas, con el Papa justamente como uno de los intermediarios principales, Cuba y Estados Unidos acaban de restablecer relaciones diplomáticas. Y a Tania, al igual que a todos, la cabeza le da un vuelco.

–A mí me entró mucha ansiedad, miedo, esperanza, todo al mismo tiempo –dice–. Es una cosa que te separa el presente y el pasado. Y te preguntas: “¿ahora qué me toca hacer?, ¿qué puedo hacer con lo que estoy sintiendo?” Porque algo así también significa que cada cual tiene un rol nuevo, es como una redistribución de los contenidos, las antiguas metáforas adquieren otro sentido, todo se recontextualiza.

Fiel a su premisa de actuar siempre, aún desde la estupefacción, el 19 de diciembre Tania publica en Facebook una carta dirigida a Raúl Castro, y a partir de ahí surge la plataforma Yo También Exijo (YTE), compuesta por un grupo de amigos y colegas y de la que Tania será la vocera principal.

–Me resultó sospechoso que el gobierno vendiera la imagen de que todo el mundo estaba feliz con el acuerdo entre Cuba y Estados Unidos. El gobierno siempre se ha sentido dueño, y por tanto único vocero legítimo, de los sentimientos de sus ciudadanos. Como yo lo interpreté, la gente no estaba feliz. La gente estaba en shock, con alguna esperanza, cosa que no se había visto en muchos años, la esperanza de que algo podía cambiar, pero eso no es estar contento, eso es estar a la expectativa.

–¿Por qué decides actuar?

–El presidente de Cuba simplemente nos informa. Él ordena las nuevas resoluciones, no sabemos por cuáles presiones o intenciones, porque en Cuba no hay transparencia institucional. Y un presidente tiene el deber de navegar con su pueblo un proceso político, que es también un proceso emocional. Me parece tan violento decir que no se puede hacer algo como decir que ahora tienes que hacerlo, y más cuando las personas que autorizan son las mismas que antes prohibieron, sin reconocer en el proceso su responsabilidad.

Foto: Cortesía del entrevistado

Foto: Cortesía del entrevistado

Inmediatamente, Tania anuncia su intención de repetir en un sitio público, preferiblemente en la Plaza de la Revolución, el bastión simbólico del gobierno, su performance El susurro de Tatlin, que ya había presentado en la Bienal de La Habana de 2009 y que consistía en ceder un micrófono abierto durante un minuto a cada asistente a la obra dispuesto a decir lo que quisiera, sobre lo que quisiera, cómo lo quisiera, salvo llamados a la violencia de cualquier índole.

En su momento, El susurro de Tatlin provocó suficientes dolores de cabeza, por lo que la propuesta de retomarlo está muy lejos de ser bien recibida. Los mecanismos de propaganda política se ponen en marcha y durante los días siguientes varios blogs, revistas y medios de prensa online bajo el mando del gobierno comienzan a desacreditar a Tania, vendiéndola como un peón al servicio de intereses anexionistas o desestabilizadores.

Raúl Capote, por ejemplo, ex agente de la Seguridad del Estado devenido bloguero, escribe: “No buscan la paz, ni la libertad de expresión, buscan generar enfrentamientos, provocar confusión, desorden, en momentos en que la derecha fascista de Miami tiembla ante el fin de su hegemonía del terror, el tiempo corre contra ellos y el gran negocio de la guerra contra Cuba se les viene abajo.” Su intento de intervención política desde el arte es, de plano, interpretado como una acción política opositora per se.

El 26 de diciembre, proveniente de Europa, Tania llega al aeropuerto de La Habana, donde la recibe la policía política, que comienza a filmarla desde la entrada y a rastrear y fiscalizar cada uno de sus pasos. La campaña en su contra aumenta.

–En el momento en que las cosas están pasando no tienes tiempo para la vanidad ni para nada. Estás en el presente. Nunca había estado tan en el presente. Es un estado donde estás muy alerta, tratando de entender las consecuencias semánticas de lo que haces, cómo se interpreta. Estás tratando de evitar que te secuestren tu propia historia.

Comienza a expresarse un síntoma que va a marcar el resto de los acontecimientos. Pablo Helguera, Director de los Programas Académicos para Adultos en el MoMA en Nueva York, lo define: “En la segunda década del siglo veintiuno, es imposible pensar en una acción artística relevante que no sea en algún momento mediatizada –o, incluso, en la que el proceso de mediatización no sea parte de la obra en sí. La obra de Tania es justo aquello –una campaña, y todo lo que ocurra o no ocurra dentro de ella es parte de la obra. No es de sorprender por ello que el Estado haya caído dentro de ella como se cae dentro de un hoyo negro.”

Hay quien le señala haberse dejado secuestrar el performance por la disidencia política del país, grupos de activismo que no demoran en aliarse y solidarizarse, pero cuya alianza y solidaridad, debido a la infatigable represión a la que son sometidos por las fuerzas del orden y los aparatos ideológicos del poder, tensan aún más el ambiente.

Tania dice haber sentido que la obra fue utilizada en algún momento, entre todas esas fuerzas con sus historias previas, que no la incluyen, y que de repente descubren algo a lo que les interesa unirse o utilizar. Pero se dice, ante las acusaciones, que tanto en Europa como en Estados Unidos ella ha trabajado con activistas y disidentes que han utilizado su obra, y que por qué en su país no lo va a hacer.

El mismo 26 de diciembre, le envía una carta a Francisco I pidiéndole que se exprese sobre la movilidad y libertad de expresión en Cuba, y lo que sigue, en los próximos dos, tres días, es una batalla entre Tania y la burocracia cultural. Visita varios lugares, la Policía Municipal, la Policía Nacional, les pregunta a varios oficiales sobre los permisos correspondientes para realizar su obra y ninguno sabe responder. Hay un vacío legal que queda descubierto.

En dos reuniones que sostiene con Rubén del Valle, Presidente del Consejo Nacional de Artes Plásticas (CNAP), a Tania le proponen espacios alternativos, pero no la Plaza de la Revolución. La Plaza de la Revolución, en realidad, es parte consustancial de la obra, porque, bien mirado, el performance no es más que la Revolución misma. De eso se trata. Sin embargo, Tania acepta otras propuestas, como el Museo Nacional de Bellas Artes.

A punto de llegar a un acuerdo, después de largas horas de debate, Del Valle le dice que, como entidad, el Museo se arroga el derecho de admisión, quién participa y quién no, algo que Tania interpreta como la muerte misma de la obra. Ya había aceptado reducir la intervención del público de un tiempo ilimitado a noventa minutos, pero esto lo rechaza. Del Valle, entonces, da un carpetazo.

–Él me dice que ya eso es problema mío, que él se lava las manos y que no tiene nada que ver con lo que me pase legalmente. Pero después me doy cuenta de que ya él sabía lo que me iba a pasar.

Por su parte, Del Valle expresa en una entrevista: “Me parecía imprescindible (…) encontrar una solución colegiada, constructiva, de posibles alternativas a su necesidad indagadora pero despejada de un contexto de segura manipulación desde la política. Ella buscaba encontrarse y dialogar con el cubano de a pie, haciendo mucho énfasis en el estereotipo de que el cubano tiene miedo a expresarse (…) Le sugerí la posibilidad de organizar su proyecto en fábricas, en universidades, en la parada de la guagua o en el agromercado. Ninguna de estas propuestas fue aceptada.”

Finalmente Tania –quien insiste en que varios de esos espacios alternativos los había propuesto el mismo proyecto YTE, pero que no podía aceptar las prerrogativas estatales de posponer la obra cinco años y realizarla en conjunto– decide que la Plaza es el lugar, porque le parece importante emprender una acción que refleje la necesidad de una ley, a la que más adelante le añadirá un postulado contra el odio político, que les permita a los cubanos el acceso y el derecho de apropiación de sus espacios públicos. En este punto, algunos acotan que la verdadera resemantización de la Plaza hubiese sido dejarla vacía. No cargarle un gesto, un alarido más. Pero para ella, dice, se convirtió en la Plaza de la Censura.

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Tania Bruguera es gruesa, piel blanca. La boca y los ojos pequeños. Una sonrisa que apenas desenfunda pero que, cuando lo hace, delata la verdadera edad juvenil de su rostro. El resto del tiempo, Tania es cerebral, pero no fría, desprovista de artificios, fiel a sus cuarenta y ocho años.

Creció con sus padres en un apartamento del edificio Altamira, en el Vedado, y luego, para cuidar a sus abuelos, se mudó a su casa actual, en la calle Tejadillo, Habana Vieja. Su padre, Miguel Brugueras, fue miembro de la clandestinidad contra la dictadura de Batista y un prestigioso diplomático después de 1959, hombre de confianza del alto mando de la Revolución.

Ni siquiera su familia supo en realidad a qué se dedicó Miguel Brugueras en sus viajes por el mundo, y, según Tania, su padre nunca hablaba. Ya en su juventud, como una especie de reacción parricida contra Miguel, Tania decidió suprimir la letra final de su apellido y con ella cualquier posible herencia material o simbólica. Fue su primer acto de ruptura política.

Entre 1980 y 1983, estudió en la Escuela Elemental de Artes Plásticas de La Habana. Luego matriculó en la Escuela de Artes Plásticas de San Alejandro, donde estudió hasta 1987, y en 1992 se graduó de pintura en el Instituto Superior de Arte (ISA), también en La Habana. Eran tiempos de quiebre dentro del movimiento artístico cubano.

El ensayista e intelectual cubano Rafael Rojas dice: “Entre los años 80 y 90, una generación de artistas plásticos renovó la vida cultural cubana. Una generación que, en medio de la pertenencia al bloque soviético, estaba al tanto de las corrientes más rupturistas del arte occidental e intentaba asimilarlas y adaptarlas al contexto cubano. Una de las artistas emblemáticas de ese tránsito es Tania Bruguera.”

Presente en Cuba sobre todo como profesora del ISA y a través de su reconocida cátedra Arte de Conducta, creada en 2002, en el transcurso de las dos décadas siguientes Tania labró una poderosa carrera internacional y merecida fama de artista incómoda. Escarbó en temas como los derechos de los migrantes, el uso de las armas, las drogas en Colombia o la violencia fronteriza en México. Fue profesora en la Universidad de Chicago y en la Escuela Nacional Superior de Bellas Artes (ENSBA) de París. Obtuvo reconocimientos como la Beca Guggenheim o el Premio Príncipe Claus.

Sin embargo, en la Navidad de 2014 todo esto se volvía un tanto vaporoso. Y por una razón.

–Era la primera vez que Tania hacía un proyecto con un origen específicamente político referido a Cuba –dice Clara Astiasarán, crítica de arte, curadora, y miembro de YTE–. Su obra es política, pero esta vez ella estaba interpelando directamente al presidente del país respecto a una decisión de política exterior que ha sido definitiva en la construcción de la nación cubana en los últimos sesenta años. La idea del antimperialismo.

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En la tarde noche del 29 de diciembre, después de tres días de reuniones, gestiones y un total de ocho horas en la oficina de Rubén del Valle, Tania siente temor por primera vez. Sale a caminar por La Habana, un tanto desconcertada. El performance se ha anunciado para el día 30 a las tres de la tarde, pero ya algunos amigos le han advertido que no la dejarán llegar.

Baraja posibles estratagemas: dormir en alguna casa ajena, disfrazarse de homeless y aparecerse de pronto en la Plaza, vagar por la ciudad y perderse hasta la hora programada. Pero ella, se dice, no tiene que actuar como una delincuente, por lo que sigue para la casa de su madre en el Vedado. Comienza de nuevo a llamar por teléfono, invita a artistas, a amigos, intenta imprimirle a la situación un flujo normal, como a cualquiera de sus otras exhibiciones.

Tania cree que todavía está en manos del Ministerio de Cultura, pero a esas alturas ya la Seguridad del Estado escucha cada una de sus conversaciones. Héctor Antón, prestigioso crítico de arte, recuerda que “contra el libretazo temerario, la artista cubana (…) obligó a que los voceros de las artes plásticas se lavaran las manos, para delegar responsabilidades en los mecanismos superiores de búsqueda y captura humana.”

A las cinco y media de la madrugada del 30 de diciembre, le tocan a la puerta, y por el balcón Tania observa todo el movimiento de la policía política alrededor del edificio. Convencida, finalmente, de lo que va a sobrevenir, Tania se sienta con su madre y su tía de noventa y cuatro años y les dice que, pase lo que pase, se mantengan tranquilas. Pero no es hasta el mediodía que –después de imaginarse las posibles reacciones de los que estarían presentes en la Plaza en su ausencia, y con el temor de que se desatara algún hecho violento– Tania decide quitarse los aretes, los lentes, el anillo, y abrir la puerta. No ve a nadie. Llama y un par de oficiales aparecen. Tania ya ha intentado comunicarse con su hermana en Italia, para pedirle que anuncie la suspensión del performance, pero ETECSA, la empresa de Telecomunicaciones, le ha cortado el servicio del teléfono fijo y del celular.

A Tania le levantan tres cargos, y uno de ellos es resistencia a la policía, que luego tienen que retirar porque en realidad Tania nunca se resiste a la detención. Le retienen su pasaporte cubano, el único, la acusan de desacato y de incitación al desorden público, y la conducen al primero de más de treinta interrogatorios. La maquinaria kafkiana ya ha echado a andar.

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Foto: Cortesía del entrevistado

Foto: Cortesía del entrevistado

A las tres de la tarde, la Plaza de la Revolución es el ojo del huracán, un sitio en calma absoluta, casi bucólico. Nadie creería que esto, que es nada, es el centro de algo tan turbulento. El contraste es tragicómico. Hay prensa extranjera acreditada, algunas cámaras montadas en trípodes, y los imponentes símbolos de siempre: el monumento y la estatua de José Martí, la silueta del Che Guevara incrustada en la pared frontal del Consejo de Estado, la silueta de Camilo Cienfuegos sobre el fondo del Ministerio de Comunicaciones, la Biblioteca y el Teatro Nacional.

Hay además decenas de curiosos repartidos en grupillos, esperando la llegada de Tania, vigilando cada uno de las bocacalles, intentando dilucidar, por la vestimenta, quién es un agente infiltrado y quién no. Por la Avenida Boyeros pasan autos y ómnibus con la misma rigurosa normalidad de siempre. Una hora después, los presentes se empiezan a marchar de a poco.

Los estropicios, el desastre, ocurren alrededor. Unos días antes, en el marco de desacato que se respiraba, el grafitero Danilo Maldonado, alias El Sexto, había pintado en el lomo de dos cerdos los nombres de Fidel y Raúl y cuando intentaba soltarlos a la calle lo detuvieron y encarcelaron. A la detención de Tania, quien es conducida para la estación de policía de Diez de Octubre y Acosta, se suma la de varios activistas y figuras connotadas de la disidencia política, algunos de los cuales ni siquiera tenían intenciones de participar en la obra.

Como telón de fondo, ese mismo día, la declaración oficial del CNAP: “Según las actuales circunstancias, resulta inaceptable la realización de este pretendido performance en el simbólico espacio de la Plaza de la Revolución, especialmente teniendo en cuenta la amplia cobertura mediática y la manipulación que ha tenido en los medios difusores de la contrarrevolución.”

En la estación de policía, a Tania le ordenan cambiarse de ropa para vestirla con el uniforme de prisionera y la encierran en un calabozo con una mujer que, al parecer, han plantado, porque constantemente le suelta preguntas sobre los disidentes.

–En ese momento –dice Tania– aprendí que la injusticia tiene una manifestación física no es un mero concepto. Dejé de comer, no porque fuera valiente, sino porque creía que era injusto lo que me estaban haciendo y esa era la única manera de comunicarlo.

La interrogan varios oficiales, algunos más persuasivos y otros más violentos. Luego la pasan a una especie de psicólogo, quien comienza a hacerle preguntas que Tania considera estúpidas, y que no sabe si se las hacen para desesperarla o para dejar el tiempo correr. ¿Qué programas de televisión ve? Cosas de ese tipo.

De vuelta a la celda, renuente a conversar, se acuesta y trata de dormir un rato, aunque no sabe la hora, porque el calabozo no tiene ventanas. El 31 de diciembre la liberan y, al enterarse de que algunos líderes de la disidencia aún permanecen presos, se dirige al monumento El Maine, en el Malecón, para llamar nuevamente a la Plaza. La vuelven a detener. La prensa internacional, por su parte, denuncia enérgicamente la violación de derechos a la que Tania es sometida.

–Esa segunda vez también había una mujer que parecía plantada para vigilarme –dice–. Yo no quería hablar con nadie, y ella se mantuvo más bien callada y cortés. No hablamos de nada sólo me preguntaba si iba a comer y yo le decía que no. Se puso a peinarse y terminé haciéndole las trenzas, sin hablar de nada.

Hay tres oficiales de la seguridad del Estado que se turnan, encargados de interrogarla, y a los que Tania ya empieza a conocer. La agente Andrea, el agente Javier y Kenia, la instructora de su caso. Andrea es más joven e inexperta. Javier parece más experimentado, alguien que maneja mucha información del arte cubano de los 80, que conoce la trayectoria artística de Tania a pie juntillas y que, incluso, intenta manipularla sentimentalmente con la memoria de su padre. Pero es con Kenia con quien Tania entabla, a través de los interrogatorios, una relación más sistemática.

–Kenia tiene algo interesante, y es que aparenta ser honesta. No sé si lo es. En los interrogatorios nada es lo que es. Ella era la única de los tres agentes que hablaba cosas personales, de su familia, su mamá, sus relaciones de pareja, mezclada con arengas revolucionarias y discusiones de principios y de ética. Esa era su técnica.

Horas antes de Año Nuevo, debido a la influencia ejercida desde el exterior por influyentes medios de prensa, la vuelven a liberar. Tania va a recibir el 2015 con una causa abierta, sin pasaporte, y con la advertencia de que no puede salir de la ciudad. Dice Pablo Helguera: “El performance, de hecho, no fue aquello que no ocurrió en la Plaza de la Revolución, sino el episodio de histeria y prepotencia de las autoridades cubanas (…) Cuba vive en la histeria de la manipulación de mensaje, y cualquier persona –artista o no– que llegue a romper ese equilibrio será por supuesto visto con terror e indignación.”

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En un texto que causa encendida polémica, y que es uno de los pocos casos en que algún artista o crítico se atrevió públicamente a cuestionar la obra de Tania, (no estaban ni están dispuestos a hacerles el juego al Estado, alegan) Lázaro Saavedra, Premio Nacional de Artes Plásticas, dice: “Como sucedió con El Susurro de Tatlin en el 2009, Tania se irá de Cuba con otro “gol” para su currículo artístico, con miles de anécdotas, será criticada y también celebrada por su osadía y valentía en redes sociales reales y digitales, algún que otro crítico o curador la incluirá oportunamente en textos sobre arte contemporáneo, curadurías, etc. En este país quedarán miles de cubanos luchando por los derechos civiles, y como siempre desde fuera habrá cientos o miles empujándolos: el que empuja no se da golpes.”

Y también: “Si en un lado de la balanza ponemos algún modesto aporte de YTE a la lucha de los derechos civiles en Cuba y del otro a YTE en sí, tenemos más de provocación con YTE de Tania Bruguera que algún logro o avance en materia de derechos civiles que no sea el hecho archiconocido, confirmado y repetido una y otra vez: el gobierno no acepta abrir los micrófonos y que se escuchen todas las voces.”

Ese es justamente uno de los puntos que algunos entendidos, de haber podido expresarse en un marco menos drástico, sin detenciones ni atropellos, habrían tocado: el tema del arte político que trabaja con la sociedad pero se recompensa fuera de ella, el empoderamiento curricular en un proyecto que debe ser todo desprendimiento. De haber llevado a cabo la obra dentro de un museo, dicen, Tania podía haber puesto en jaque a los dirigentes de la cultura. Pero fuera del museo, por una parte, mantuvo intocado el ámbito de la cultura, no lo removió, y, por la otra, la obra fue insustancial desde el punto de vista político: tuvo escasa recepción pública.

Volvamos con Saavedra: “Realmente lo interesante (y por supuesto lo menos fácil), para ser consecuente con los objetivos, hubiera sido haber creado a través del arte, o el aRtivismo, una estrategia efectiva y real de “abrir los micrófonos” para que escucharan “todas la voces”. Es decir, Tania debió haber encontrado una vía inteligente, evadiendo la censura o estructuras formales de control social, buscando, creando (para eso es una creadora) una zona temporalmente autónoma (TAZ) donde se hiciera posible “abrir los micrófonos” para que se escucharan “todas las voces”. Pero fracasó en su intento, las voces siguen esperando ser escuchadas.”

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El 2 de enero de 2015 más de dos mil personalidades internacionales de la cultura comienzan a pedir la devolución de los documentos de Tania, luego de que la artista fuera detenida por tercera vez en setenta y dos horas. El 5 de enero, a través de una carta al Viceministro de Cultura Fernando Rojas, Tania devuelve la Orden por la Cultura Nacional y su membresía de la Unión de Escritores y Artistas (UNEAC). Dos semanas después, le informan que su caso es el NO. 25 del 2015.

Durante ese mes, se suceden las citaciones y los interrogatorios. Tania tiene que presentarse en la estación de policía de 21 y C, en el Vedado, donde la montan en un carro, la pasean por la ciudad y la llevan a casas de interrogatorios cuya dirección no sabría reconocer, salvo una casa específica en el municipio Playa, muy cerca del ISA. Algunos conocidos le cuestionan su continua disposición para asistir a los interrogatorios.

–Para que la obra funcionara –dice– tenía que seguir la ley, porque la obra, que era sobre la tolerancia, en ese punto también debía mostrar los mecanismos de control del sistema y las contradicciones legales en las que se vive en Cuba.

A fines de enero, YTE escribe una carta a Raúl Castro y a María Esther Reus González, Ministra de Justicia, exigiéndoles descriminalizar la libertad de expresión y retirar los cargos contra Tania. Como respuesta, la instructora Kenia le informa a Tania que el Fiscal no ha tomado una decisión sobre su caso y que deberá esperar sesenta días.

Durante los meses siguientes, la solidaridad internacional aumenta. Tania, invitada desde antes a distintas bienales alrededor del mundo, no puede asistir. Mientras, va publicando en las redes sociales una suerte de crónicas sobre estas experiencias inéditas. El 28 de abril de 2015, en Los ojos del poder, escribe: “Por cuatro meses he mirado a los ojos del poder y he resistido su mirada, entrando en un viaje en el que he tenido acceso a otra Cuba, una Cuba reservada para los que reclaman sus derechos a la libre expresión. Hoy estoy en una Cuba que no verán los turistas, ni tendrán acceso a ella los hombres de negocio cuando calculen los riesgos de su inversión en la Isla, ni serán testigo de ella los artistas que vengan a la Bienal de La Habana porque estarán a salvo en la burbuja del mundo del arte.”

El 20 de mayo, justamente en el marco de la Bienal de La Habana, Tania propone en su casa de la Habana Vieja una lectura pública y continua de Los orígenes del totalitarismo, de Hanna Arendt, un hecho que puede ser catalogado como el germen del Instituto de Artivismo Hanna Arendt. Que en realidad es, aunque para Tania el performance tiene muchos finales y, de hecho, es probable que aún no haya terminado, el verdadero colofón de la obra.

–A mí esta obra me parece muy lograda porque probé varias teorías que tenía sobre el arte político, las había escrito, las había dicho en conferencias, las había hecho por separadas en una obra u otra, pero aquí se manifiestan de una forma muy clara. Por ejemplo, un concepto que está presente es lo que llamo hacer obra para un momento político específico, es decir, cuando las obras responden no al deseo personal, íntimo del artista, sino a las condiciones políticas donde se va a desarrollar. Eso se vio muy claramente. Lo otro que formaba parte integral de esta obra es la investigación que he llevado por más de veinte años sobre los límites entre arte-vida, la creación de momentos en los que esos límites te llevan a la pregunta muy fructífera de que si es arte o no a lo que estás expuesto. Y finalmente el concepto de arte de conducta en el cual la obra se completa con la reacción de los espectadores, la conducta se convierte en un generador de contenido y de sentido y por lo tanto no hay, digamos, una respuesta correcta, sino una respuesta honesta ante la obra.

El 29 de junio de 2015, después de una extenuante y dilatada confrontación burocrática, en la que Tania exige una solución permanente, la Fiscalía le informa que ha dictado el sobreseimiento del caso. En julio le entregan el pasaporte y el 21 de agosto, tras participar en varias marchas de las Damas de Blanco, uno de los grupos emblemáticos de la disidencia, donde incluso llega a ser agredida físicamente por las fuerzas del orden, Tania sale finalmente de Cuba.

–El proyecto fue exitoso en su momento por dos cosas –dice Clara Astiasarán–. Llevó pactos del mundo más creativo al campo de la política e hizo constatable el ejercicio de soberanía, la independencia política e ideológica de cualquier agenda preexistente.

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Después de meses de minuciosa organización en el extranjero, a través del equipo de YTE, el 8 de abril de 2016 nace oficialmente INSTAR, a partir de una recaudación en la plataforma Kicstarter superior a los 100 mil dólares, gracias a novecientos donantes. Tania declara: “La motivación principal del Instituto de Artivismo Hannah Arendt (INSTAR) es que el futuro de Cuba esté en manos de los cubanos, no podemos esperar a que todo esté decidido por los políticos, no queremos esperar a que todo sea irreversible para salir a pedir nuestros derechos. El momento de intervenir como ciudadanos en el futuro de Cuba por medio del arte y el activismo es ahora”.

Un mes después, Tania regresa a Cuba, y ya desde el aeropuerto la interrogan. Su casa de la Habana Vieja es ahora la sede del Instituto: Tejadillo No. 214 bajos. Se espera que INSTAR sea una prolongación, mucho más potente y plural, de lo que la obra misma de Tania ha propuesto: la educación cívica de la sociedad civil cubana y su puesta en funcionamiento dentro de la esfera pública.

–En este momento de sentimientos encontrados, de falta de recursos ciudadanos para cambiar el estado de cosas, cuando hay que recuperar el espacio público como espacio cívico y no de propaganda, donde prima la falta de transparencia y de tolerancia institucional, cuando el gobierno se empecina en simplificar las cosas como buenas o malas, me gustaría compartir con otros la construcción de conceptos y emociones complejas como, por ejemplo, perdonar.

Seis meses después, en octubre, INSTAR emprende sus dos primeras acciones concretas. A través de un video, Tania pide que “aprovechemos las elecciones de 2018 para cambiar la cultura del miedo, la cultura de la doble moral”, y termina, en un reto audaz, postulándose ella misma para presidenta. Pocos días después, INSTAR dona diez mil dólares de sus fondos para las damnificados del huracán Matthew, un huracán categoría 4 que acaba de arrasar en la provincia de Guantánamo, probablemente la más pobre del país.

En determinadas coyunturas, el Estado cubano ha terminado permitiendo un arte medianamente crítico, pero con muy poca resonancia social. Autoriza, en cierta medida, que lo evidencien o que coqueteen con la evidencia, pero no que lo transformen. ¿Quedó Tania constreñida dentro de esos márgenes o ha logrado transgredirlos?

Hay algo en todo esto que es como la sonrisa del gato de Cheshire.