Alfonso Reyes elegía la vida, antes que la literatura, pero se autorretrataba como una persona irremediablemente torpe, que trastabillaba al dar cuerda a su Kodak o al calcular la cantidad precisa de carne y grasa que debía tener el jamón.

Reyes elegía la vida, antes que la literatura, pero se autorretrataba como una persona irremediablemente torpe, que trastabillaba al dar cuerda a su Kodak o al calcular la cantidad precisa de carne y grasa que debía tener el jamón / Foto: Literal Magazine

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