Foto: Internet

Foto: Internet

El filósofo griego Demócrito alguna vez lo aclaró: “Todo muere”. Este martes 18 de diciembre entró una llamada a mi teléfono que anunciaba algo increíble, aun cuando en realidad confirmaba mis propias investigaciones de los últimos tiempos sobre un posible acercamiento entre Cuba y Major League Baseball (MLB). Eran las 4.32 de la tarde.

Habrá un acuerdo pronto”, dijo la fuente, que nunca me había fallado en varios reportes sobre firmas de cubanos en Grandes Ligas.

No hice más que preguntar cómo, por qué y cuándo. Para un cubano siempre es difícil creer en las promesas de cambio verdadero; no hemos experimentado muchos desde hace unos 60 años. Sin embargo, mi fuente era, es, más que confiable, así que no iba a perder la oportunidad de revelar una historia tan emocionante como esta, en especial, para alguien como yo que, luego de cuatro años y más de 600 entrevistas, está a punto de publicar un libro sobre la migración del béisbol cubano.

Mi fuente, cercana a varios ejecutivos y organizaciones de Grandes Ligas, se unía a otras voces que desde Cuba me notificaron sobre una reunión secreta en noviembre último entre Higinio Vélez y la prensa oficial de la isla. Allí Higinio también adelantaba que vendrían “cambios”, pero —dijo, glosando a Martí— que “las cosas, para lograrse, debían andar ocultas”. El rumor empezó a correr… hasta este martes a las 4:32 de la tarde.

Escribí mi reporte y a las tres horas de publicado ya poseía más de 400 retweets y 800 likes en la red social de Twitter. Varios colegas me escribieron sorprendidos, diciéndome que era una conclusión más que apurada, tomada a la ligera. Me escribieron agentes, inversionistas desde República Dominicana y peloteros cubanos desde el limbo (sin obtener aún la agencia libre). Pocos daban crédito.

En todo caso, aquella podía ser una señal de que mi estudio sobre la migración del béisbol cubano, junto con el propio fenómeno que examina, estaba llegando a su final, y yo mismo se lo estaba anunciando al mundo. Siempre he sido ateo, pero todo esto se parece demasiado a la Providencia. Quizá porque mi padre les mentía a mis profesores en Primaria para escaparnos al estadio de béisbol, o porque uno ha recogido el sufrimiento de muchos a lo largo de tantos años. De Camilo Pascual a Yunesky Maya, la misma curva con diferente efecto.

Exactamente 24 horas después de mi tweet, Cuba y MLB oficializaron en respectivas notas de prensa un histórico acuerdo que rompe las claves y contradicciones de los últimos 58 años.

Los beisbolistas de 25 años y seis Series Nacionales a sus espaldas, podrán desde ahora firmar con equipos de la gran carpa sin renunciar a su residencia en la isla. Es el cuarto acuerdo que realiza MLB con ligas extranjeras, en la estela de Japón, Surcorea y Taiwán.

Rob Manfred, comisionado de MLB, y Tony Clark, presidente del sindicato de jugadores, validaron el nuevo pacto y, en lo futuro, el pasatiempo nacional de ambos países será, como otras veces, el puente que salve las peligrosas aguas políticas del Estrecho.

Por ridículo que suene, insisto, hubo que esperar 58 años para llegar a este punto.

El acuerdo representa el cierre anhelado por ambas partes a la desbandada de atletas cubanos (que supera los 400 desde 2013). A algunos nos deja insatisfechos en tanto el affaire Cuba debió y pudo reinventarse todavía más radicalmente desde hace mucho tiempo.

Asimismo, el “nuevo trato” con la Federación Cubana significa un portazo desesperado por parte de MLB a muchas acusaciones de agencias federales, digamos, FBI, DEA, sobre la participación — o al menos el consentimiento— de algunos ejecutivos beisboleros en el tráfico humano ligado al éxodo de peloteros cubanos hacia Estados Unidos.

En el libro Baseball Cop: The Dark Side of America´s National Pastime, el investigador Eddie Domínguez esclarece algunas cuestiones. La proliferación de agentes corruptos, inversionistas, buscones, lancheros, scouts que negocian firmas ilegales, managers generales envueltos en sucias estratagemas para contratar prospectos, así como las redes de tráfico humano que causan muertes y escándalos; todo ello no ha sido más que la consecuencia de un enorme sistema fallido que hasta ahora amparaban los estatutos de MLB.

Y MLB estaba buscando un compromiso a toda costa para sacarse de una vez por todas esa espina atravesada en su millonaria garganta. No se trata solo de amor al juego. Se trata de dinero.

Por otro lado, el acuerdo representa en cierto modo un progreso hacia el pasado, porque Cuba vuelve definitivamente al profesionalismo y a la disciplina de MLB, una entidad millonaria que absorbe todo a su alrededor como un monstruo de siete cabezas.

Pero la Federación Cubana necesitaba detener la debacle de los últimos siete años. Una hemorragia de talento que derivó por cualquier vía: legal, ilegal; tierra, aire o mar. La fuga de toda una generación negada a vegetar dentro un sistema que ofrecía ínfimas oportunidades económicas y nula superación deportiva.

Ahora presenciamos el triunfo de ambas partes frente a sus particulares crisis. Un negocio de ganar-ganar.

Quienes sí tienen las de perder son algunos inversionistas en peloteros cubanos, o los llamados buscones, y cualquier otro tipo de elemento vinculado al tráfico humano y las firmas millonarias de atletas isleños; lo mismo en República Dominicana, Venezuela, México que en Estados Unidos.

Al conversar con varios beisbolistas de diferentes épocas, algunos (mayormente de la década del 60) se mostraron dolidos, otros como Yasiel Puig, José Abreu o Leonys Martín expresaron su alivio por las nuevas hornadas no sujetas a los peligros y las decepciones del pasado.

Algunos reporteros de prestigio como Jeff Passan, columnista de MLB.com y Yahoo Sports elogiaron el trabajo realizado para conseguir mi primicia y mis indagaciones previas. Otros como Jon Morosi (MLB Network), Daniel Trotta (Reuters), Andrew Glazer (productor de Netflix) o Eddie Domínguez (ex-investigador de MLB) extendieron también su reconocimiento. Siempre fue cierto que no perseguí la gloria, pero tampoco el silencio.

Decía que conversé con Leonys Martín al final de la noche del histórico 19 de noviembre de 2018, y el outfielder de los Tigres de Detroit me señaló un punto que todos no debemos olvidar tras este largo y alucinante viaje. Las generaciones de los Arocha, “Duque” Hernández, Contreras, Morales, Ramírez, Maya y, ahora, Abreu o Puig, proporcionaron indirecta, pero decisivamente este enorme cambio.

Cuando reparé en ese razonamiento, ya no existió nada más exacto y trasparente en todas mis pesquisas sobre la migración del béisbol cubano. La ecuación en mi mente era nítida. El sueño produjo el éxodo. El éxodo trastocó la realidad. Esa realidad llevó a que Cuba abandonara su intransigencia y que MLB fuera investigada, presionada y obligada a cerrar un pacto en su propio beneficio. El beneficio de ambos negociadores llevó al restablecimiento del orden natural de las cosas.

El resultado es sintético e inminente. El sueño compartido por tantos hizo posible una suerte de retorno histórico por los caminos promisorios del futuro, y al menos esta vez, superó a nuestra terca realidad.