Roman Filiu. New Jersey 2015

A primera vista, podría pensarse que la época dorada de la música cubana es cosa del pasado, que la isla, como gran referente musical, como fábrica de talentos y virtuosos, de ritmos y bailes, ha sido desplazada por un país en el que prima el consumo de ritmos y música venida de países que antes consumían la nuestra. El consumo musical medio y masivo en Cuba tiene mucho de extranjero, y la producción cubana es muchas veces una cubanización impostada de esas influencias. Quizá porque soy un tipo con fe, pero creo que el espacio creativo cubano está lleno de talentos, virtuosos y experimentación constante. La producción musical cubana guarda muchas joyas, es tan grande el espectro creativo que da espacio a las cubanizaciones del reguetón, trap, pero también al jazz más experimental, o a constantes reinterpretaciones de la música afrocubana y de los clásicos del son, mambo y similares.

  • Julito Padron. La Habana, Cuba 2015

El problema está en el público, el público conducido a un consumo musical foráneo le ha dado la espalda a esta creación, reducida a consumidores muy específicos. Pequeñas élites en La Habana, Nueva York, Madrid o París. Artistas desconocidos en casa y alabados fuera de ella. Según estos, mis criterios, decidí empezar una serie de fotografías de músicos cubanos alrededor del mundo –Nueva York, Madrid–, incluyendo también a aquellos que viven en Cuba y funcionan bajo estas mismas leyes. Es una serie en progreso, donde intento retratar lo más virtuoso de la escena musical cubana actual. Una serie que no sé cuándo terminaré, pues la lista se siguen ampliando con nombres extremadamente talentosos pero que incluso para mí, un oyente curioso, resultaban desconocidos.

 

Adel Gonzalez. La Habana, Cuba 2015.

Adel Gonzalez. La Habana, Cuba 2015.