No lo conozco personalmente, pero mientras preparaba Santa y Andrés un amigo me pasó en una USB una copia de Cuba la bella y enloquecí.  Me encantó, me dejó la cabeza mal. ¿Quién había hecho eso? ¿Porqué?

Ricardo Vega es cubano. Realizador. Editor, productor, camarógrafo, asistente de dirección… Me recuerda que también es: «Pintor (de brocha gorda). Me gusta pintar en telas muy pequeñitas, dibujos de perspectivas improbables. También he sido barman, taxista y otras cosas».

Con el tiempo fui leyendo cosas sobre él, viendo otros materiales, escuchando anécdotas, y luego, por esas cosas raras de la vida, fui dejando a un lado su presencia.

Hasta que hace unos meses, después de mis contactos con Marzel, lo encontré en Facebook y le mandé un cuestionario.

El silencio se hizo largo y no supe más de él. Ahora me responde, interesado en el diálogo:

«Hola, Carlos. Disculpa mi tardanza en responderte, estaba defragmentando el disco duro (léase cerebro). Tuve un derrame cerebral, y con la noticia en el hospital de que es el segundo que tengo. Eso como pequeña introducción para entrar en materia gris…»

 Como ven el hombre tiene un sentido del humor sabroso y mucha valentía. Si yo estuviera en un momento así, mando todo para el carajo y ya.

Las preguntas que le hago son desorganizadas y hasta chapuceras, solo así es que puedo lograr que entre cualquier cosa en las respuestas.

Un famoso teórico cubano me ha criticado mucho mis entrevistas porque dice que siempre parecen el diálogo de dos señoras mayores en un Mall de Miami.

Pues, bueno, para empezar, preguntemos…

CL: Ricardo, ¿qué signo eres? 

RV: Géminis con ascendente Géminis, soy como ocho personas a la vez… así que ya sabes, no creas nada de lo que te diga.

Cuéntame de tus padres. 

Justo Vega y Clara Figuerola. Geniales…

 ¿Tienes algo que ver con el mártir Ricardo Vega o es coincidencia? 

 No sabía que un mártir se llamaba Ricardo Vega, a no ser que me hayan declarado mártir allá…

De tus primeros años…

La infancia fue genial pues no sabía que el mundo era otra cosa y que todos estaban tristes y jodidos.

 ¿Primeras películas? 

En la televisión: Who are you, Polly Magoo, Blow up, Solaris, Cleo de cinco a siete, El planeta salvaje… Las vi de niño y marcaron profundamente mi percepción del mundo y, en el cine ,una película  húngara: Los átomos marcados. No entendí nada pero me impresionó mucho; me gustaría verla otra vez. El otro día vi que está completa en El tubo.

¿Películas que adoras?

Demasiadas… todos los dias me soplo al menos dos películas. Me instalé un super pantallón de tres metros y veo el cine en proyección (HD) que, aunque no lo creas, cambia todo.

¿Una actriz y por qué?

Mónica Vitti, y sin necesidad de explicarlo, creo.

¿Una película de toda la vida y por qué? 

Las peliculitas de Néstor Almendros que descubrí, escondidas en un tocadiscos en su casa en Cuba, cuando era un adolescente.

¿Directores, artistas preferidos?

Todo Tarkovsky, Antonioni con Blow up, Rene Laloux, Mike Cahill, Masaki Kobayashi…

Ricardo Vega / Foto: Cortesía del entrevistado

Ricardo Vega / Foto: Cortesía del entrevistado

¿Qué estudiaste? 

El pre universitario lo hice en el Guiteras y, como en mi época no había escuela de cine, me inscribí directo en el Servicio Militar, pa’ salir de eso, y seis meses después me daban la baja por «problemas psiquiátricos». Luego empecé  en el Instituto Politécnico de Diseño Industrial… Me fui sin terminar.

Fui también a la primera convocatoria de la Cátedra Cubana de Cine y, cuando vi la prueba de cultura general que hacían, eran todas preguntas políticas… Me levanté y entregué el examen no sin antes escribir en la hoja las razones por las que me iba. Después me citaron para una reunión con el decano, que era, en la época, Jesús Cabrera, y con Luis Najmías, no sé si él lo recuerde, quienes me pidieron por favor que me volviera a presentar, porque yo era un joven cineasta Premio Caracol de la Uneac [Unión de Escritores y Artistas de Cuba] y que no podía dejar pasar una oportunidad así. Por supuesto que nunca más volví a esa escuela.

Luego intenté entrar en la Escuela de Cine de San Antonio durante cuatro años seguidos y al final Lola Calviño y Jacqueline Meppiel me propusieron ser coordinador de Post-produccion de la escuela, y yo no podía creerlo pues no entré como estudiante y me proponían ser parte del equipo docente de la escuela: «Es que tú conoces a todo el mundo y has hecho cine por encima de todo, y necesitamos de alguien como tú para agilizar los procesos internos».

Y allí  estuve hasta que la Seguridad del Estado hizo que me expulsaran. Tengo que decir que Lola Calviño se enfrentó a «Yamel» (Juan Bautista Romero, que ahora anda de «agente» musical por Italia). Ella impidió que me expulsaran antes del final de mi contrato y me tuvo allí hasta el último momento. Luego no pudo renovarlo pues ellos lo impidieron diciendo que yo trabajaba para la CIA y otras cosas.

 Te vemos de actor en SED de Kiki Álvarez, junto a Verónica López ¿Cómo fue la cosa?

Kiki se había quedado sin actor para su película SED, la historia de dos marginales en un espacio atípico. En esa época yo era exactamente eso, un marginal que se movía en un espacio atípico y deprimente. Él me propuso integrarme al equipo y ahí está el resultado. Una de las películas más «extrañas» y underground del cine cubano. De la cual siento orgullo de ser parte. En ella fui actor y asistente de dirección.

Editas La ola de Kiki Alvarez.

Creo que no la terminé. Pasó ese año tan rápido que algunas cosas se fueron de mi cabeza y, bueno, después de la defragmentación que te conté, algunos «dossiers» creo que se perdieron.

¿Y editas A Norman McLaren de Marzel?

Esa noche fue una de las más  bellas e intensas de mi vida. Marzel… ¡talentazo! Lo adoro. El año pasado fui hasta Valencia a prestarle luces, micrófonos y trípodes para su nueva película. ¡Es un ser especial… otro que dejó todo por la libertad! Como tantos…

Cuéntame de Insomnio. ¿Tienes copias? ¿Se salvó?

Lo que está pa´ ti, ta’ pa ’ti… Yo estaba siempre colado en el ICAIC [Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficas], en el cuarto de edición de mi padre, Justo Vega, y en la biblioteca del noveno piso leyendo libros de cine y conversando con los cineastas «viejos», como Oscar Valdés, Miguel Fleitas, Lopito, Haydu, Arturo Agramonte y otros, y estaba al tanto de muchas cosas de la industria, y editaba las peliculitas que hacíamos «fuera» de la industria. Edité Imagen y semejanza de Lorenzo Regalado, también El Salvador, el pueblo y su lucha de Ramón García: las dos fueron premio de montaje en el festival de cine aficionado Cine Plaza. Y en ese ambiente creativo underground me entero de que Carlos Félix Madrigal pasaba de  asistente de cámara a camarógrafo, y que le habían dado un rollo de mil pies (diez minutos en pantalla) para que filmara y lo entregara como su tesis de cámara; hablé con él y le propuse hacer un cortometraje con esos mil pies. Le gustó la idea y fuimos a capacitación del ICAIC y propusimos el proyecto a Gloria María Cossío. Le encantó. Y así tuvimos el apoyo de la industria (1987) sin que nadie se metiera con nosotros, y sin saberlo hicimos la primera peliculita «underground» dentro del ICAIC. Luego molestó a mucha gente, pues: cómo alguien que no era del ICAIC podía dirigir un cortometraje con todo el apoyo oficial mientras que otros tenían que estar veinte años en la escalera de asistente de dirección, director asistente y, luego, si eras de confianza, pues director… Y yo me había saltado todas esas etapas sin saberlo.

Se hicieron, creo, tres copias, y el gran señor que era Héctor García Mesa, director de la Cinemateca, me llamó a su oficina y me dijo: «Yo sé que molestas a muchos y que otros no te quieren, pero has hecho una gran película y quiero tenerla aquí». Y me preguntó si tenía una copia para la Cinemateca…. Por supuesto que le di una de las copias, que debe estar en los archivos. La conversación con él fue muy importante para mí.

Siete años para Te quiero y te llevo al cine ¿Empiezas en 1993? ¿Fue con sobrantes de la producción fílmica del ICAIC?

Después de la bella y loca historia de Insomnio, que además fue premio Caracol de  Cine de la UNEAC, aunque yo no pertenecía a nada, muchos asistentes de cámara se acercaron a mí con la idea de hacer otros cortometrajes con los sobrantes de la producción del ICAIC: los short ends, como se les decía, que no se podían ya utilizar para tomas más largas y se guardaban para hacer fotos. Y así Santiago Yanes y Frank González comenzaron esa lenta locura que se llama Te quiero y te llevo al cine, que existe hoy gracias a la ayuda de Nestor Almendros.

¿Cuándo te exilias? 

1995.

 Francia: 16 documentales de arte. La serie Un pintor, un cuadro.

Esos documentales existen por la insistencia de Zoé Valdés, pues cuando salí de Cuba no tenía ganas de hacer nada relacionado con el cine. Y esa era una idea de ella desde Cuba: hacer documentales a pintores cubanos. Yo había hecho en los años ochenta un video con Gustavo Pérez Monzón y los pintores que participaron en una de las fiestas que hacía en su casa en Cuba. Fue algo especial donde aprendí mucho. Aparecen Bedia, Leandro Soto, Ricardo Brey y otros.

El primero que hice en París fue el de Moises Finalé, que pinta muchos cuadros a la vez. Luego en el montaje fue la locura editar las imágenes. Después pedí a los artistas que solo hicieran un cuadro, y que lo trabajaran cuando yo estuviera. Y ahí comenzó realmente la serie Un pintor, un cuadro.

Ricardo Vega / Foto: Cortesía del entrevistado

Ricardo Vega / Foto: Cortesía del entrevistado

Háblame de lo que has hecho en publicidad. Tu trabajo para France 2, ARTE, TVE, MTV. El primer video clip de Carlos Varela…

Creamos, Zoé y yo, Lunáticas Productions, y trabajamos todos estos años para diferentes empresas francesas haciendo lo que aquí se llama video institucional, que no es otra cosa que la publicidad interna de las grandes empresas. Trabajando para France Televisión, Eutelsat, FNAC, Reporteros sin Fronteras, SNCF, Le Monde y muchas otras.

El clip de Carlos Varela fue por puro azar. Su productor, Ned Soblette, quería algo filmado de Carlos, y todo se hizo muy rápido. Arturo Sotto también trabajó con nosotros. Luego fue un gran escándalo en Estados Unidos. No recuerdo por qué. Lo interesante de este video es que lo terminó Kit Fitzgerald, que es una artista superinteresante e importante que le hacía los clips a The Doors.

Tus relaciones con los artistas cubanos en el exilio…

No me relaciono con muchos cubanos. Pero tuve la suerte de conocer algunos durante estos largos años de exilio. Pepe Triana, Orlando Jiménez Leal, León Ichaso, Cundo Bermúdez, Roberto García-York, Jorge Camacho, Gina Pellón, Guido Llinás, Agustín Fernández, y Guillermo Cabrera Infante, de quién conservo imborrables momentos.

 Zoé Valdés.

 Alguien muy importante en mi vida. Algunos se me han acercado pensando que, como ya no estamos juntos, voy a desacreditarla. Pues no. Es la persona más bondadosa y desinteresada que conozco. Una luchadora incansable por que se sepa la verdad sobre Cuba. Su lucha le ha hecho perder muchísimo tiempo, dinero y salud. Contrario a otros, que luchan por Cuba para tener las «ayudas» (dinero)  que el gobierno americano otorga muchas veces a las personas menos indicadas.

Tu hija. 

 Luna… la razón de todo.

 ¿Tienes pareja actualmente?

No.

¿Un recuerdo agradable de Cuba?

Salir a filmar en 8mm con mi amigo Juan Carlos Fondevila por las calles de La Habana.

¿Una esquina de La Habana?

Paseo y Línea. El edificio Naroca, por muchas razones.

¿Un recuerdo feo de La Habana?

El G-2 vigilándome con cámaras desde las casas de mis vecinos, algo que ya había anticipado en una de mis películas. Y saber que uno de mis amigos de la época «pinchaba» pa’ellos… a pesar de que tuvo el valor de contarlo y reconocerlo.

Un refrán.

El silencio duele más que las palabras.

 Una virgen o santo que te acompaña.

Néstor Almendros.

Un ritual.

Nuestro grupo de cine del ICAIC, aunque terminó como la fiesta del Guatao.

 ¿Caminas, paseas… por dónde?

París… cualquier calle.

 ¿Un amigo muerto con el que te gustaría un café?

Néstor Almendros y Roberto García-York, en el café Florian de Venecia.

 ¿Cómo ocupas tu día?

Todos los días son iguales. Es uno quien los hace diferentes.

 ¿Qué hacer cuando llega el desánimo?

Es un lujo que no me puedo dar…y tengo una anécdota para ilustrar por qué: un amigo, que estaba en lo más recóndito de Oriente filmando y conversando con unas muchachas del lugar, preguntó: «¿Y ustedes aquí no tienen depresión?» Y una de ellas, después de reflexionar un poco, respondió cándidamente: «No. Aquí lo único de presión que hay… ¡son las ollas!» Ni siquiera conocían la palabra.

Cuba la bella ¿Cuándo empezó la idea? ¿De dónde sacaste el material? ¿Dónde editaste?

Cuba la bella la empecé a preparar en Cuba. Le dije a Alfredo Guevara que quería contar la historia de la Revolución cubana a través del Noticiero ICAIC solamente, sin hacer comentarios o aclaraciones, y le pedí autorización para ver todos los noticieros existentes. Y ahí el tesoro encontrado… Las locuras, unas detrás de otras… Me parecía imposible que la gente en el 59 creyeran las promesas de aquel loco, que además no mintió, pues ahí está todo lo que dijo: los paredones, la vigilancia, los homosexuales encerrados, los americanos culpables de todo… En fin.

Edité la película en Francia, en la misma casa de producción donde Néstor Almendros hizo sus documentales (Point Du Jour). Cuando comencé siempre tuve presente la promesa que le había hecho a Alfredo Guevara: hacer la historia de la Revolución cubana a través del Noticiero ICAIC sin comentarios. Y la cumplí. En el montaje agilicé las secuencias y el ritmo pero siempre sin alterar lo que el noticiero decía. Y, ya ves, se pusieron «gusanas» sus propias imágenes.

 La película tuya que más disfrutaste.

 Mis primeras peliculitas en 8 y Super 8. La inocencia de esa época todavía me emociona. También algo que hice cuando existía el grupo Arde, que en esa época éramos Juansi, Crespo y yo.

Un vecino de donde vivía Juansi nos contó que le habían puesto una cámara para vigilarlo desde su casa. Y a mí se me ocurrió filmar, con la camarita de video de un amigo, desde la misma ventana dónde lo hicieron, y luego llamamos a este famoso «Yamel», el seguroso del ICAIC, el compañero que nos atendía, y le dijimos que alguien del MININT nos había dado una copia del video de vigilancia y que lo habíamos enviado al extranjero para probar el acoso a que éramos sometidos. Te imaginas la mierda hasta dónde corrió. Hicimos muchas acciones de ese tipo. De esa época solo queda El informe, que fue otro video que molestó bastante. No existían teléfonos con cámaras; Internet ni soñarlo. Pero le dimos duro a esos cabrones que nos hacían la vida un yogurt.

La película tuya que más sufriste.

Ninguna… ¡las películas no se sufren!

¿Sueñas mucho?

Sí. Siempre con Cuba. Pesadillas, por supuesto.

¿Qué no le debe faltar a un cineasta?

Antes, película, y ahora una buena cámara digital y una computadora para editar.

Un consejo a los jóvenes directores.

Ahora con las nuevas tecnologías pueden hacer lo que quieran sin depender de nadie. Así que a trabajar en cualquier cosa y a hacer cine independiente.

6 Comentarios

  1. enorme descripcion , auto biografica? descubrir el trabajo y otra personalidad menos formal? de Ricardo Vega::::&çé_’&é»çà_-&)é»ç_’-

  2. SIEMPRE ME HA INTEREZADO SU TRABAJO; MUY LLENO DE TRANSPARENCIA, CON UN GRAN VUELO A LA BELLEZA DE LA REALIDAD Y A LA VERDAD QUE ESTA ENCIERRA; CUALQUIERA QUE SEA DE ESTA, QUE AHORA ES SUYA ATRAVEZ DE SU CAMARA. QUE HA DEJADO PARA EL FUTURO DE NUESTRA CULTURA Y DE LA HUMANIDAD MONENTOS DE NUESTRA HISTORIA Y SUS PERSONAJES . GRACIAS ! A TI Y A ZOE’ POR EL LEGADO!!

  3. Cariñosa y llena de detalles esta entrevista que revuelve mis recuerdos y el sentido de lo que fue creación y juventud que nos llenaba de ideas, diferencias, reuniones en fin de Arte y de Cine.
    Gracias Lechuga, un abrazo Ricard por esta hermosa entrevista…
    Yanesito

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