La Habana, diciembre y 1997

DearTom:

Espero que al recibo de la presente te encuentres bien en compañía de familiares y amigos. Yo ahí. Seguramente te preguntarás cuál es el motivo de esta carta después de tanto tiempo sin recibir noticias mías. Justamente porque creo que ya es hora de que tengas noticias mías es por lo que te escribo. En realidad estoy harto de estar en la zona gris blanco violácea de tu cerebro donde guardas los nombres del 99.987 por ciento de los seis mil millones de personas vivientes en el mundo que no conoces y que resumes, filantrópicamente, con el dulce término “la humanidad”. Estoy harto de ser parte de “la humanidad”.

En los últimos tiempos he estado pensando y tratando de recordar cómo fue que tú, al menos desde mi punto de vista, dejaste de ser parte de “la humanidad”, es decir, del 99.997.54 por ciento de los seis mil millones de personas vivientes en el mundo que no deseo en absoluto conocer. Cuando aquello sucedió yo era joven e inexperto y no sabía lo que quería en la vida. (Ahora he evolucionado y ya en la vida no quiero nada). Pero entonces era todavía más joven y más inexperto y, por consiguiente, más influible por las malas influencias. Todo ocurrió en una jornada más del Gran Torneo del Pasillo Universitario, allá por el año 1991 o 1992, que como fueron iguales no hace falta aclarar. El Gran Torneo del Pasillo Universitario es un evento singular y no excesivamente carente de interés. Por desgracia, “la humanidad” no ha aquilatado bien lo beneficioso que es este entretenido deporte para la educación de las nuevas generaciones. El Gran Torneo del Pasillo Universitario comienza cuando suena, resuena, chirriiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiia, el timbre, la campana, la matraca o la gangarria que las Facultades Universitarias que se respetan utilizan para conceder a los alumnos cinco o diez minutos de sentido común y librepensamiento entre clases. Es un espectáculo 6 conmovedor el que ocurre entonces. Los alumnos se dedican esforzadamente durante ese pequeñísimo tiempo del receso a probar sus habilidades y conocimientos, y los más aventajados a ayudar a la superación de sus compañeros, demostrando públicamente lo atrasados, ignorantes, despistados, feos y cheos que son. La gran estrella en el Pasillo Universitario es el Inteligente. Cuando se dice de algún alumno que es Inteligente se le ha conferido la máxima distinción a que pueda aspirar. Ser Inteligente, sin embargo, no tiene nada que ver con dominar bastante todas las asignaturas ni con un desarrollo sobrenatural de algunas zonas gris blanco violáceas del cerebro, sino más bien con

Primero: mirar a todo el mundo por encima de la cabeza (o por lo menos, por encima del hombro)

Segundo: manifestar explícita o implícitamente cuán despreciables, miserables y pequeños son todos los seres de este mundo, incluyéndolo, modestia aparte, a él mismo

Tercero: no demostrar adhesión profunda a ninguna idea, movimiento, partido, país (especialmente a este país), estética, filosofia, ciencia o color del pelo

Cuarto: admirar moderadamente a algunos escritores, pintores, profesores, películas y programas de televisión bien seleccionados por su inaccesibilidad para Las Masas

y sobre todo sobre todo sobre todo

NO DARSE POR ENTERADO

es decir, que a un alumno Inteligente se le puede permitir hasta que se ponga pulóveres con letreros de la UjotaCé, horror mortis, pero nunca nunca nunca que pregunte, como hizo cierta vez un infeliz miembro de Las Masas principiante en el Gran Torneo del Pasillo Universitario, si ese tal

LE

          ZA

                      MA

era profesor de la Facultad, lo cual fue suficiente dos veces y media para vetar de por vida el acceso de ese miembro de Las Masas a la condición de Inteligente. Porque todo alumno principiante en el Gran Torneo es incluido inicialmente en Las Masas hasta que haga méritos y se vuelva Inteligente. No es necesario que lea a Lezama, porque en ese caso no podríamos contar con Inteligente alguno, pero sí que, cuando menos, lance con cierta regularidad los más feroces denuestos contra los profesores de la Facultad.

En el año 1991 o 1992, no recuerdo bien porque fueron tan parecidos, comenzaba yo a obtener mis primeros lauros en el Gran Torneo del Pasillo Universitario. Había demostrado con pruebas fehacientes haber leído dos o tres libros que nadie más en todo 7 el Pasillo había ni siquiera oído mentar. También había aprendido a entornar los ojos con humilde conmiseración cuando se hablaba de algunos profesores. Era toda una Joven Promesa. Y por eso debería enfrentar en lo adelante las más dificiles pruebas antes de ser declarado indubitablemente Inteligente. Heme aquí que salgo de una instructiva clase de Filosofia Marxista Leninista, con cara de San Francisco de Asís dando limosna pero en mi interior materialista y empiriocriticistamente preparado para afrontar los más rudos desafios. Mírame avanzando por el Pasillo, escogiendo el grupo de oyentes en el que voy a comprobar mi Inteligencia aún insuficientemente valorada, esquivando con cautela los círculos beisboleros o telenoveleros, vade retro Satanás, avistando a lo lejos un grupúsculo en el que con un poco de suerte se estará hablando tal vez de Eliseo Diego, lo he leído, la Loynaz, la he leído, la última obra de El Público, no la he visto pero me la contaron, allá voy cuando súbito de un salto arranca húrtase se quiebra gira abre en dos la cachemira y con la sonrisa de Hitler cuando le informaron que el último de los judíos de Alemania había sido achicharrado un Inteligente Inteligente, no uno cualquiera, me dice, me informa, me impone de que Hoy Mismo van a lanzar

EL

NUEVO

PERIODISMO

y yo me siento materialista y empiriocriticistamente derrotado ante esta nueva crisis de la fisica, esta reaparición de Dios y el destino y lo inexorable y la demostración irrefutable de que el mundo es incognoscible y a pesar de que me siento como Hitler cuando supo que quedaban judíos por achicharrar y que había tantos judíos judíos en Alemania que eran inachicharrables, respondo con entereza y convicción “Sí”, dándole a entender al Inteligente Inteligente que ya estoy enterado y que no le doy demasiada importancia al asunto porque 1) yo leí ya EL NUEVO PERIODISMO o 2) yo leo libros mejores que EL NUEVO PERIODISMO, o puede ser que también con entereza y convicción, pero con un modesto matiz de sorpresa responda no “Sí” a secas, sino “Siiiiiiiiii”, para que el Inteligente Inteligente no se me ofenda pero quede claro que 1) yo conozco lo que es EL NUEVO PERIODISMO y 2) me sorprende que nuestras editoriales, nuestro Ministerio de Cultura, nuestro gobierno, nuestro país, tan atrasados, tan aburridos, tan malos, tan, publiquen EL NUEVO PERIODISMO, incluso puede ser que en vez de “Siiiiiiiiii” haya respondido “Noooooooooo”, que significa lo mismo, pero en ningún caso never estoy seguro respondí ”No”, que hubiera significado que me Daba Por Enterado en ese momento de que se fuera a publicar EL NUEVO PERIODISMO, lo cual no es tan grave, pero que podía hacer pensar al Inteligente Inteligente que yo ni siquiera sabía lo que era EL NUEVO PERIODISMO yeso sí que no.

Como ves, Tom, mi problema con el Nuevo Periodismo tiene un carácter esencialmente epistemológico. Durante años me he sentido delante de esas palabras como Newton con la manzana en la mano. ¿Debo dejarla tirada, comérmela, o bien descubrir la ley de la gravedad? Por desgracia, los seres humanos tenemos la tendencia de no dejar tiradas las manzanas en el suelo, por lo que terminamos con dolor de estómago las más de las veces, un mal menor que descubrir la ley de la gravedad, que sirve para que los aviones y los búcaros de cristal caigan al suelo y se rompan. En mi caso lo que al final me hizo no dejar la manzana en el suelo sino comérmela fue la mágica y prestigiosa palabra, qué Nuevo ni qué Periodismo, la única palabra invulnerable de la lengua, la sublime, la impar

LI      TE      RA   TU    RA

que es generalmente considerada en nuestro medio como una ocupación habitual de las personas que han alcanzado la condición de Inteligente Inteligente Inteligente, y que forman un clan misterioso, apartado de los agitados vaivenes de la cotidianidad, y se denominan a sí mismos, por supuesto, La Intelectualidad, una palabra que, como el nombre de Jehová, no debe ser pronunciada en público si no es con el debido respeto. Llegar a ser de La Intelectualidad es el más caro sueño ya no de los que participan en el Gran Torneo del Pasillo Universitario, sino de todos los que intervienen en la Olimpiada Social. Tal vez la información de que había sido publicado EL NUEVO PERIODISMO la hubiera olvidado de no haber aparecido en el asunto la palabra LITERATURA. Naturalmente, yo no fui a la presentación de tu libro, Tom, no solo porque desde que asistí a la presentación de P ARADISO me prometí no volver a asistir a presentación de libro alguno en lo que me quedara de vida (el saldo de aquella paradisíaca presentación en la Plaza de Armas fue de 14 heridos leves y más de 500 reputaciones perdidas) sino que tampoco fui porque en estos tiempos uno nunca sabe lo que puede ocurrir y si el libro cuesta más de diez pesos va y te tienes que ir sin comprarlo, tremenda pena. Así que unos días después, alegando un pretexto razonable para justificar mi desposesión del libro de moda, pedí prestado un ejemplar, a ver. Y allí estaba, en la nota editorial, perfecta, brillante, sólida y eterna, reprochando mi desidia y negligencia, LITERATURA.

Tú no puedes imaginar el impacto que esta palabra tiene en las más recónditas zonas de mi cuerpo cada vez que la escuchan mis oídos o la ven mis ojos. Es como si impulsos eléctricos recorrieran mi esqueleto desde el cráneo hasta las falanges de los pies. Es como si yo fuera un bombillo de 40 y me prendieran. Así. Ah, Tom, si tú supieras… Cuando leí tu libro (después de apropiarme de un ejemplar en el almacén de la Facultad) sentí que desde el fondo de tu ser lo habías escrito pensando en que yo lo leyera, aunque nadie te hubiera informado que ya mi natalicio había ocurrido. Tom, yo, yo también, lo reconozco, lo confieso, yo también sueño con escribir … La Novela. Antes hubiera preferido morir que reconocerlo, pero ya no tiene ninguna importancia que los demás lo sepan y puedo gritarlo a los cuatro vientos. ¿Preparados los cuatro? ¡Y 0000 quierooooo escribiiirrrrr Laaaa Novelaaaaaaaaahhhj!!!! Y no me importa que la autosuficiencia sea un rezago del pasado indigno del hombre nuevo.

Reconozco, confieso, declaro públicamente que poseo ese lamentable defecto que me impide ser un hombre nuevo. ¡Yo quiero escribir La Gran Novela Que Va A Cambiar La Literatura Cubana! ¿Comprendes, Tom? Yo ingresé en la Facultad de Periodismo con el mismo visionario optimismo con que Colón se embarcó hacia las Indias sabiendo, sin decírselo a los demás pero sabiendo que iba a encontrar el Mundo Nuevo. Yo, futuro Gran Almirante de la Literatura Nacional, iba dispuesto a atravesar las aguas turbulentas del Océano Universitario pero no para llegar al Periódico sino a la Inmortalidad. El Periódico, cuando más, seria una especie de motel donde se pasa la noche en la ruta hacia el triunfo final. Mi objetivo era conseguir empleo en un periódico, permanecer íntegro, pagar el alquiler, conocer “el mundo”, acumular “experiencia”, tal vez pulir algo del amaneramiento de mi estilo .. Juego, en un momento, dejar el empleo sin vacilar, decir adiós al periodismo, mudarme a París, trabajar día y noche durante seis meses e iluminar el cielo con el triunfo final. El triunfo final lo solía llamar París.

Es decir, ¡no!, el triunfo fmallo solía llamar La Novela. (pero París, París … ¿Cómo se puede escribir una buena novela cubana si no es en París? Es por este detalle esencial que nuestra narrativa no puede prosperar. Si uno tiene mucho talento, no taleeeeento sino talento, va y a lo mejor puede escribir una buena novela en el Vedado, y si uno es un genio pero vaya, un genio descomunal, quizás escriba un novelón en la calle Trocadero de Centro Habana). EN ESTE PUNTO, 3:10 PM, SE ACABA MI TIEMPO DE MAQUINA. CONTINUAMOS LA SEMANA QUE VIENE SI NO SE VA LA LUZ. CUALQUIER FALTA O INCOHERENCIA DEL ESTILO NO ES CULPA DEL AUTOR SINO DE LAS NUEVAS TECNOLOGIAS. ROGAMOS NOS DISCULPEN CUALQUIER MOLESTIA QUE ESTA SITUACION LES PUEDA CAUSAR. AHORA CONTINUAMOS. SON LAS 9:56 AM Y NO SE HA IDO LA LUZ. Como decíamos ayer, es decir, la semana pasada, el triunfo final solía llamarse La Novela, sobre todo La Novela en la Avenida Foch de París pero esencialmente, básicamente, La Novela. Por una curiosa coincidencia, muchos de mis condiscípulos en la Facultad de Periodismo, sobre todo aquellos que se consideraban a sí mismos Muy Inteligentes, tenían una aspiración similar. Para colmo de males, demostraban en conjunto una ridícula falta de originalidad, pues ninguno de ellos, internamente, designaba sus planes con otro nombre que no fuera el tan reiterado de La Novela. A ninguno se le ocurría imaginarse como el autor de El Libro de Poemas o de El Ensayo, noooo, qué va, ni siquiera de El Libro de los Mejores Cuentos Jamás Escritos en el Mundo. Escribir o no escribir La Novela, that was the question. Escribir La Novela o morir. La Novela o Muerte. ¡Venceremos! Y todos, con el mismo conmovedor espíritu optimista y tierno arrobamiento, imaginábamos lo lindo que seria dedicar unas palabras de agradecimiento y unos consejitos de nada a “la humanidad” cuando en pago por nuestros esfuerzos nos entregaran el Premio Nobel. En Su-e-ci-a. A-i-ce-us. Ay, Zeus, por tu madre, ¡Suecia! A un critico que nunca haya imaginado lo que se siente al pronunciar el discurso de agradecimiento a ‘1a humanidad” por el Premio Nobel, en Suecia, a un imbécil semejante se le puede ocurrir pensar que esta es una ambición pueril y pequeñoburguesa. Afortunadamente, una investigación de la UNESCO ha demostrado que la ambición literaria es muy anterior al capitalismo. Según este estudio, el 63.87 por ciento de los jóvenes entre 12 y 35 años nacidos entre 3300 AC -cuando a alguien en Sumeria se le ocurrió escribir algo en una tablilla de barro- y la actualidad, reconocieron haber pensado en algún momento en dedicarse a la literatura. El 32.45 por ciento dijo haber empezado a escribir un cuento o un poema. El 12 por ciento exacto de los encuestados afirmaron haber empezado a escribir una novela, pero solo el 3.33 por ciento de ellos la terminó. Por desgracia, solo unos noventa y pico de estos intrépidos jóvenes llegaron a Suecia para dar las gracias por el Premio Nobel.

El problema es que los que no llegaron, una de dos, o se dedicaron a otra cosa o se murieron de hambre. Por consiguiente, todos los aspirantes a ser Escritor Famoso se dedican, mientras no lo son, a ser cualquier otra cosa. Aquí es donde entra el Periodismo. En general, la opinión que tiene la gente acerca del Periodismo es bastante deplorable, y solo la supera en este aspecto negativo la que tienen acerca de su propia profesión los periodistas. Claro que cuando se celebra el aniversario del periódico o el Día de la Prensa, todos ellos dicen ser muy felices en su trabajo y que no lo cambiarían por nada, pero los demás días se quejan continuamente y confiesan que esta es una ocupación miserable. Ah, el Periodismo! Nadie en el mundo trabaja más que los 10 periodistas por menor recompensa. Deben escribir en su vida entera tanto como para llenar una tira de papel de 10 pulgadas de ancho y el largo de 15 líneas del Ecuador. A cambio, reciben con puntualidad anonimato, desprecio y reprimendas. En el mejor de los casos, pueden llegar a disfrutar de una corta y moderada celebridad, si esta, en el caso peor, no se vuelve en su contra. El público los censura, les cuenta las faltas de ortografia y los llama, en ocasiones sin razón, mentirosos. Los políticos desconfian de ellos y los Intelectuales, por su parte, les profesan un cordial aborrecimiento, aunque es bueno decir que los periodistas se consideran a sí mismos, modestamente, Intelectuales. Su propósito en el Reino de este Mundo es justo dejar de ser modestamente Intelectuales para ser Intelectuales de Verdad, lo que algunos logran si llegan a escribir un libro de Entrevistas, Crónicas, Reportajes, Testimonios u otro producto de ese cariz, y los invitan luego a participar en un Coloquio junto a alguien reputado sin dudas como un Intelectual de Verdad. A pesar de estas deficiencias, el Periodismo puede ser un buen oficio si uno lo sabe dejar antes de llegar a la estupidez. Esto lo dijo Hemingway, no yo.

Me he extendido en estas consideraciones, que una mente prejuiciosa y atrasada en literatura pudiera considerar disgresión, para que entiendas, Tom, mi reacción frente a tu libro. Yo también me iba a sumergir en el Periodismo, pero tapándome la nariz. Quería seguir el consejo de Hemingway, estar un tiempo de periodista, ver una o dos guerras, pasear por Europa, matar dos o tres venados con cuernos en África, comprar un apartamento en París, no en San Francisco de Paula, por supuesto, y entonces volverme Histórico. Pero, ¿cómo? ¿Cómo ser periodista y no morir en el intento? Y he aquí que en medio de mis tribulaciones, de mis dudas, aparece la respuesta, el ábrete sésamo, el abracadabra que puede mezclar el aceite y el agua, multiplicar los panes y los peces, hacer que la montaña vaya a Mahoma, convertir el Periodismo en Literatura: ¡TU! ¡Tú habías declarado la Independencia del Periodismo de la Metrópoli literaria! ¡Tú habías hecho al Periodismo perder su complejo de inferioridad y lo habías hecho subir a Primera División! ¡Tú habías hecho desvanecerse al sueño de La Novela y habías puesto en el primer plano a, casi da pena decirlo, al Reportaje! ¡Tú eras la Libertad guiando al Pueblo de los Jóvenes Periodistas a la toma de la Bastilla de la Posteridad! Desde aquel día glorioso, y aunque sin abandonar, lo confieso, el sueño de La Novela, qué le vamos a hacer, quise ser, para empezar, lo que tú eras, un

NUEVOPERIODISTA

y así, nuevoperiodista de la cabeza a los pies, me presenté en un periódico después de terminar la Facultad. Iba dispuesto a epatar.

Para ser sincero, debo admitir que el edificio donde tienen su sede todos los periódicos de La Habana no pareció inmutarse con mi presencia. Este es un lugar sumamente curioso y digno de unas palabras de recordación. Su configuración arquitectónica se puede comparar, aproximadamente, con la de un escaparate lleno de gavetas, en cada una de las cuales se guarda, por así decirlo, un periódico. A su vez, la mayoría de los periódicos imita esta estructura, y consisten en un largo pasillo en el cual se abren innumerables puertas, en una de las cuales se guardan, por así decirlo, los periodistas. Estos, como se ha dicho, forman una cofradía muy especial. Entre ellos suelen reinar la armonía, la comprensión y un particular compañerismo, solo turbados ocasionalmente por causas indignas de mención. Cada cual ocupa un lugar preciso en la jerarquía de la 11 redacción, que se mide por el número de trabajos publicados, por los reconocimientos y premios obtenidos, por el aprecio de sus colegas y jefes y por el número de veces que viaja al extranjero. Nadie que quiera prosperar en el oficio cuestiona tal orden y así todos viven muchos años y son muy felices.

Pero nada es perfecto, y mírame, nuevoperiodista y todo, como me llevo tres palmos de narices. Tom, mi querido Tom, no pude hacer nada, no pude, fracasé. Ven acá, vamos a ver, díme cómo diablos tú harías nuevoperiodismo o lo que sea si te mandaran diariamente a cubrir Asambleas de Balance De, Reuniones de Análisis De, Homenajes A, Actos por el Aniversario De, Encuentros Con, Celebraciones En, Intervenciones En, Recibimientos A y Marchas y Desfiles y Caminatas Hacia, Hasta y Por. Díme, qué harían las mejores zonas gris blanco violáceas de tu cerebro si tuvieran que tragar, digerir y expulsar como buena prosa literaria ese material. Seguramente lo mismo que yo, sufrir, sudar copiosamente, repetir cuartilla tras cuartilla, romperlo todo, volverlo a escribir, cambiar palabras, buscar términos no usados, intentar algo original, cambiar la sintaxis, engarzar una metáfora y entregar al jefe de redacción el resultado para que reciba el máximo calificativo posible:

bonito

¡Bonito! Yo no sé si tú comprendes el preciso valor semiológico que tiene este término entre nosotros. En Cuba son bonitos

el coro infantil de la televisión cantando ‘Todos los niños del mundo”

el hotel Cohiba

el final de ‘Fresa y Chocolate”

el Malecón al atardecer, Varadero y el valle del Yumuri el mercado de Carlos III

César Évora

en fin, un amasijo informe, deforme, multiforme de cosas de toda laya merecen el apreciativo juicio de ‘bonitos” y, en grado superlativo, hasta “de lo más bonitos” Tan triste es la situación del nuevoperiodismo nacional, dedicado a transformar en algo . bonito” el aburrimiento y la trivialidad. Y si triunfa en su empeño, al pobre nuevoperiodista sus colegas le otorgarán el diploma moral al Mérito de Escribir Bonito y dirán de él, en las conversaciones de la redacción, que es Todo un Escritor, un Literato que algún día escribirá, oh, dios mío, Una Novela. Y en esta frase, no creas, habrá un velado reproche, un amargo resentimiento contra el tránsfuga, el traidor a sus compañeros, el pretencioso so autosuficiente que se cree que escribe mejor que nadie.

Mientras estas respetables opiniones se manifiestan en la redacción, afuera bulle la vida. Los nuevoperiodistas tienen a su disposición todos los años noventa locos de Cuba, los remóricos, intérricos, azarramados, parsos, dólicos, gruosos, fálitos y enfetésimos años noventa de Cuba. Para ellos solos. Cuando yo llegué a La Habana a principios de los años noventa, procedente no de una lejana provincia rural sino del preuniversitario, no pude dar crédito al espectáculo que se abría ante mí. Millones de seres extraños y atractivos corrían, se empujaban, se movían en todas direcciones ocupados en las más diversas, raras y divertidas tareas. No parecía haber límites para la imaginación, el deseo y la concuspicencia de tantos individuos. Un intensísimo afán por divertirse, amar, jugar, ganar, poseer, disfrutar, aprovechar y vivir parecía haberse apoderado de la gente. Criaturas jamás vistas antes brotaban de todos los rincones e invadían las calles y alborotaban los días y las noches. Uno podía ver

rockeros

trovadores sin voz

raperos

punks

empastillados

marihuaneros

macheteros descalzos

cuadros de muchas organizaciones doctores en ciencias a los veintidos años gays

lesbianas

travestis

prostitutas

pingueros

chulos

artistas porno

jineteros

cambistas

practicantes de yoga

boliteros

boteros

bunquenques

mercachifles

choreros

corredores de mudanzas celestinas en divisas

una prima ballerina assoluta locos

agentes de alquileres pagadores de promesas mesÍas públicos mendigos

vagabundos deambulantes bohemios

ecologistas astrólogos cartománticos espiritistas

desactivadores de bombas santeros

una poetisa de 92 años

coleccionistas de todo

constructores de zoológicos

criadores de palomas

bomberos aficionados

modelos

burócratas del dólar

recordistas mundiales

grandes fracasados

alcohólicos sidosos

generales de diez guerras

vendedores de lo que sea

fisiculturistas patinadores

corredores de autos

apostadores

jóvenes católicos asociados

seminaristas

buzos del Malecón

libreros

radioaficionados

amantes del tango

pintores callejeros

poetas impublicables

científicos alocados

héroes de nuevo tipo

inventores populares

exploradores y aventureros de cualquier especie que se pueda imaginar. ¿Estuvieron siempre aquí o de verdad aparecieron? Y todo este magnífico material los presuntos nuevoperiodistas 10 han dejado nada más y nada menos que a … la LITERATURA.

EN ESTE PUNTO DE NUEVO SE INTERRUMPE EL TEXTO. DURANTE MES Y MEDIO EL AUTOR SE DEDICO A CUALQUIER COSA MENOS A ESCRIBIR LA TESIS Y HASTA VIO VEINTICINCO PELICULAS EN EL FESTIVAL DE CINE. LUEGO QUE NO SE QUEJE SI EL TRIBUNAL LE DA 3 POR HACERSE EL GRACIOSO.

Que se atrevan a darme 3 para que vean. Decía que todo aquel magnífico material los periodistas lo han dejado a la Literatura. Pero sucede que muchos de nuestros literatos, como es lógico, sienten náuseas por todo lo que pueda parecer Periodismo. Y cualquier referencia a La Realidad que se haga pasar por La Realidad, toda La Realidad y nada más que La Realidad, huele malamente a Periodismo del más barato. Además, es muy trabajoso, fatigante y en definitiva estéril ir por ahí entrevistando y observando a cualquier gentuza de esas que seguro que no saben ni hablar. Mejor es Inventámoslo Todo, que para algo nos lo Sabemos Todo, y ya. La peste el que se gane un premio de Testimonio.

Un desastre. Tom: espantado de todo me refugio en ti. Ya ves que me ha sido imposible imitarte. Así pues, he decidido que, dado el significativo atraso nuevoperiodístico de nuestro periodismo, debo empezar desde cero. Comprendí que primero que nada hay que alfabetizar a nuestros compatriotas en materia de periodismo no somnífero. (De paso, escribir todo lo que le faltó a tu libro. Son muchos detalles que no contaste, seguramente por modestia). Puesto en el trance de escribir una tesis de Maestría, he decidido consagrarla a tan noble ideal. La Historia me recordará como el fundador del Nuevo Nuevoperiodismo. Ya es algo.