El embajador de Panamá en Cuba, Max López, alertó sobre estafas por cientos de dólares / Foto: Yoe Suárez

Nadie estaba preparado. Desde octubre, la habilitación de la tarjeta de turismo para cubanos interesados en hacer “turismo de compras” en Panamá desató un alud de envíos y ventas millonarias en la Zona Libre de Colón (ZLC).

Apenas por 20 CUC, y cubriendo una estancia de 30 días, el también llamado carnet de compras fue puesto en circulación por el presidente istmeño, Juan Carlos Valera. Los “consulados están saturados —afirmó el mandatario, según trascendió en la prensa—, por lo que decidimos flexibilizar la política con Cuba”.

Los comerciantes beneficiados con la nueva modalidad de viajes van desde cuentapropistas, quienes solo deben presentar el carné que los acredita como tal, hasta cualquier otra persona que haya viajado al menos una vez al extranjero.

La isla era, junto a República Dominicana, China, India y Venezuela, uno de los pocos países a los que Panamá exigía visado. Pero la buena voluntad panameña no es gratuita: The Havana Consulting Group, de Miami, estima que en 2017 los emprendedores cubanos invirtieron fuera de la isla en la compra de productos (incluido vuelos y alojamientos), así como en bienes raíces y otros negocios menores, cerca de dos mil 390 millones de dólares. Esto es, nueve veces más que el capital extranjero invertido ese mismo año en la Zona Especial de Desarrollo del Mariel, y asimismo más del doble de la inversión total en cinco años de explotación del enclave portuario.

Embajada en La Habana

Las filas, ya antes extensas frente a la embajada panameña en La Habana, han crecido. El parque de 5ta Avenida y calle 24, frente a la sede diplomática, se llena desde la madrugada de solicitantes que esperan conseguir su tarjeta de turismo.

La multitud es tal que el Ministerio del Interior comisionó oficiales de la policía para que organicen a los solicitantes y eviten disturbios. Antes de que en octubre se diera la opción de la tarjeta de turismo, la demanda era “altísima”, dijo al diario Miami Herald el director general de Migración de Panamá, Javier Carrillo, y las 50 citas diarias que atendían eran insuficientes.

“Actualmente, la capacidad de procesar documentos de la embajada es de 80 al día”, según Luis Duque, oficial de Migración de Panamá. En un diálogo, a inicios de este mes, con ciudadanos cubanos aglomerados fuera de la sede diplomática, el funcionario explicó que desde que la tarjeta de turismo salió como opción están procesando más de 130 solicitudes diarias.

En el mes de noviembre se produjeron cambios en las rutinas de la representación panameña en La Habana. Los horarios de los funcionarios se han extendido, a veces, hasta las siete de la noche.

Aun así, resulta insuficiente. Si bien Panamá exige a los cubanos solicitar la tarjeta dos días antes de la fecha del boleto aéreo, hace semanas que su embajada en la isla es incapaz de procesar más que las de aquellos ciudadanos que viajan al día siguiente.

“Yo he venido desde el oriente del país”, asegura, molesta, Ileana Gómez, una joven bayamesa. Acaba de recibir una mala noticia: no atenderán al grupo de personas que viajarán en dos días, solo a quienes lo harán mañana.

“No tengo familia en La Habana, así que debo quedarme alquilada una noche. Los precios acá son altos —dice—. Todo eso es pérdida para mi negocio, porque uno empieza a invertir no cuando compra la mercancía en la Zona Libre, sino desde que paga un  pasaje en guagua hasta la capital o se gasta 30 dólares en un alquiler, el transporte y la comida del día”.

Como Ileana, decenas de cubanos rumian su frustración en el parque de 5ta y 24. Otros se desesperan y recurren a “tramitadores” de documentación.

El embajador de Panamá, Max López, abrió la reja de la sede diplomática el 26 de noviembre para alertar a los cubanos presentes sobre la existencia de estafadores que se dicen capaces de conseguir desde turnos para entrevistas hasta visas.

“Se anuncian por Revolico.com”, dijo el funcionario en referencia a la web de anuncios más popular en Cuba. “A mí han llegado personas llorando, porque las han estafado por cientos y miles de dólares”.

Aunque la mayor parte de los ciudadanos que viajan a Panamá lo hacen para comprar y retornar a la isla, el Instituto Nacional de Migración señaló que en 2018 Cuba fue el país con mayor número de migrantes irregulares detenidos. 

 

En 2017 los emprendedores cubanos invirtieron cerca de 2 mil 390 millones de dólares / Foto: Yoe Suárez

Avalancha de cubanos y crisis diplomática con Brasil afectan envíos 

El vuelo de Copa Airlines gira en U sobre el Pacífico y deja ver la cinta costera de Ciudad Panamá. Ese surco de rascacielos es un área ajena para la mayoría de los cubanos que viajan al país centroamericano.

Algunos de los sitios más visitados en la capital son el Mall de Albrook y El Machetazo, con productos para el hogar y ropa que se venderán en la red clandestina de tiendas en Cuba por tres o cuatro veces su costo original.

En la costa caribeña está la ciudad de Colón, famosa por la Zona Libre, espacio de exención fiscal para productos de toda clase que pasan por el Canal de Panamá. Ese es el sitio favorito de cientos de comerciantes cubanos, especialmente por la posibilidad de hacer importaciones por mar y aire hasta la isla.

En 2010 viajaron seis mil cubanos a Panamá; en 2017, el año del boom más de 71 mil 700. Refrigeradores, lavadoras, splits, motos eléctricas. La ronda de grandes equipos llena las bodegas de la ZLC. Los “tapones” en los envíos desde el istmo son ya habituales.

Orly Benavides, un espirituano que viaja a Colón mensualmente para importar ropa y piezas de autos, así lo confirma. “Los bultos que mando como ´equipaje no acompañado´ demoran un promedio de seis meses o más por barco”, comenta. “Por avión es más caro, pero llega en tres o cuatro semanas. Aunque ya estoy notando que cada mes demoran un poco más por la cantidad de gente que está mandando a Cuba”.

Desde que hace una década dejó su empleo como ingeniero en una empresa estatal. Orly ha viajado a Guyana, México y República Dominicana, siempre con la intención de comprar artículos en esos mercados, para revenderlos en la isla.

En ese mismo negocio está Teresa Linares. Aunque con menos experiencia que Orly, también ha notado, a lo largo de 2018, un incremento en los tiempos que demora un envío desde la ZLC hacia La Habana. Dice, apocalíptica, que por eso vino este año, que cada día que pasa “la cosa va a ponerse peor”.

“Imagino que en algún momento las importadoras que tramitan bultos para Cuba colapsen”, grita sobre el murmullo de autos y gentes en la ZLC, mientras mastica un trozo de carne, “porque realmente los empresarios no estaban preparados para esta cantidad de encargos”.

En noviembre, el presidente electo de Brasil, Jair Bolsonaro, exigió a La Habana no se quedara con el 75 por ciento del salario que su país pagaba a los especialistas cubanos en el programa Más Médicos. La respuesta ha sido retirar a miles de doctores que operaban en zonas intrincadas del país suramericano, y por cuyo trabajo el Estado cubano ingresaba millones de dólares anuales a sus arcas.

Comenzó entonces un pulso político en el que Bolsonaro reclamó que el gobierno de la isla corriera con todos los costos logísticos de la retirada. Así, de acuerdo con empresarios cubanos que operan en la ZLC, la crisis por el repliegue de Más Médicos afecta directamente los envíos a la isla.

“Se atrasan aún más porque Cubana de Aviación ha redestinado la mayoría de su flota de carga hacia Brasil para sacar a los médicos y sus pertenencias de allí”, explica Roberto, directivo de la importadora-exportadora BLS Trader S.A. “Si hace dos meses atrás la mercancía llegaba en 20 días, ahora demora mes y medio”, dice el cubano residente en Panamá.

A esto se suma un detalle confirmado por fuentes del Instituto de Aeronáutica Civil de Cuba: hace tres semanas el aeropuerto de La Habana no tiene suficientes parles de madera para almacenar los bultos.

“Ellos tampoco estaban preparados para esto”, dice Teresa, “pero que le pase a una institución cubana no es novedad”.

Juegos sucios en la Zona Libre

Calles con trancones de autos, edificios llenos de tiendas y almacenes, puestos de comida donde los comerciantes se alimentan y se muestran unos a otros la buena compra que han hecho. La ZLC es una ciudad de horario estricto: vive apenas entre siete de la mañana y cinco de la tarde.

En la avenida José D. Bazán (o simplemente la 18) pululan negocios enfocados en el comercio con cubanos. Al menos una docena de tiendas de diversos productos, especialmente de ropa y motos (Único, Águila, Mishouzuki) pintan en sus fachadas banderas de la isla.

“Ahora mismo la mayoría de esas tiendas no están ofreciendo importaciones hacia Cuba”, explica Amílcar Ruiz, cuentapropista matancero que viene por primera vez a Colón. “Ninguna de ellas estaba preparada para recibirnos”, contesta entre indignado y dolido. Siente que perdió el dinero del viaje.

Sin chance de importar, poco podrá llevarse a su ciudad: zapatos, ropa… “Cosas con las que no se puede recuperar mucho, al contrario de los electrodomésticos, que dejan buenas ganancias”.

AB Forward, una de las importadoras más confiables para los cubanos, anunció desde mediados de noviembre que agotó su capacidad. Otras, como Globestar, aprovechan la poca disponibilidad para subir los costos de la carga aérea, o presionan a los compradores para que solo adquieran bienes que ellos mismos venden.

“Antes tú ibas a cualquiera de esas empresas, llevabas una moto comprada en otro lugar y te la mandaban a Cuba”, cuenta la habanera Alexa Ugarte. “Ahora solo importan lo que compres con ellos. Entonces, ¿y si no tienen lo que estás buscando, o si lo tienen, pero más caro que en otro lugar?”

Algunas entidades en Colón acorralan a los consumidores, pero ese no es el único rejuego al interior de la ZLC. De acuerdo con empresarios consultados y que pidieron anonimato, una ley no escrita exige que los precios de ciertos productos se muevan dentro de un rango similar para todas las empresas. Quien se salga de ese pacto tácito mediante rebajas es considerado un “jugador sucio”.

El contraste de testimonios y facturas en diciembre de 2018 reveló que la importadora-exportadora BLS Trader S.A., por ejemplo, declara que ofrece motos eléctricas marca Águila (con batería de gel) a 850 dólares, cuando en verdad lo hace a 750.

“Con esa sobrefacturación quedan en paz con los competidores en la ZLC al hacerlos creer que venden respetando el ´pacto´, y por detrás del tapete sus productos salen más rápido de la bodega pues aumenta la clientela”, explicó un empresario que prefirió no se citara su nombre.

Para los consumidores se trata de “competitividad”. “A mí me da igual”, dijo un cliente que mostró su facturación de BLS Trader SA, “mientras me ahorre dinero le compro a esta agencia siempre”. Del mismo modo piensan otros cuatro compradores a cuyos testimonios y facturas se accedió para este reportaje.

De cualquier modo, Panamá continúa siendo un mercado ideal para los cubanos, si se compara con otros puntos habituales en la región. A diferencia de Guyana, se comparte el idioma. Hay mayor seguridad que en México. Los precios son mejores que en Haití o República Dominicana.

Luce como el Paraíso, pero ¿hasta cuándo?

En la avenida José D. Bazán (Panamá) abundan los negocios enfocados en el comercio con cubanos / Foto: Yoe Suárezcip