Legna Rodríguez / Foto: Cortesía de la autora

Legna Rodríguez / Foto: Cortesía de la autora

Me importa un comino el Rey Pepino, de Christine Nöstlinger, fue una pequeña novela que leí a la misma edad que su protagonista, un niño común y corriente que tiene en la novela alrededor de 10 años.

“Era ese tiempo de la canícula”, diría Juan Rulfo en Pedro Páramo, y por supuesto que la canícula le da el toque que necesita todo paisaje escritural dramáticamente desenfocado.

Hay un Miami dramáticamente desenfocado pero no escrituralmente dramático, y viceversa. Ese Miami al que cualquier exiliado se acostumbra, el de no saber cómo vas a pasar gato por liebre pues no tienes ni gato ni liebre, si acaso un ratoncito de laboratorio, si acaso un gusanito.

Entonces uno recuerda cuando tenía la misma edad del protagonista de una pequeña novela noruega y se da cuenta de que debe empezar a usar el nombre de esa novela como armadura o escudo.

A partir de ese momento los colores cálidos y los colores fríos se manifiestan ante tus ojos, comienzas a ver colores, incluso luces. Incluso logras pasar gato por liebre, logras sentir el gusto del café hirviendo bajando por el esófago, logras levantarte de una cama twin y meter los pies en las alpargatas, logras que el dueño de una librería que vende libros en español te contrate.

Suena, sencillamente, a paraíso:

ESCUELA DE MEDITACIÓN

Sería feliz dedicándome a tareas que nada tengan que ver con el público. Manualidades del tipo: recortar, forrar, barrer, sacudir, ordenar, abrir, cerrar, contar, traer y llevar. Todas ellas referidas a los libros y a los distintos accesorios que entran en el universo de una librería.

Sería feliz barriendo las hojas secas primaverales de la acera donde está situada la librería, de una esquina a la otra, y luego la acera del frente, de una esquina a la otra, y luego la manzana entera, todo limpio alrededor de mis autores preferidos.

Sería feliz anotando todo en una libreta, o introduciendo datos en una computadora. Algunos datos nuevos y otros datos viejos, y equivocándome, y volviéndolo a hacer.

Cualquier cosa menos hablar con clientes, convencerlos de que compren este libro porque es un libro precioso, decirles “hasta luego” o “regrese pronto” o, como muchas veces, “disfrute a Paulo Coelho”.

TIEMPO MUERTO

Los días 17 son tiempo muerto.

A las 17:17 del día 17 los sopores de los libros me arrastran por galerías inteligentes y peligrosas.

Las escritoras hipocondríacas, anoréxicas y suicidas me llevan con ellas de la mano, entre besos y caricias, a una habitación de hotel, hay claridad.

Los escritores fascistas, comunistas y nihilistas me llevan sobre sus hombros a una habitación sin número, occidental y oriental, donde también hay sol.

Mis dos novios preferidos, mis príncipes, me mandan fotos con los pantalones abajo. En vez de genitales tienen flores.

Por más que no quiera, la más responsable de todos soy yo.

RASHOMÓM EN TODAS PARTES

Las mitologías.

Viene mi compañera y coloca el libro en la sección de Ensayo.

Viene mi compañero y coloca el libro en la sección de Narrativa traducida.

Viene la dueña y coloca el libro en la sección de Espiritualidad.

Viene el dueño y coloca el libro en la mesa de novedades.

Viene el señor del correo postal y entrega un caja llena de mitologías, mitos mexicanos, mitos africanos, mitos de nuestro tiempo, infinitos mitos.

Me pongo a pensar que cualquier mitología encajaría perfectamente en la sección de Filosofía.

Viene un cliente a comprar algún libro.

Cuando le recomiendo las Mitologías me dice “cualquier cosa menos poesía”.

UNA PAREJA

Llegaron al mostrador y me pidieron dos títulos.

Respondí sin pensarlo que sí estaban, que sí estaban, que no se movieran, que yo se los iba a buscar, que yo se los iba a buscar.

Me acordé de cómo llegué aquí.

Me acordé de algo que no me voy a perdonar.

Me acordé de ellos.

En el mostrador, los ancianos olían a un perfume antiguo, de madera, de cítricos, un olor que desde niña he conocido bien.

Un olor que me enseñó a delimitar los olores. El de los libros y el de las plantas, el olor de los afectos. Cuando se fueron, con sus libros en una bolsa que yo misma despaché, la librería se quedó oliendo a eso. Eso, un libro de poesía de Inger Christensen, que necesito leer.

Eso, un pronombre pequeñito.

Fui eso y ahora soy esto.

FALTA DE AIRE

Hemos trabajado todo el día sin aire acondicionado.

Como ayer, la ciudad sobre el pantano nos ofrece una temperatura de casi treinta grados Celsius. No sabría decir cuál es su equivalente en grados Fahrenheit.

Hemos vendido más de quince libros a más de quince personas diferentes.

Hemos conversado un rato, hasta quedarnos sin nada que decir.

Hemos leído y caminado entre los estantes, como un par de monigotes.

La piel se nos empezó a aflojar quince minutos después del mediodía.

A la mitad de la tarde una mano se me quedó pegada en el mostrador, derretida por completo sobre Patria, el libro número uno en el ranking de las ventas en España durante más de dos meses.

Hacia el final de la tarde me di por vencida con las orejas, convertidas en cera líquida sobre un plato desechable.

Frente al mostrador, en la sección infantil, alcancé a ver (lágrimas en los ojos) la edición de Historia del Arte ilustrada para niños, con dibujos del mismísimo Vincent Van Gogh.

OPERACIÓN CAPOTE

1

–¿Tiene algún lema?

–Este: “Si necesita algo, estamos aquí para ayudarlo.”

2

–Díganos algunas cosas que sepa hacer.

–Sé responder entrevistas en cinco minutos, sé poner las alarmas en los libros sin que nadie descubra dónde están, y sé cerrar la puerta con llave.

3

–¿Y algunas de las cosas que no sabe hacer?

–Lo mismo, si estoy pensando en mi casa (la casa donde nací) o tengo la menstruación.

4

–¿De todas sus experiencias cuál ha sido la más alarmante?

–Vender exitosamente la enciclopedia de Paulo Coelho.

5

–¿Considera la conversación como un arte?

–Más bien como un placer, o como una tortura.

6

–¿En qué le gustaría reencarnar?

–En una niña llamada Becky Tatcher, la novia con trenzas de Thomas Sawyer, sentada en un banco de la clase dominical.

7

–¿Tiene usted muchas fantasías sexuales?

–Muchas no.

8
–¿Ha pensado alguna vez en suicidarse?

–Pensarlo es lo de menos.

9
–¿Cree en la existencia de Dios?

–Creo en la existencia de los libros, antes y después de ser escritos.

10

–¿A qué le teme?

–A los libros, antes y después de ser escritos.

SAN JORGE

En España, el día de San Jorge es el día de los libros.

En Miami, el día de San Jorge es el día de la cerveza, las papas fritas, y las alitas de pollo.

CAJA 1, PRUEBA 5

Cuando la cosa se traba, se traba.

Los clientes frente a uno, con un libro en cada mano, histéricos e impacientes.

Y uno frente a los clientes, cerrando el programa, con un mouse en cada mano, más histérica que ellos.

Y el programa sin moverse, sin abrirse y sin cerrarse, congelado como el iceberg de una tesis literaria, en el fondo está la historia, la historia más importante.

Y el cliente frente a uno, con un libro en cada mano, histérico e impaciente.

Y uno solo, solo, solo, en medio de la oscuridad y el caos.

MAFALDA & LOS HERMANOS GRIMM

Los hermanos Grimm, sobre Mafalda, constituyen la representación de una literatura infantil desprejuiciada. Aunque ni una cosa ni la otra sea literatura infantil. Los personajes, a veces, son niños. Las flores, a veces, inspiran ternura. Mamá, a veces, lee tan mal, que ni los hermanos Grimm se salvan. La insinuación de esto sobre aquello me remite a una categoría esencialmente sexual. Las flores, a veces, tienen una importancia igual a cero.

BRUNCH LITERARIO CON ESCRITORES DE TODO TIPO

Durante un brunch literario con algunos escritores desconocidos y otros conocidos, lo mejor que pude decir fue que trabajaba en una librería y que esa librería era en verdad fascinante. Los escritores de todo tipo empezaron a preguntar si sus libros se vendían. Para serles sincera les dije que los libros, en raras ocasiones, se vendían. Alguien intervino diciendo que la culpa era de los lectores, que no estaban educados en el arte de leer.

¿CUÁL ES EL DESPARPAJO DE UN VENDEDOR DE LIBROS?

Venderle el mismo libro (la poesía de Derek Walcott) a dos personas distintas.

¿CUÁL ES EL INFIERNO DE UN VENDEDOR DE LIBROS?

Quedar despedido en la ciudad de Miami.

LÁGRIMAS NEGRAS

En quince días seremos despedidos.

Se me ocurre que lo merecemos, por haber empezado a escribir estas cosas, basadas en experiencias libromaníacas de las que somos cómplices. Asumo la coherencia y la consecuencia de ese fenómeno llamado “avizoramiento”. Nosotros mismos avizoramos el fin, al empezar a escribir estas páginas, benditas y malditas.

Llevo llorando tres días y esa misma es el agua que me tomo. Mi propia culpa. Mi propio melodrama. Lloro como un niño de siete años frente a su escuela, sin querer entrar al aula (la ciudad) ni verse rodeado de sus compañeros de clase (la gente).

Libros sí, gente no.

ROPA INTERIOR

Después de saber que seremos despedidos, he decidido venir a la librería siempre vestida de negro, o al menos con alguna prenda negra.

Estoy de luto.

Por ejemplo este sábado, último día de la penúltima quincena, llevo una falda negra, muy sobria, y un bonito blaiser negro, también sobrio.

El detalle de las ropas interiores lo he olvidado.

Considero una falta de respeto combinar una falda negra con una ropa interior blanca. Me he faltado el respeto a mí misma.

Discúlpenme también ustedes, queridos libros de todas partes del mundo.

MEDIA HORA

Ha transcurrido ya media hora desde que llegué y abrí la librería, metiendo la llave perfectamente, haciendo coincidir sus dientes con los orificios de la cerradura. La puerta de cristal, abierta de par en par, hacia la acera, me provoca una tristeza llena de pequeñas esquirlas.

Me viene a la mente la imagen de una mujer lanzando una piedra a la librería, desde el negocio perpendicular, llamado apropiadamente “Ceviche”.

Esa mujer podría ser yo, hastiada de todo y despedida, tomando venganza contra la literatura, que un día estuvo en mis manos y me hizo libre.

Esa mujer podrías ser tú, cualquier cliente sin dinero y sin libros, tomando venganza contra la literatura, que nunca ha estado en tus manos ni te ha hecho libre.

Esa mujer podría ser, desde luego, una mujer enloquecida.

FUGA Y ESTRUCTURA

Se ha ido conmigo. Me he ido yo. Aterricé en Bogotá, la Feria del Libro, la librería infinita. Apabullada, no sé regresar. Más de un millón de libros en mis narices. Más de un millón de fisonomías. Los estantes que me rodean, ahora, se desmadejan cuando los toco.

LOS ESTAFADORES

Se presentan frente al dueño diciéndoles que le traen un producto novedoso, in/clasificable.

Es un diccionario de especies marinas. Una locura del mar. Vienen a presentarlo con afiches, postales, comida, bebida, y un mantel azul sobre la mesa lleno de peces payasos.

Es muy fácil ser un pez payaso hoy.

A la presentación asisten los amigos, los familiares, y algún equivocado.

Muy pocos compran el diccionario.

Al día siguiente me toca venderlo a mí. Recuerdo el refrán que dice “el pescado, a los tres días, apesta”.

PARA NIÑOS

La venta de mis libros en consignación dio como resultado un saldo de 110 dólares.

–No quiero el dinero –le dije al dueño.

–¿Ah no? ¿Qué quieres, entonces?

–Quiero que me pague con estos libros que tengo aquí.

–¿Y para qué quieres eso?

PUBLIX

Salgo media hora todos los días y me meto en un supermercado caro a dos cuadras de la librería. El supermercado y la librería se parecen en dos cosas:

1 venden de todo, y

2 nadie puede sentarse.

TODOTERRENO

Que soy un Todoterreno, le comentó el dueño de la librería a alguien, porque vendo, barro, limpio, cargo sillas, muevo estantes y encima, escribo libros, y encima, presento libros de poesía venezolana más eufórica que un venezolano nativo.

Soy lo que necesita esta sociedad.

Lo que nadie se imagina es que todo eso es solo una fracción en el universo de mis actividades multidisciplinarias.

Las cosas que puedo hacer, que soy capaz de hacer, ni el dueño ni nadie se las imagina.

MÉXICO LINDO Y QUERIDO

Te juro que esperé poco más de un mes, desde que llegó la caja con ese libro y otros, estoicamente, sin ni siquiera fijarme en la portada y descubrir que en su interior todo había sido reescrito por Fabio Morábito, una de los escritores contemporáneos más amable y más bigotudo de la literatura latinoamericana. El único libro de Fabio Morábito en los estantes.

Cada vez que llegaba una mamá, con su hijo o sus hijos, adolescentes o en cochecito, o cada vez que llegaba un papá, con su hijo o sus hijos, yo le mostraba el objeto, precioso en su diseño, para que se lo llevaran, leyéndolo en las noches antes de dormir.

Ninguna mamá ni ningún papá se lo llevó a casa para leerlo en las noches antes de dormir.

Nadie se interesó en el diseño, ni en el nombre de Fabio Morábito halagando la portada, en la edición fascinante de Siruela.

El Principito y Antoine de Saint-Exupéry siguieron siendo el número uno en las ventas para niños.

Tuve que llevármelo yo misma.

Tuve que añadir “Los cuentos populares mexicanos” a mi almohada. Me tocó a mí la “siruela”.

Ahora mis noches están llenas de muerte.

HOJAS DE PARRA

El hombre llamado Parra es un misterio absoluto.

Además, venezolano, como la mayoría de los clientes, y viene todos los días a pasear entre los libros. Habla un rato con quien está, pregunta por quien no ve, hojea los libros, opina sobre ellos, expresa su gusto, tiene un gusto variado.

No sabemos a qué viene exactamente. Siempre ha venido y ha comprado libros pero últimamente viene incluso dos veces al día.

Se demora, incluso, más de dos horas. Nos observa tanto que nos ponemos nerviosos.

Se me ocurren dos opciones, y las dos son básicas:

1 está enamorado de alguno de nosotros, incluidos los dueños, o

2 quiere asesinar a alguno de nosotros, incluidos los dueños.

SENSUALITÉ

En medio de las noticias sobre la represión, le pregunto a la dueña si se acuerda de un término con el cual se denomina al “lavado de cerebro”, fenómeno que todos los sistemas extremistas, las revoluciones y las dictaduras, llevan a cabo.

La dueña me dice “alienación”, pero no es eso lo que estoy buscando.

De pronto me acuerdo: ¡adoctrinamiento!, grito con júbilo.

Ella va atrás y regresa con un vaso de vino en las manos, y se lo lleva a los labios, y me mira sonriente por primera vez en este día de hoy.

–Bebamos un poco, a veces es necesario –el libro de Sándor Márai es del mismo color que el vino.

INVENTARIO DEL OLVIDO

Los cinco libros de Peter Handke están en el mismo lugar desde que la librería abrió sus puertas al público.

Las tres novelas de Samuel Beckett también, en el mismo lugar de siempre, abriendo paso a la fila de la letra B.

No hay una sola novela de David Markson.

Ni rastros del argentino Damian Tabarovsky.

Nadie ve la antología de poesía británica contemporánea, llamada singularmente “Isla muerta”, en la colección bilingüe de Lumen, con ese color tan excéntrico que oscila entre el amarillo quemado y el terracota.

Nadie compra El monte, de Lydia Cabrera, ni Claros del bosque, de María Zambrano. Demasiada vegetación.

En la sección de teatro, ni Heiner Müller ni Sara Kane, por solo citar dos nombres de una lista que se extiende como un campo de tubérculos.

Raíces, amiguitos, se trata de raíces.

22:00

Cuando salgo por la puerta, al final del día, y llego al estudio después de un kilómetro, y abro la puerta y me siento, y le paso la mano a la gata, y la perra se sube a mis piernas, y miro mi propio librero, y saco un libro al azar, y leo un poco, y sigo leyendo, y me parece mentira estar perdiendo mi tiempo, constantemente, en algo tan agradable.

17

Escribí estas notas en 17 días.

Entre un día y otro, a veces, pasaban dos semanas. Pero fueron 17 días, ni más ni menos, los que dediqué a sentarme, abrir la aplicación en el teléfono, escribir con mayúsculas SE VENDEN LIBROS EN ESPAÑOL, y comenzar, sin mucho esfuerzo, a recordar el tiempo, los contratiempos.

LA CARTA/ BLOG DE NOTAS

Sé que cuando les pediste a tus alumnos que escribieran una carta como ejercicio de clase, no imaginaste que yo (alumna invisible) te escribiría una carta a ti.

Lo hago para agradecerte la realización de este proyecto que para mí ya no tiene ningún sentido.

Hemos hecho magia, tú y yo, escribiéndolo. Hemos transformado la realidad, como un par de magos miserables, elogiando a Víctor Hugo, reivindicando no solo a él, sino a todos los que sabían, como él, de qué se trataba.

Cuando me ofreciste escribir estas notas me sentí agradecida y acepté, inmediatamente.

Agradecimiento que sigo experimentando, aunque cuelgue los guantes y me detenga.
Para mí ha sido suficiente.

Dime si tengo que explicarte por qué te dejo solo, por qué te abandono. Comprendo que tal vez necesites una explicación.

THE END

Estoy cansada.

Ya no quiero escribir más.