Exposición de arte

Octanaje (2018), Reynier Leyva Novo & Ranfis / Foto: Neus Pechero

Llegar a El octavo círculo1 galopando una bestia multicolor de cola venenosa es lo de menos. Los «malos fosos» ya no son tan malos cuando atraviesas el umbral de NOVO Estudio Párraga2 y te encuentras con un ambiente zen e impoluto, habitado por algunos de los supuestos condenados de siempre y otros personajes sospechosos.

Apenas tomo en mi mano el plegable y comienzo a recorrer la exposición curada por Magela Garcés, me doy cuenta de que en el infierno de nada sirve una escafandra o una máscara. Aquí todo es sospechoso, hasta mi propio pensamiento. Sé que Magela es Gerión y, como guardián del círculo, se dispone a imponernos el juego de las mentes: el piedra, papel o tijera en círculo vicioso. Decido entonces participar de la broma seria del fraude. No creo en nada. Ni en nombres, ni en títulos, ni en fechas, ni siquiera en mi propia lucidez para asimilar todo esto.

A partir de este momento me declaro bajo seudónimo. Renuncio a mi verdadero nombre no por cobardía (poco nos queda ya que perder a todos), sino como meta/relato que provoca una reflexión sobre la libertad de expresión y el temor a la censura.

—¡Magela, engáñame que me gusta! —digo yo, Kina Matahari3, con una mano en la cintura mientras leo concienzudamente «la entrevista realizada vía Skype al teórico ruso-germano Boris Groys». Presto especial atención al tema de la copia, la heteronimia y el status quo del arte. El texto funciona como suspicaz instrumento que no se explica, pero a todas luces declara una postura, define una actitud, en contraste con tantos catálogos zocatos y aburridos de las exposiciones habituales.

En el recorrido por la estancia aparecen nombres de inmediato reconocimiento como José A. Toirac, Premio Nacional de Artes Plásticas, siempre en el vértice entre lo políticamente correcto y lo abiertamente discordante, con la instalación Toda la gloria del mundo (2013). Glexis Novoa, con Abecedario, fechado de 1988. Una serie de 27 símbolos gestuales que recuerdan la escritura asiática. Esta especie de ideogramas termina conformando un híbrido acaso chino-ruso-medioriental a modo de código ideológico/comunicacional ficticio.

Toda la gloria del mundo (detalle; 2013) José A. Toirac / Foto: Neus Pechero

Octanaje (2018) de Reynier Leyva Novo & Ranfis sigue una línea conceptual que ha marcado el Chino Novo en varias obras anteriores como Los olores de la guerra (2009) y El peso de la historia (2015), lo cual hace cuestionar la veracidad de esta firma compartida. Enfrentado espacialmente a esta instalación, se encuentra una obra (ahora sí a todas luces autoral) de Ranfis Suárez: Cómo clonar vegetación (2017-2019). Unos cinco minutos aproximados de trabajo en Photoshop sobre una imagen de Hugo Chávez, que continúa la vocación desacralizadora de la historia, sus símbolos y personajes, que ya Ranfis nos mostró en Llegó papá (exposición también curada por Magela Garcés el pasado año en la Galería El Oficio).

En la obra Retroceso (2019), el diseñador/artista R10 se apropia de un esquema obtenido de una página web de mecánica automotriz. La imagen muestra una palanca de cambio con una detallada explicación de funcionamiento básico y el sistema de retroceso. Con efectividad comunicacional lanza una diáfana metáfora que genera, a mi juicio, la obra más osada de la exposición.

Sobre las piezas de Julio César Llópiz y José Manuel Mesías no hay nada nuevo que decir. El primero, con un romanticismo dramático (muy acorde al propio título de la pieza), prosigue con la poética de una obra que desarrolla desde el 2012: Melodrama (2012- presente). Una suerte de ramo-despojo de rosas secas se sublima en bolsitas de «maría», cuya misión final será arder y provocar un cambio de estado (físico y mental). El segundo, una vez más desde su vocación arqueológica, nos presenta un objeto histórico con una carga simbólica y humana estremecedora. Recontextualizada o traída en el tiempo, la «Montura diseñada por el General de División Avelino Rosas para montar hombres, 1897» se convierte bajo la marca de S/T en «la obra».

Melodrama (2012- actualidad), Julio César Llopiz / Foto: Neus Pechero

En ese «objeto obra»/«sujeto obra» quiero detenerme, porque se me antoja parte esencial del juego. Ese en que el curador toma riendas en la creación de un organismo instalativo y, además de colocar elementos de manera coherente (o no) en pos de construir cierto discurso, comienza a meter las manos y a hacer de las suyas.

¿Por qué Francisco de La Cal4 está firmando una obra como las que actualmente desarrolla Fernando Rodríguez con pasta de papel? ¿El alter ego se rebeló contra el artista o el artista se escondió tras el alter ego para poder hacer pasta de discursos de Fidel Castro sin ser condenado? De cualquier manera, ya bajo su firma derritió 100 números de la revista Revolución y Cultura5. De cualquier manera: ¡Bravo por La idea del sol del hombre ciego (2019)! ¡Bravo a Fernando Rodríguez y a Francisco de la Cal por una pieza tan estéticamente bella como conceptualmente elocuente!

La idea del sol del hombre ciego (2019), Francisco de la Cal / Foto: Neus Pechero

Y hablando de alter ego, aquí es donde parecen encajar los sujetos sospechosos Nat Tate, Maurizio Cattelan, Santiago Sierra y Lil Puñeta. ¿Cuánto peso soporta sobre su lomo Gerión en este asunto? Aquí es donde radica la parte más interesante y divertida del círculo. El discurso socavado sobre el mercado de arte, el apropiacionismo, la copia, la censura, las definiciones éticas de lo políticamente correcto en el arte y en la vida.

Bridge #114 (c. 1950) Nat Tate / Foto: Solveig Font

De Nat Tate se nos ofrece un pequeño dibujo señalado como Bridge No. 114 (c. 1950). Tate, desaparecido expresionista abstracto, es un personaje ficticio creado por el escocés William Boyd. Y el «original» de la obra mencionada fue subastado en Sotheby’s por más de siete mil libras esterlinas. El artista italiano Maurizio Cattelan, autor del famoso Inodoro de oro valorado en un millón de libras (recientemente robado de una exhibición en el Palacio de Blenheim), nos propone ahora el Vaso medio lleno (2015). No sabemos si a modo de origen o final del recorrido museográfico propuesto. En todo caso marcando un círculo vicioso de significantes. El español Santiago Sierra, famoso por jugar con los límites de la ética y la moral en el arte, y quien ha realizado anteriormente procesos creativos con sujetos remunerados por masturbarse o meterse dentro de una caja en Cuba, va esta vez sobre el tema de la censura con Galería y tarja bloqueadas (2013), presentada mediante cuatro fotografías supuestamente «documentales» de la acción.

Galería y tarja bloqueada (2013) Santiago Sierra / Foto: Solveig Font

Cierra este recorrido Lil Puñeta, la encarnación del chisme y el brete en Hacking #1 (2018-2019). Ejerce con desenfado el divertimento de la comunicación virtual, el escrutinio psicológico de personajes reales en situaciones verídicas y comprobables (algunas manejadas por el imaginario colectivo del mundillo farandulero artístico habanero). Cuestiona y expone individuos, instituciones, el arte mismo y hasta las dimensiones genitales de algunos. La obra de Lil, no sé por qué, evoca para mí el mismo espíritu irreverente y cínico que se atrevió a hacerle 100 preguntas al arte cubano. Pero eso es lo de menos. Lo terrible es que, a esta altura del descenso, el retorno es imposible. La cola bifurcada de Gerión sólo deja dos opciones: creerlo todo mansamente o vivir torturado por la búsqueda infinita de la quimera.

Fragmento de Hacking #1 (2018-2019), Lil Puñeta / Foto: Neus Pechero

Amparada por el seudónimo me permitiré unas revelaciones finales:

  1. Ha sido de gran utilidad para la confección de este texto El octavo círculo’: una exposición de pecadores y fraudulentos, de Katherine Bisquet, ya que si algún mérito tiene es su calidad informativa en cuanto a listado de artistas y obras.
  2. Lil Puñeta es Magela Garcés, como Gerión es Magela Garcés (o el Chino Novo).
  3. Por si no se han dado cuenta (o no han leído las notas al pie), que Magela Garcés, para esta exposición, copió una idea ajena, cierta obra pre/existente.
  4. Lo anterior es puro chisme y brete mío.
  5. No crean nada de lo que he dicho. Duden de todo. Incluso si les digo que no soy Magela.
  6. No soy Magela.
  7. Necesito, antes del final, usar la palabra «apócrifo», porque todos la usan cuando van a hablar de El octavo círculo, y yo quiero ser popular.
  8. Pueden visitar El octavo círculo hasta el 5 de noviembre de 2019, en NOVO Estudio Párraga (Justo #63, entre Fernando y Estela, Párraga, Arroyo Naranjo).

1 La exposición remite metafóricamente a la Divina Comedia, de Dante Alighieri, y glosa señaladamente el «Octavo Círculo» de esa obra literaria canónica. (Nota del Editor).

2 Estudio/Galería del artista Reynier Leyva Novo, ubicado en el reparto Párraga, del municipio Arroyo Naranjo.

3 Dice la autora, Kina Matahari: «Kina Matahari es un personaje en construcción dentro de un proyecto curatorial y artístico junto a una colega, también bajo seudónimo. La principal intención del seudónimo es la reflexión sobre el temor a la represión y la censura…» (Nota del Editor).

4 Personaje heterónimo a partir del cual Fernando Rodríguez despliega gran parte de su obra. Pintor primitivo o naif que queda ciego a principios de los años sesenta y que ofrece a Fernando temas e ideas sobre la vida del pueblo cubano y sus líderes para realizar las obras.

5 Desde el 2018, Fernando Rodríguez ha estado trabajando en la serie Work IN Paper, cuya materia prima es la pulpa de papel prensada de 100 ejemplares de la revista Revolución y Cultura.