Portada de Hipo

Antigua entrada al Gran Stand del Oriental Park. Foto: Mario Luis Reyes

El 5 de febrero de 1967, el marianense barrio de Los Quemados amaneció con la noticia de que el Oriental Park ponía fin a sus actividades de forma definitiva. La tarde anterior se realizaron las últimas carreras. Para muchos este fue el Hipódromo más importante de América Latina y para los vecinos de la localidad su principal fuente de ingresos y de entretenimiento.

La fama del Oriental Park no sólo se reducía a Marianao, ni siquiera a la Isla de Cuba. En esta instalación se realizaron algunos de los eventos deportivos más importantes de la época, como fue la llamada pelea del siglo de boxeo, que en 1915 enfrentó a Jack Johnson, quien fuera el primer negro campeón del mundo en los pesos pesados, con Jess Willard. Este combate ha pasado a la historia como uno de los más polémicos de este deporte ya que Johnson se dejo ganar de forma evidente.

Hipot

Visita de los barbudos al Hipódromo el 9 de enero de 1959.

Se dice que todos los presidentes de la República visitaron el Hipódromo al menos una vez. También hay una foto de los rebeldes, el 9 de enero de 1959, recién llegados a La Habana, distrayéndose en el célebre centro. Estrellas de cine como Rita Hayworth, Kirk Douglas o Errol Flynn y mafiosos como Meyer Lanski o Lucky Luciano pasaron por allí. En honor a las estrellas del Carnaval de La Habana se realizaban carreras especiales.

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Cajón del cual salían los caballos al comenzar las carreras.

El Oriental Park ocuparía entonces las tierras que se extienden desde la calle 102 hasta 112 y 114, indistintamente, y desde la avenida 61 hasta la línea del tren de Guanajay. En el interior de este centro se encontraban la pista de carreras, las gradas (divididas en el gran stand y el stand chico), los establos para caballos, además había dos imprentas, una herrería, unos hermosos jardines a la entrada y el Jockey Club, que era la parte más lujosa de la instalación. En dicho club se realizaban grandes bailes y algunos vecinos de la localidad lo alquilaban para quinces y bodas.

A los más jóvenes habitantes de Los Quemados, barrio considerado marginal hoy en día por muchos, les resulta increíble que a sólo metros de sus viviendas se encontró alguna vez un establecimiento como el Oriental Park. En este barrio no hay cines, teatros, salas de conciertos, centros deportivos, ni nada semejante.  Hace algunos años hubo un cine 3D, pero lo cerraron poco tiempo después.

Uno de los símbolos del desarrollo económico en la zona por aquellos años fue la Mansión Oriental, un hermoso caserón que funcionaba como hostal en el que se hospedaban por lo general Jockeys y aficionados al deporte hípico. La Mansión se ubica a 100 metros de una de las entradas del Hipódromo, y aunque todavía es habitada, se encuentra visiblemente deteriorada. Junto a las ruinas del Hipódromo, es uno de los símbolos de la degradación constante que ha sufrido  el barrio en los últimos años.

La atracción de la gente por las carreras de caballos fue dotando a Los Quemados de nuevos negocios; bares, cafeterías, bodegas y tiendas obtenían una parte considerable de sus ganancias del público que salía cada tarde del Oriental Park y pasaba por estos sitios a comer, beber, y seguir conversando sobre lo ocurrido en la pista.

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Carrera de caballos en el Oriental Park.

Antiguos propietarios todavía recuerdan cómo se llenaban sus negocios, o cuando figuras como Benny Moré se tomaban un trago en estos. Miriam Rodríguez, vecina de la localidad cuyo padre era dueño de una de las bodegas de la zona, me confirma: “El establecimiento de mi padre estaba muy cerca, y siempre cuando la gente salía del hipódromo pasaba por la cantina de la bodega; era un apoyo económico muy grande para nosotros, la verdad es que estar cerca del Oriental Park era un privilegio”.

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Eliseo Venero (El Ciego) con un trofeo ganado por su tío el Jockey Eliecer Venero. Foto: Mario Luis Reyes

Eliseo Venero, de 69 años, conocido por sus vecinos como El Ciego, se ha convertido en una especie de historiador informal del barrio, y precisamente el Oriental Park es su mayor obsesión. En su casa guarda decenas de fotos de las carreras, viejos programas del Hipódromo, un cuadro inmenso con la imagen del antiguo Oriental Park que dice: Come to Havana, Cuba. Only 90 miles from Miami; un trofeo en honor de la reina británica ganado por un tío suyo, que era jockey, la licencia para competir de dicho familiar, entre otras cosas de lo más variopintas.

“Todo el mundo aquí iba a las carreras de caballos, se llenaban siempre, yo iba todos los días, desde niño, pero lo que más me gustaba era ir a los establos a ver como se preparaban las carreras” – es lo primero que me dice El Ciego, con evidente nostalgia.

“El barrio tenía mucha más vida, en las mañanas todo el mundo iba al Hipódromo a trabajar, aquí muchísima gente vivía de ese centro, desde los veterinarios, los entrenadores, los  caballerizos, los que atendían la pista, los electricistas, los trabajadores de la imprenta, los del Jockey Club. También muchos jinetes vivían en la localidad,  el famoso Avelino Gómez, por ejemplo, y también Juanito Posada, que vive aún, aunque ya está muy viejito.”- me cuenta el Ciego.

“En todas las esquinas, como se habla ahora de fútbol, se hablaba de caballos” – dice Eliseo. “Hasta hace unos años todavía nos reuníamos los domingos frente a mi casa como diez personas a recordar aquellas carreras. Siempre me acuerdo de Carlos Antonio, uno de los que venía a conversar, que decía “¿Pa` qué éste habrá cerrado el hipódromo? Hoy es domingo y mira donde estoy yo, debajo de un árbol en plena calle, ahora estaría ahí adentro.” Hay vecinos que aún tienen la esperanza de que vuelva a abrir. Muchos jóvenes se me acercan para que les cuente como era aquello.”

Ahora estos viejos aficionados no tienen más remedio que conformarse con ver, un puñado de veces al año, los videos que les mandan amigos de Miami o de Ecuador, con carreras grabadas. Con suerte dan con el Kentucky Derby o el Preakness Stakes. Los discos pasan de casa en casa, y no mucho tiempo después ya están rayados de tanto uso.

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Cartel publicitario del Oriental Park.

Hasta el año 1961 el Oriental Park mantuvo un altísimo nivel, incluso se realizaban carreras de noche gracias a la gran inversión que realizaron sus dueños de entonces, pero a medida que se fue acrecentando el conflicto entre Cuba y los Estados Unidos comenzó a disminuir la cantidad de caballos que venían de ese país, por lo que bajó la calidad del espectáculo, no así la afición. Aquí existían fincas de criadores que siguieron dando caballos de calidad. El Hipódromo, según cuentan los vecinos, se llenó hasta el último día.

Tras preguntarle al Ciego por los motivos del cierre, comenta: “Lo cerraron porque se les metió en la mente, como mismo cambiaron un millón de cosas. Decían que Revolución era cambiarlo todo. Esa era la palabra. El hipódromo generaba muchos ingresos, pero decían que era un centro de vicio porque se hacían apuestas, pero antes de la Revolución era de más vicio porque había dentro del Jockey Club un pequeño casino. Aquí nunca más se ha mencionado a los caballos, ni en la televisión, ni en los periódicos, eso para ellos es una cosa mala, ¡pero qué va a ser malo!”.Andrés Sánchez, antiguo caballerizo del Oriental Park, interrumpe: “Él lo cerró porque no quería vicio, decía que eso era un vicio, un juego, y total, ahora hay más vicio y jodienda que nunca.”

El cierre del Hipódromo tomó a muchos por sorpresa, aunque se sabía que las apuestas estaban destinadas a desaparecer en algún momento, al menos de forma oficial. Uno de los primeros indicios de esto fue que el Oriental Park fue tutelado por el Instituto Nacional de la Industria Turística (INIT) y no por el Instituto de Deportes (INDER), como algunos deseaban. Tras el cese definitivo, los trabajadores fueron ubicados en diferentes lugares, que podían ir desde Coppelia hasta bares o cafeterías en cualquier parte de la ciudad. A los caballos que se entendió que debían salvar se les envió a una finca en Artemisa, dirigida por el comandante Guillermo García Frías. El objetivo era hacer una finca de recrías para vender al extranjero los mejores ejemplares.

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1.6 Andrés Sánchez, antiguo caballerizo del Oriental Park. Foto: Mario Luis Reyes

Andrés Sánchez tiene 81 años y su vida la echó junto a los caballos. Trabajó en el Hipódromo veinte años, empezó en 1947 con solo 12 años, haciendo las labores más rusticas, después paso a ser caballerizo, y finalmente, el segundo de un dueño de caballos “porque esto hay que aprenderlo con los años, no es fácil”. Cuando se produjo el cierre se fue a trabajar a la finca donde enviaron a los caballos, llamada Rancho Azucarero, “se llama así porque tiene dos centrales en las orillas”, aclara.

Andrés sí tuvo la suerte de ver correr caballos posteriormente, aunque nada que ver con el espectáculo que significaba esto en el Oriental Park. En la finca hicieron una pista mucho más pequeña y de menor calidad, y según cuenta Sánchez, a veces venían invitados o el propio Comandante García Frías y se montaban carreras de exhibición para ellos.

Es impresionante como estas personas recuerdan todo con tanta exactitud, mencionan nombres de caballos que vieron correr sólo unas pocas veces, discuten sobre los jueces de entonces, enumeran las posibles trampas realizadas y sus consecuencias, incluso pueden narrar cualquier carrera sin equivocarse en el más mínimo detalle.

Aparejado con el cierre del Hipódromo vino la intervención de los diferentes comercios   existentes en la localidad, en la famosa “Ofensiva Revolucionaria” de 1968.  El barrio se fue quedando sin negocios, y el período especial en los 90 les dio el tiro de gracia a los pocos que quedaban. Hoy el estado constructivo de esta zona se encuentra en malas condiciones, aunque como un arquitecto le dijo una vez al Ciego: ¨todavía se puede adivinar que este barrio tuvo quince”.

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Vista de la calle 106. Al fondo antigua entrada para trabajadores del Hipódromo. Foto: Mario Luis Reyes

Algunas de las entradas al antiguo establecimiento se mantienen actualmente en pie, aunque ahora ese espacio lo ocupa la empresa Transimport, encargada de recibir una gran parte de los automóviles y camiones que se importan en el país así como muchos accesorios de estos. También un comando de los bomberos se encuentra ahí dentro. El acceso a la instalación está prohibido, y mucho más hacer fotos dentro. Afortunadamente, El Ciego logró entrar hace unos años con una pequeña cámara, y me muestra el estado en que se encontraban cada una de las antiguas instalaciones.

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Antigua entrada para automóviles y para el Jockey Club del Hipódromo de Marianao. Hoy empresa Transimport. Foto: Mario Luis Reyes

La pista de carreras fue hormigonada, el gran stand (una especie de grada para 8.000 personas) funciona como un parqueo-taller de camiones y carros, el Jockey Club, ahora  convertido en oficinas, se ve muy deteriorado, incluso tiene algunas zonas apuntaladas; de los establos, que estaban hechos de mampostería, sólo quedan las estructuras,  y los jardines exóticos, que eran bellísimos según cuentan los que los vieron, ya no existen. Más que repararlo, al Hipódromo habría que construirlo de nuevo.

Paradójicamente, para eliminar el juego fue cerrado el Hipódromo más importante de América Latina, y en el Barrio de Los Quemados, donde estaba enclavado, el juego, precisamente, no ha desaparecido. Eliseo recuerda: “En aquellos años las penas eran muy duras por cogerte con una lista de la bolita. Hubo quien se la tragó. Pero siempre hubo bolita. Aquí en todas las cuadras hay apuntadores, eso no lo van a poder eliminar. La gente escondida jugaba al dinero dentro de las casas al dominó, a la lotería, también se peleaban gallos”.

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Uno de los negocios en el cual se reunían los aficionados tras terminar las carreras.

Hoy, en algunas esquinas, se puede advertir fácilmente a los más jóvenes jugando al burle, una especie de Póker tropical.  Las apuestas proliferan en torno a cualquier deporte, incluso hablan de la existencia de casas especializadas en este asunto. A las bolas, al ajedrez, al dominó, a la manito, al fútbol, al papalote, a todo se apuesta en Los Quemados. En el mismo barrio que se privó de un espectáculo tan fascinante como las carreras de caballos y de un centro de referencia en el continente como el Oriental Park, cuarenta años después sigue proliferando el juego como en sus días de mayor esplendor.