Rainy Silvestre-Pérez

Entre la soledad y el hastío se camina por las calles de la Pequeña Habana. Esta barrio de la ciudad de Miami, nicho de inmigrantes, se encuentra náufrago en un océano de calles olvidadas, edificios maltrechos por el tiempo y personas a las que no se le presta demasiada atención. Los políticos de la ciudad se conforman con construir inmuebles de bajo costo u organizar desfiles de autobuses cargados de turistas que contrastan con la arquitectura y costumbres de décadas anteriores. Autos chocados o vandalizados yacen a un lado de la calle, corroídos por la lluvia y la falta de recursos de sus dueños. Me tropiezo con algún desamparado, o alguien pidiendo limosna en las esquinas, en busca de matar el hambre. Vuela una paloma. La droga y el pecado deambulan en pleno día . Las reuniones en el parque del dominó le rinden plegaria a un mundo desaparecido, a lugares desde los que partieron, despojados de todo bien, para empezar de cero, lejos de sus íntimos. Crisol de hombres y mujeres de distintas latitudes, este lugar fue cuna y sepulcro simultáneamente. Generaciones han pasado por estas calles, y la gente de hoy, se aferra de manera insólita a un pasado no muy distante.

Texto y fotografias de Rainy Silvestre-Perez.

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