En la práctica trabaja para la única telefónica del país, aunque no a efectos legales. No hay un contrato entre las partes y, de hecho, nadie en la Empresa de Telecomunicaciones de Cuba S.A. (Etecsa) conoce a esta joven de 26 años que llamaremos Sofía*.

Etecsa es el monopolio que controla en la isla las conexiones por datos móviles y Wi-Fi, las llamadas y las mensajerías de texto y de voz, la fibra óptica y, en general, todos los servicios públicos de telecomunicaciones, supuestamente, hasta que expire una concesión del gobierno cubano. Quizá Sofía envejezca antes de que eso ocurra y, mientras tanto, dos veces al mes, aprovecha la omnipresencia de Etecsa para recargar el servicio de telefonía celular a todos aquellos usuarios que acudan a ella. De este modo gana lo suficiente para costear la renta de su apartamento en el municipio habanero de Diez de Octubre.

La muchacha no conoce mucho más acerca de las lógicas de la compañía. Tampoco sabe a ciencia cierta a dónde va a parar el dinero que recaudan ella y otros muchos «recargadores». No tiene claro si Etecsa es militar o civil, aunque sospecha que la maneja el todopoderoso Grupo de Administración Empresarial (Gaesa) de las Fuerzas Armadas Revolucionarias.

Lo que imagina Sofía no está nada lejos de la realidad. El entramado de entidades accionistas de Etecsa está mucho más vinculado a los militares cubanos de lo que habitualmente se reconoce en los medios oficiales de la isla. Asimismo, esa red empresarial se teje y se ciñe estratégicamente más allá de la propia telefónica. En junio de 2013, dos tenedores de títulos accionarios en Etecsa como Utisa y Rafin S.A. hicieron negocios. La primera traspasó gratuitamente a la segunda 99 acciones (por valor de 99 mil dólares) de otras dos empresas tecnológicas cubanas: Proveedora de Informática y Telecomunicaciones, y Servicios de Informática y Telecomunicaciones.

Según ICEX, empresa pública que promueve las exportaciones de España, uno de los principales socios comerciales de Cuba, Rafin S.A. es la casa financiera de Gaesa y de las Fuerzas Armadas. Desde su creación en 1997, el gobierno cubano la presenta oficialmente como una entidad financiera no bancaria. Este tipo de sociedades suele dedicarse a conseguir fondos de forma directa o indirecta y prestarlos a sus clientes para que estos puedan, por ejemplo, exportar, importar, invertir… No obstante, la empresa cubana está facultada además para «participar en compraventas de valores por cuenta de sus clientes».

En 2011, Rafin S.A. pagó 500 millones de dólares a la compañía italiana STET, dueña hasta entonces de un 27 por ciento de Etecsa. Como en aquel momento esas acciones se valoraron en 706 millones, la diferencia tendría que saldarse en 36 pagos mensuales. Rafin S.A. se convertía en la segunda titular con mayor peso dentro de la distribución accionaria de la compañía telefónica cubana.

«Así, por primera vez Cuba tiene el control total de la empresa de telecomunicaciones desde su creación en 1993», publicó la prensa estatal.

Utisa, la tercera accionista de Etecsa, está asentada en Panamá desde el 23 de mayo 1985, bajo la Ley 32 de 1927 «Sobre Sociedades Anónimas», y cuenta con un capital social de cien mil dólares. Si bien habría cedido sus partes respectivas en otras dos compañías cubanas, Utisa conservó las acciones en Etecsa por valor de 193 millones 935 mil 550 dólares. Su participación no ha registrado cambios desde 2003 hasta la fecha.

Otras tres entidades de la isla corren, en conjunto, con la parte más pequeña: el Banco Financiero Internacional, Negocios en Telecomunicaciones y el Banco Internacional de Comercio.

Entre todos los anteriores suman un 49 por ciento de las acciones totales, mientras que Telefónica Antillana es dueña de las seis mil 188 acciones de la serie A, las cuales aseguran una parte mayoritaria de la propiedad de Etecsa.

De acuerdo con el acta consultada más reciente, el secretario director de Utisa se nombra Juan Ranulfo Duarte Álvarez, y la tesorera directora, Ibis María Casas Navarro. Como presidenta directora de la empresa aparece la cubana Ana Teresa Igarza Martínez, de 46 años. Exdirectora jurídica del Gaesa y diputada a la Asamblea Nacional en su IX Legislatura, Igarza funge como directora general de la Zona Especial de Desarrollo de Mariel (ZEDEM), según reportes de finales de 2019.

Entre las firmas autorizadas para gestionar las cuentas bancarias de Utisa está, además de las de Igarza y Duarte, la de Reinier Franklin Betancourt Bordama. Y no solo. Según el acta de una reunión realizada en enero de 2014, Orlando Diéguez Pelier, el receptor de las 99 acciones cedidas por Utisa en junio de ese año, también tenía facultades para manejar las finanzas de la entidad asentada en Panamá, sin que esté claro si para ello dejó su silla de presidente ejecutivo de Rafin S.A.

Estas y otras decisiones se tomaron en La Habana, según consta en las actas de reuniones de UTISA asentadas en el registro público panameño.

Las primeras tres se realizaron en 2005, en el Centro de Negocios, piso 3 del edificio Barcelona. Las otras cuatro, entre 2012 y 2014, en el apartamento 41 de un edificio en la calle 114, entre 5ta A y 5ta B, Miramar, La Habana.

De verse las caras se habrían librado los reunidos si la empresa tomara al pie de la letra el Decreto Ley No. 5 y el Decreto Ejecutivo No. 296, de 1997 en Panamá, que permiten «realizar reuniones de directores o de accionistas vía fax, teléfono, Internet (e-mail) o cualesquier otro medio electrónico». Para esa fecha, podían haber usado los diferentes planes pospago de mensajería y voz que ETECSA proponía exclusivamente a clientes de instituciones estatales y otras entidades con personalidad jurídica.

Una empresa, dos tipos de clientes y de monedas

Según las tarifas de Etecsa, tanto las instituciones estatales como las personas naturales pagan sus servicios móviles en moneda convertible (CUC). Sin embargo, Mayra Arevich, la actual presidenta del monopolio de las telecomunicaciones en Cuba, dijo en 2018 que para comprar infraestructura de comunicaciones hay que pagar en dólares.

Cinco años antes, el 8 de febrero de 2013, Etecsa anunciaba que desde el 12 del propio mes y hasta el 15 de junio siguiente, estaría vigente la nueva promoción «Duplica tu recarga desde el exterior» para los usuarios de la telefonía móvil prepago. Solo las líneas de modalidad prepago serían recargables desde el exterior.

«Los clientes que en este período reciban desde el exterior o vía Internet una recarga de saldo en su celular equivalente en Cuba a los valores comprendidos entre 20.00 y 50.00 CUC, se les duplicará el importe recibido, según informa el sitio digital de ETECSA», puntualizaba una nota en la web Cubadebate.

Aunque se establecen valores en CUC, en la práctica, las personas que realizan las recargas desde el exterior, operan con monedas fuertes. Era, entonces, una estrategia de Etecsa para atraer divisas frescas. Los clientes receptores de las recargas internacionales continuaron sin la opción de un servicio pospago, reservado para usuarios empresariales con personalidad jurídica. La empresa de telecomunicaciones estableció así una diferenciación entre sus clientes, aunque el servicio era el mismo: tiempo aire o mensajería.

«Etecsa subsidia [los servicios que brinda] al Ministerio del Interior (Minint), Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), Central de Trabajadores de Cuba (CTC), Federación de Mujeres Cubanas (FMC), Poder Popular (PP), Partido Comunista de Cuba (PCC), Unión de Jóvenes Comunistas (UJC), organizaciones políticas y de masas, ministerios, cuyos móviles los paga Liborio [personaje del relato popular que alude al pueblo cubano]», explica una exabogada de una de las Unidades Territoriales de la empresa.

 «La población, con las recargas y los planes de datos, pagan para que estos clientes estatales tengan celular gratuito o pagado en pesos cubanos», sostiene.

Al cierre de 2019, la presidenta de Etecsa aseguró en Twitter que seis millones de líneas móviles existían ya en Cuba. No especificó cuántas pertenecían a empresas o entidades estatales y cuántas a personas naturales, aun cuando los clientes de prepago son una de las mayores fuentes de divisas para Etecsa.

A la vez, las recargas han funcionado como remesas. Según The Havana Consulting Group, entre 2013 y 2017 se recaudaron, por este concepto, más de 585.92 millones de dólares.

Cuando comenzaron las ofertas de recarga, las promociones no eran tan frecuentes como en la actualidad: dos veces por mes. Además, la empresa de telecomunicaciones solo listaba seis webs para realizar las transacciones de recargas.

Varias de ellas han cambiado sus nombres. Intopup, por ejemplo, ahora aparece en Google como CSQ World, empresa domiciliada en Barcelona, España, cuyo director internacional es Charles Jaunie. Vía WhatsApp, Jaunie confirmó que CSQ es un grupo al que se incorporó la empresa suiza Vox Telecom, comprada en 2016; de ahí que cambiara el nombre inicial.

El empresario precisó que aun cuando operan en varios países, Cuba es un destino fuerte que mueve varios millones de euros al mes por concepto de recargas internacionales. «La cifra exacta es confidencial», dijo, y a continuación aventuró una hipótesis sobre el destino de las ganancias por esas recargas: «Los ingresos que llegan a Cuba mediante telecomunicaciones se emplean para financiar otras cosas; los precios son bastante altos para obtener ingresos de residentes en el exterior que de otra manera no entrarían por el bloqueo (embargo de EE.UU.) y la limitación impuesta a las remesas».

Desde octubre de 2019 entraron en vigor nuevas regulaciones del Departamento del Tesoro de EEUU que limitan el envío de remesas a Cuba hasta mil dólares por persona cada tres meses. En tanto, el primer trimestre de 2020 marcó el fin de los envíos por Western Union a la isla, salvo desde Estados Unidos. Solo en 2017, el Departamento de Estado estimó las remesas estadounidenses en tres mil 500 millones de dólares.

La excusa del «ser querido» que recauda millones

Según Charles Jaunie, con quien hablamos en enero de 2020, CSQ World tiene a cubanos contratados tanto en España como en Estados Unidos y República Dominicana para realizar estas operaciones. Son cubanos que de manera indirecta también han hecho crecer las cuentas de Etecsa a partir del golpe maestro que esta diera entre el 12 y el 15 de febrero de 2013, la fecha de inicio del servicio de recargas desde el exterior. En aquella ocasión inaugural, los clientes internacionales tendrían desde dos días antes y hasta un día después de la celebración de San Valentín para recargar a sus «seres queridos» en Cuba. 

Algunas de las webs de recargas que recomienda Etecsa no se cohíben al publicitar estas promociones apelando al expediente de los «seres queridos» en Cuba. Estadísticas aseguran que uno de cada tres cubanos tiene un familiar en el exterior.

Por ejemplo, Ezetop, domiciliada en Irlanda y ahora recomendada por Etecsa como «Ding» y «Recargas a Cuba», «permite a las personas que están viviendo en el extranjero recargar el saldo de los teléfonos móviles prepago de sus familiares y amigos en Cuba de manera instantánea».

Global Digital Services Dominicana (Globaldsd), con domicilio web en República Dominicana, asiento legal en Panamá y diez mil dólares de capital social, asegura: «La Rapidez, Seguridad y Variedad de nuestros servicios le permiten demostrar a sus familiares y amigos de la bella Isla de Cuba, el valor y la importancia que tienen para usted».

Etecsa aclaraba en 2013 a esos amigos y familiares en el exterior: «El importe a depositar debe ser el equivalente en CUC a los valores que fueron aprobados para la promoción, teniendo en cuenta que como mínimo para que se duplique el crédito deben comprar una recarga para 20.00 CUC».

Las webs oficiales que aconseja Etecsa en 2020 están domiciliadas en países diferentes. En los últimos años han ascendido el número de líneas en la isla y la frecuencia de las promociones de recargas, y también los ingresos por este concepto.

A Luilver Garcés, joven matemático cubano, sin embargo, no le interesa tanto la transnacionalidad de las recargas como a cuánto ascienden los ingresos asociados a ellas. Mediante el análisis numérico de los mensajes de comprobación de recarga enviados por la empresa a sus usuarios nacionales, Garcés observó la relación numérica y encontró una consecutividad en los dígitos. Al restar dos de estos códigos (el primero del 9 de mayo de 2019 y el segundo del 27), obtuvo 944 mil 488 recargas (transacciones); luego lo multiplicó por 18 USD (asumió que este fuera el costo mínimo de una recarga desde el exterior) y el resultado sobrepasó los 17 millones de dólares. Aunque, ciertamente, no tomó en cuenta que una parte de las recargas podrían haberse realizado desde Cuba mediante la aplicación Transfermóvil, cuyo monto mínimo es de cinco CUC.

Empleando el mismo procedimiento, la revista El Toque realizó un cálculo de recargas entre el 24 de diciembre de 2018 y el 13 de junio de 2019. Doce millones 398 mil recargas se habrían realizado para «un mínimo de 61 millones 990 mil unidades monetarias en divisas ingresadas por la empresa». 

Las recargas a Cuba no solo se realizan a través de las seis plataformas web recomendadas por Etecsa, sino mediante al menos una veintena. Una de ellas, Fonoma, publicó en 2015 un resumen del comportamiento del servicio. Entonces enviaban saldo telefónico a Cuba, solo por esta web, usuarios de cuatro mil 672 localidades en 167 países. Estados Unidos, Brasil, España, Italia y Angola encabezaban la lista. Miami es, después de La Habana, la segunda ciudad del mundo con más cubanos (la mayoría de los un millón  252 mil 37 radicados en Estados Unidos); en Brasil se encontraban los cubanos del programa Más Médicos; España acoge a 141 mil 222 naturales de la isla según datos del 2019 del Instituto Nacional de Estadísticas (INE) reflejados en el mapa interactivo de la migración global; Italia sumaba 34 mil 57; en tanto, Angola sobresale por la presencia de colaboradores médicos y de otros sectores. 

Recargas a Cuba desde Cuba

Cuba ocupaba el número 13 en la lista realizada por Fonoma. Desde la isla recargaban personas que antes se encontraban fuera del país o tenían acceso a tarjetas de crédito. En cuanto al monto de esas recargas, sobresalían las de 40 CUC, o sea, unos 20 dólares o euros porque el periodo analizado coincide con la promoción de recarga doble de la empresa Cubacel. No es raro encontrar en las calles de Cuba, desde entonces, carteles que anuncian recargas en fechas de promoción mediante el pago en CUC a agentes privados. Sofía, la joven «recargadora» del municipio habanero Diez de Octubre, es una de esos emprendedores.

Tarifa de recargas

Cuando se inició en el negocio de las recargas, ella había acabado sus estudios universitarios, debía pagar la renta, y quien era su novio por entonces estaba dentro del sistema… y no de cualquier manera. Él conocía al proveedor asentado en Estados Unidos; así que ambos, Sofía y su novio, contaban con un pequeño margen para vender más caras las recargas.

«Capté muchos clientes de aquí de La Habana que todavía, cada vez que va a empezar una promoción, preguntan: “¿En qué precio te la dejaron?”», dice Sofía en una esquina del Vedado habanero. «Pero estos tienen más de 100 clientes, más de 200. Por ejemplo, mi exnovio ponía por promoción, en aquel momento, mil 500 recargas». Y agrega que el proveedor en Estados Unidos podría haber tenido, dispersas por toda Cuba, hasta 20 personas como su ex, pero nunca revelaba el precio al cual adquiría las recargas.

«En la posición que tenía mi exnovio, la cogía a 18.65 dólares, algo así. Pero él se la daba más cara a sus clientes, en 19.50 dólares. Lo más barata que yo la pude coger fue a 19 en un momento determinado. Después subió inmediatamente a 19.50, 20, 20.50», recuerda.

Mil 500 recargas a 19.50 dólares resultan en 29 mil 250 dólares para Etecsa. Serían 58 mil 500 dólares en el mes y 702 mil dólares en el año. Eso, solamente con el ex de Sofía. «Se hacen millones», estima la joven.

Difícil saber cuántas Sofías ha tenido Cuba entre 2013 y 2020. Las recargas desde el exterior con un intermediario en la isla se hicieron frecuentes, pese a que el reglamento de los Agentes de Telecomunicaciones impide que personas en suelo cubano ofrezcan estas opciones promocionales.

Los usuarios ya estaban habituados a que la tarifa oscilara entre 21 y 23 dólares, pero a inicios de este año no se comportaba igual.

«Cuando el dólar sube, indiscutiblemente afecta la recarga», dice Sofía en enero de 2020, refiriéndose al mercado negro de divisas. «La recarga lleva unos meses en 24, 25, hasta 26 CUC en algunas provincias. En el caso de La Habana, siempre es un poco más bajo. Por ejemplo, en Pinar del Río es más difícil conseguir el dólar. Aquí hay una mayor circulación en la calle, se consigue más fácil en el aeropuerto, en determinados lugares».

En algunos casos, las empresas no contactan directamente a los recargadores en la isla, sino que se valen de un intermediario en un país extranjero. Susana*, una cubana radicada en Cataluña hace más de tres años, desempeña ese rol.

«Las recargas se hacen a través de unas páginas que tienen montadas las empresas mayoristas: Rebtel, DimeCuba, Casi en Cuba, Cuballama…», explica a través de WhatsApp. «Tú entras a esas páginas con un usuario y una contraseña, y haces la recarga. Pones el número y 20 CUC y das “Recargar”. Muchas veces debes pagar a la empresa prepago de aquí o hacerlo pospago».

Terminada la promoción, los recargadores compran divisas con los CUC recaudados y se las hacen llegar a los intermediarios en el exterior. Luego —dice Susana, que es además economista—, «vas a la empresa y liquidas, según lo recargado. No sé cuánto hace cada vendedor, yo soy una ínfima parte, pero estaríamos hablando de millones en cada promoción».

«Simplemente tengo en esa empresa una cuenta abierta que no es mía», confiesa. La persona que está en Cuba se encarga de los clientes. Tengo una o dos personas haciendo recargas conmigo. Lo he limitado mucho por la moneda. No fluye tan rápido el cambio a euros para poder pagar el dinero aquí, por lo tanto, la liquidez disminuye». Y agrega: «Estamos hablando de entre cinco mil y diez mil dólares cada vez que se hacen recargas. Yo trato de dejarlo en cinco mil porque diez mil… Lo he hecho a veces, pero es muy engorroso a la hora de cambiar, y se me arma un stock de dinero importante». 

Susana recuerda que antes se daba el dinero en CUC a personas que trabajaban directamente en Cuba para estas empresas del exterior. «Como se ha desaparecido la divisa, ya no aceptan el CUC allá; hay que pagarlo aquí en euros. Hay que estar todo el tiempo cambiando».

Lo que desconoce ella es cómo la empresa hace el pago a Etecsa. «No tengo idea si es legal y lo hacen directamente, o a través de un intermediario. Muchas tienen acuerdo directo; otras no».

Ding ejemplifica la relación entre las empresas recomendadas oficialmente por Etecsa y el resto. Solo se necesita llenar un formulario para convertirse en distribuidor socio de este grupo irlandés que dice saberlo todo sobre las recargas porque, aseguran: «nosotros las creamos». «No hay forma más fácil para tus clientes para enviar recargas —o para ti venderlas», indica la empresa.

Más allá de la legalidad de las recargas y de las relaciones entre empresas, una persona que resida en Cuba y no tenga alguien disponible en el extranjero, necesita, para poner una recarga con bonificación a su móvil, de intermediarios como Susana y quienes trabajan con ella desde la isla. O bien requiere de recargadores «independientes» como Sofía. Una vez desembolsados los 24 o 25 CUC que cuesta actualmente la recarga, esta persona tendría un saldo principal de 20 CUC transferibles con los que podría cubrir todos los servicios móviles prepago que ofrece Etecsa: acceso a Internet desde el celular, con tarifas entre 1 y 20 CUC por entre 150 megas y 2,5 gigabytes; llamadas telefónicas nacionales entre 10 y 35 centavos el minuto, y hasta 1.20 CUC las internacionales, y SMS por un costo de 0.09 CUC dentro del país y de 0.60 CUC hacia el exterior. Con la bonificación, intransferible a otros usuarios, solo podrá realizar llamadas y enviar mensajes con las mismas tarifas del saldo fijo.

Pero esto el usuario lo puede hacer ahora, en 2020, después de la llegada en 2018 de los servicios de datos móviles de 3G y 4G. A partir de 2013, cuando comenzaron las ofertas de recarga con duplicación de saldo, lo que podía hacer el usuario era llamar y enviar mensajes. No se le permitía transferir su saldo a terceros. Fue dos años más tarde, el 29 de junio de 2015, que recibió la noticia de que sería posible compartirlo con sus «seres queridos».

Pero al mes siguiente, no muy contenta con las transferencias de crédito entre clientes prepago —que dieron lugar a ventas informales sin ganancias para la empresa—, Etecsa las limitó al saldo fijo. La bonificación, intransferible, debía usarla cada cliente en un plazo máximo de tres semanas. Ante los altos precios en relación con el salario medio en Cuba (alrededor de 35 dólares en 2019) y las limitaciones en los servicios, una campaña encabezada por el usuario Real G4 Life, seguido por la periodista independiente Luz Escobar y el tuitero Camilo Condis, destacó el 29 de mayo de 2019 la etiqueta #BajenLosPreciosDeInternet. No especificaba si el pedido hacía referencia a la conexión por datos móviles, desde puntos de acceso Wi-Fi, desde las salas de navegación, o a las tres variantes.

Mayra Arevich respondió con los hashtags #CubaInformatiza #CubaAvanza, como parte de la estrategia gubernamental para diluir etiquetas orgánicas de la ciudadanía en Twitter. Con su cuenta de funcionaria, buscaba posicionar por saturación las etiquetas oficiales: «#Cuba #ETECSA asegura el acceso a Internet de millones de cubanos, los que casi en su totalidad tienen su perfil en alguna red social. Trabajamos por mejorar cada día más la experiencia de los usuarios», escribió.

Mediante #CubaInformatiza se posicionaron en la red social informaciones sobre los «logros» de la empresa enfocados en la ampliación tecnológica y de infraestructura, así como las cifras de usuarios conectados, sin mencionar la sistematicidad de esas conexiones ni su costo.

Tres años antes, Arevich sí hablaba de números: «Dependemos del desarrollo de la infraestructura y de las condiciones de mercado para ir bajando paulatinamente tarifas, como lo hicimos este año, cuando bajamos de 4.50 a 2 CUC la hora de navegación y aumentamos el ciclo de vida de las cuentas permanentes Nauta de 30 a 360 días. También comenzó a partir de agosto último el agente de telecomunicaciones, comercializando bonos de recarga para esta cuenta, y también empezó la recarga internacional de la misma».

La funcionaria, hasta ese momento con cuatro años y medio en la presidencia de Etecsa, exponía además en su mensaje a los clientes por el año nuevo (2016) la importancia de que «continuemos con nuestros servicios exportables, —algunas recargas internacionales, con los servicios de voz internacional y el roaming— que garantizan las finanzas necesarias para comprar el equipamiento que permite el desarrollo de la infraestructura».

Etecsa, ¿qué haces con tus ingresos?

Distribución de las acciones de ETECSA

La presidenta de la compañía ha reconocido que la población muestra bastante disconformidad con Etecsa: «Pero siempre», ha dicho, «vemos esas críticas como un aporte que nos ayuda a seguir avanzando».

A los usuarios nadie le explica cómo funciona la única empresa de telecomunicaciones que brinda servicios en territorio cubano. Nadie les dice por qué deben pagar tan altos precios. Para Charles Jaunie, director de CSQ, está claro, es una verdad como un templo: «El envío de recargas permite compensar para financiar otras áreas. Creo que Etecsa no se va a pronunciar al respecto».

Sin embargo, esto no se manejó públicamente hasta el primer trimestre de este año, cuando el ministro de Comunicaciones salió en TV para decir, voilá, que no se pueden bajar los precios de los servicios móviles, por ejemplo a 0.05 CUC el minuto, porque se saturaría la red: «…nadie podría hablar por teléfono». En ese mismo contexto dijo que parte de los ingresos de Etecsa se distribuyen hacia otros sectores de la economía y para costear productos de alta demanda, aunque no tuvo tiempo de mencionarlos. El periodista que le entrevistaba completó la idea: «Para la compra de combustibles y para la compra de leche…»

Siete años atrás, 2013 parecía decisivo para el desarrollo de las telecomunicaciones en Cuba. No solo comenzaron las recargas internacionales. Desde Venezuela, el sistema de cable submarino Alba-1 había llegado a tierras cubanas. Se puso en funcionamiento con el propósito de incrementar y mejorar la calidad de las comunicaciones de Cuba con el mundo. El 4 de junio comenzó a «llegar» Internet a los cubanos desde puntos de acceso colectivo.

Una nota oficial de la venezolana Comisión Nacional de Telecomunicaciones (Conatel), publicada en marzo último, asegura que «la empresa de Telecomunicaciones Gran Caribe S.A. continúa garantizando la operatividad de las comunicaciones de Cuba y Venezuela gracias al sistema de cable submarino ALBA-1, proyecto ideado por el Comandante Hugo Chávez en el 2007».

Sin embargo, en enero de 2016, la Comisión Federal de Comunicaciones de Estados Unidos publicó una relatoría sobre la visita a Cuba de su entonces presidente, Tom Wheeler, en la que este calificó a la nación caribeña como «uno de los países menos conectados digitalmente en nuestro hemisferio. Hablan sobre la actualización a DSL y 3G inalámbrico. Les instamos a que saltaran tales transiciones lineales y se expandieran a servicios de vanguardia». Wheeler prometió —añadía la nota— el apoyo de la organización y de las compañías estadounidenses para lograrlo, si bien, dijo, «no está claro cuán ansioso está abierto el gobierno cubano de abrir capacidades de red ampliada». En cualquier caso, esas y otras expectativas relacionadas con el «deshielo» entre Washington y La Habana quedaron congeladas tras el advenimiento de la administración Trump.

***

En 2011 —cuando Leonardo Cruz Valero, presidente de Logística y Negociación de Etecsa, se quedó en Panamá; otros cinco funcionarios fueron procesados por corrupción y el ministro de Informática y Comunicaciones, el «comandante de la Revolución» Ramiro Valdés, fue relevado en ese cargo ejecutivo—, Rafin S.A. compró las acciones de Telecom Italia International en Etecsa por un monto de 706 millones de dólares, 500 millones desembolsados de inmediato y en efectivo, según Reuters. Fueron las mismas acciones que mucho antes se mencionaban en un litigio que involucró a seis empresas de tres países en las cortes de una cuarta nación.

El Tribunal Supremo de Ontario, Canadá, tras un arbitraje comercial internacional en Ottawa, 1999, falló entonces a favor de STET, una empresa italiana posteriormente renombrada como Telecom Italia, y su filial neerlandesa. STET habías sido demandada por un conglomerado de empresas mexicanas —Domos, Cinco, Cotisa y Citel— controladas por Javier Garza Calderón. Para entender el proceso, hay que remitirse a litigios previos entre las partes debido a sus intereses en la Empresa de Telecomunicaciones de Cuba. En la relatoría[1]  se destaca que Citel había comprado el 49 por ciento de las acciones de Etecsa (que eran titularidad de Utisa desde 1994). Luego, STET compró a su vez una parte de Citel e indirectamente obtuvo un 12,25 por ciento de Etecsa. Sin embargo, un tribunal cubano revocó la transferencia de acciones de la telefónica nacional. Tras dicha anulación, STET terminó adquiriendo de Utisa, mediante acuerdos, entre el 19 de abril de 1996 y febrero de 1997, un 29 por ciento de participación en Etecsa.

Ya en ese documento se presentaba a Utisa y a Etecsa como empresas controladas por el gobierno cubano, aunque no sería hasta 2011 que pudo leerse en los medios oficiales de la isla: «Utisa es una empresa cubana con sede en Panamá, bajo el control del Ministerio de Comunicaciones de Cuba, y Negocios en Telecomunicaciones representa al país en la Empresa Gran Nacional de Telecomunicaciones del ALBA (Albatel), que también integran compañías de Venezuela y Bolivia», según publicó el diario Juventud Rebelde.

BBC filtró en 2017 que un accionista de Etecsa, el Banco Financiero Internacional, era una entre varias compañías pertenecientes al Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias. “Un informe de la Oficina Económica y Comercial de la embajada de España en La Habana sobre la estructura empresarial cubana, publicado en 2013, muestra a Gaesa como un consorcio que incluye variadas empresas”.

 Escribía Bert Hoffman en el libro The Politics of Internet Third Word Development, de 2001, que «los ingresos duros del Mincom [Ministerio de Comunicaciones] —presumiblemente un resultado de envergadura proveniente de las ganancias de Etecsa por concepto de llamadas internacionales—, tenían un valor de 500 millones de dólares anualmente».

«En la práctica, Etecsa parece conducir su negocio como una entidad legal separada del capital del gobierno cubano», se lee en el volumen de Hoffman, publicado hace 19 años, cuando Etecsa contaba con participación extranjera. «A diferencia de las entidades que controla totalmente el gobierno cubano, Etecsa no hace contribuciones (aportes) al gobierno. Los únicos pagos directos de Etecsa al gobierno cubano son impuestos. Etecsa paga al gobierno por servicios prestados, tal como hacen otros clientes. Etecsa opera en otros países por su cuenta, no a través de las misiones diplomáticas. Los directivos de Etecsa actúan para los accionistas, los cuales reciben dividendos porcentuales. Miembros del staff ejecutivo no ocupan posiciones con el gobierno cubano».

La independencia de Etecsa es otro tema pendiente en la transparencia empresarial cubana. Cuando el 17 de agosto de 1994 se creó, con un modelo de negocios sustentado en los servicios de voz, y consagrado a detener el deterioro de la telefonía en el país, se le otorgó una concesión administrativa por 25 años para la prestación de servicios públicos de telecomunicaciones en todo el territorio nacional. (No incluía la telefonía móvil).

Eran los tiempos de la despenalización del dólar estadounidense y a Etecsa se le endilgó la misión de modernizar y ampliar todos los sistemas y servicios de telecomunicaciones. Dos años después, Cuba se conectaba a Internet a través de la compañía Sprint Corp., mediante un canal satelital con conexión paupérrima. Faltaban dos décadas para que la conectividad dejara de ser risible en cuanto a velocidades y sistematicidad, aunque desde inicios de los años dos mil una empresa ofertaba, para clientes exclusivos, el acceso a la red de redes de manera conmutada: Cubacel.

Que la telefonía móvil no estuviera incluida en la concesión de Etecsa tenía que ver, precisamente, con esta empresa cubano-mexicana. Nacida en 1991 por iniciativa del empresario mexicano Luis Miguel Niño de Rivera, Cubacel estaba conformada en principio por Telecomunicaciones Internacionales S.A. (Timsa) y la empresa cubana de telecomunicaciones Emtel-Cuba. Según la revista mexicana Proceso, la concesión dada por el gobierno cubano estaría vigente unos 20 años. Sin embargo, la estructura de la empresa no demoraría tanto en cambiar. En 1998, la canadiense Sherritt International Company compró el 37.5 por ciento de la compañía mixta a Timsa por un valor de 38 millones 250 mil dólares.

«Es parte de una estrategia de inversión en los sectores fundamentales de la economía cubana», diría Patrice Merrin Best, vicepresidente de la Oficina Corporativa de Sherritt en entrevista con Proceso. «Las telecomunicaciones son clave para una economía que, estamos seguros, va a crecer en el futuro. Es también un negocio prácticamente virgen con mucho potencial y, además, estratégico en el desarrollo de cualquier país». En referencia a la Ley Helms-Burton —que establece consecuencias legales severas para las empresas que hagan negocios con propiedades confiscadas por el gobierno cubano en los años sesenta—, Best expresó que la compra de la compañía no traería complicaciones. «La telefonía celular es un negocio muy joven y no hay por tanto bienes que puedan ser reclamados por antiguos propietarios norteamericanos».

Solo un año después, los ingresos de Cubacel estarían cerca de los 20 millones de dólares, fundamentalmente gracias a los altos precios: apenas cinco mil 100 suscriptores regulares pagaban cada mes 93.36 dólares como promedio. A esto se le sumaban el servicio de roaming (que en 2002 soportaba 800 usuarios) y los 19.1 millones en ventas de teléfonos y accesorios de las marcas Nokia, Ericsson y Motorola.

Para 2003, el gobierno cubano controlaría totalmente Cubacel. En septiembre, Sherritt y Timsa vendieron las acciones a Telefónica Antillana —la misma entidad comercial cubana que domina el 51 por ciento de Etecsa—, y apenas tres meses después el Consejo de Ministros, mediante acuerdo publicado en la Gaceta Oficial Extraordinaria número 21 de 2003, decretó la fusión de la dos compañías de telefonía móvil operantes en la isla en ese entonces (Cubacel y C_COM, esta última conformada en 2001) con Etecsa.

La telefónica reestructurada en 2003 aumentó su capital social hasta mil 749 millones 313 mil 80 dólares, pero no aparece en la publicación oficial del Ministerio de Justicia la cantidad de acciones de la empresa, ni los valores correspondientes, entre 1994 y el momento de la fusión. En el documento sí se hace referencia a la distribución porcentual de los dividendos entre los accionistas de Etecsa: como accionista único de la serie A, Telefónica Antillana transferiría «a los accionistas de la serie B el 10 por ciento de sus dividendos en moneda libremente convertible declarados por Etecsa en proporción a las respectivas cuotas sobre el total de la participación detentada por cada uno de ellos en el capital social de la Etecsa». Del otro lado, cada accionista de la serie B entregaría a Telefónica Antillana «el 100 por ciento de los dividendos en moneda nacional no convertible que perciba», siempre que el peso cubano no fuera moneda libremente convertible.

En la misma Gaceta, el Consejo de Ministros emitió un Decreto Ley que promulgó una concesión a favor de Etecsa con vigencia hasta el 31 de diciembre de 2023, prorrogable por dos términos iguales y sucesivos de 15 años. Aunque la concesión —vigente aún— puede ser revertida al dominio del Estado, con ella se cedieron los derechos para la explotación de los servicios públicos de telecomunicaciones, algunos con carácter exclusivo durante tres quinquenios, como la telefonía básica y el servicio celular de telecomunicaciones de segunda generación. Asimismo, se anunciaba que la empresa tendría derecho a la exclusividad sobre los servicios que fueran considerados una evolución tecnológica, como las telefonías de tercera y cuarta generación.

La concesión del servicio celular para las comunicaciones móviles terrestres de tercera generación se otorgó a Etecsa mediante el Decreto 296 del 25 de abril de 2012. Un año más tarde, una nueva concesión intentó unificar lo regulado desde el 2003 y extendió los derechos de explotación del servicio de telecomunicaciones hasta el 31 de diciembre de 2036. Por primera vez aparece, de manera explícita, que la empresa debe abonar cada año parte de sus utilidades netas al Estado cubano. En este caso, el cinco por ciento, pero no exactamente en los dólares que, se ha dicho, son empleados para comprar leche en polvo o combustibles, sino en «pesos cubanos».

Según parece, si no cambia su modelo de funcionamiento, el tiempo antes de que caduque la exclusividad reservada a Etecsa seguirá siendo propicio la existencia de trabajadores como Sofía y de funcionarios disfrazados de empresarios como Igarza y Arevich, que necesitan de agentes económicos irregulares como Sofía. Ella, a fin de cuentas, mueve el dinero que sirve tanto para nuevas inversiones como para costear salarios y estímulos de la nomenclatura empresarial.

Autores: Darcy Borrero Batista y Alberto C. Toppin

Notas:

*Se ha cambiado el nombre a petición de la fuente, y por motivos de seguridad.

** Este reportaje fue realizado con el apoyo de Espacio Público (Chile). Una versión anterior del mismo fue publicado, anteriormente, por EP y por Distintas Latitudes.

1 Comentario

  1. No se asombre, todo el capitalismo mundial esta gobernado por monopolios, como el de ETECSA, sin monopolios no hay ganancias lucrativas suficientes para la voracidad del capital.

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