Tony Menéndez / Foto: Yuris Nórido

Tony Menéndez / Foto: Yuris Nórido

Tony Menéndez llega subido en unas plataformas de esponja que lo levantan por lo menos 10 centímetros del piso. Porque Tony no es muy alto, de hecho su estatura es baja, y siempre lo vas a ver tratando de disimular eso. Sus zapatos de esponja y charol, con dibujos de fuego, los compró en Londres y le costaron 2 mil euros, dice él. El resto de su indumentaria es de vinil y pelos, todo negro y rojo. Unos espejuelos oscuros y una complicada visera plástica sin mucha funcionalidad aparente.

Son casi las seis de la tarde, y habíamos quedado en vernos a las cinco. Si Tony no fuera tan mal chofer quizás hubiera llegado a la hora acordada. Pero Tony es un peligro al volante de su Mercedes Benz.

–Acabo de chocar el carro –se disculpa. Pero lo dice con la misma calma con que alguien diría que está nublada la tarde.

Después me enteraré de que Tony no cede el paso, porque piensa que se lo tienen que ceder a él. Se lleva la roja en los semáforos, no se detiene en las señales de PARE, no sabe parquear entre dos carros y aún así nunca ha pagado una multa de tránsito. Dice que los policías lo aman y se la pasan pidiendo autógrafos, recomendándole que se cuide, por favor, Maestro, que no podemos perder una gloria de Cuba en un accidente.

Nos da la mano al fotógrafo y a mí, con una sonrisa amplia. Casi siempre Tony Menéndez, showman, personaje imperdible, coreógrafo y director de su propia compañía de baile, parece feliz. 

***

Estamos en la calle Reina, llegando al corazón de la Habana Vieja. La Escuela Taller de Espectáculos que lleva su nombre es la única en Cuba que no pide a los alumnos requisitos especiales para matricular. Reina es una calle ruidosa y estresante, las veinticuatro horas del día llena de almendrones, bicitaxis y gente apurada que camina por sus portales con jabas en la mano.

Hace pocas semanas, Tony estuvo con su Compañía bailando para un video clip de Marc Anthony. Por eso, en una de las dos puertas gruesas de cristal de la entrada, Tony puso cinco fotos suyas con el cantante boricua, como para que a nadie en Reina se le olvide que él es una figura y se codea con gente importante.

En el portal de la Compañía, un cartel grande anuncia los horarios y la fechas para los interesados en matricular. Y el mismo cartel recalca cuatro veces, para evitar cualquier confusión, que Tony Menéndez es el Gran Maestro y el Rey del Espectáculo en Cuba.

Teatro Compañía Tony Menéndez /Foto: Yuris Nórido

Teatro Compañía Tony Menéndez /Foto: Yuris Nórido

No hace dos meses que llegó al país, después de recorrer Europa entera con sus bailarines. Específicamente en Suiza, a Tony se le ocurrió ir un domingo a esquiar a los Alpes.

–Había tres lomas de nieve –dice.

La primera era pequeña, para principiantes. La segunda era mediana, para los que saben un poco. Y la tercera, y más alta, para profesionales o gente que lleva la vida entera esquiando.

–¿De cuál crees que me fui a tirar yo? – pregunta risueño.

–De la más alta, por supuesto.

Iba Tony de lo más contento montaña abajo, haciéndose el esquiador, cuando se presentó en la bajada una roca de hielo muy grande y él, que se crió en Centro Habana y que, como toda persona que haya crecido en Centro Habana, no sabe esquiar, tropezó con la piedra y rodó montaña abajo ataviado con bufandas, espejuelos, orejeras y cosas.

–Me di una matada espectacular y divina, como mis espectáculos. 

***

El lobby de la Escuela Taller Tony Menéndez tiene dos burós viejos y un teléfono. Alguna que otra silla de hierro. Dos maniquíes a los que Tony les pone nombres de personas, polvo, cortinas viejas y muchos diplomas y posters de cuando Tony estaba en el esplendor de su juventud.

–Yo en realidad no soy tan viejo como que empecé muy joven –aclara.

–¿Qué edad tiene?

–Veintiocho.

Todo el mundo sabe que él no tiene veintiocho años, que debe andar por los cuarenta y tantos. Por eso se ríe, pero en cuanto abre la boca se pone a toser. Indiscutiblemente tiene un catarro fuerte y la risa le sale grotesca. Se disculpa. Afuera la noche va tomando color de hormiga brava.

“Gran”, “Grandioso”, “Espectacular” y “Divino” son palabras que le gustan a Tony Menéndez, que se ha echado en un sofá lleno de trapos rojos a contarme su vida. Pero antes de que se le olvide, Tony quiere advertir algo:

El Gran Maestro Tony Menéndez, Rey del Espectáculo en Cuba / Foto: Yuris Nórido

El Gran Maestro Tony Menéndez, Rey del Espectáculo en Cuba / Foto: Yuris Nórido

–Lo primero: si vas a hacer un artículo sobre mi persona, para que esté el tratamiento que yo llevo como figura, es importante recalcar mi eslogan: el Gran Maestro Tony Menéndez, Rey del Espectáculo en Cuba. Porque el creador, el fundador y el que revolucionó Cuba en el mundo del espectáculo fui yo con esta Compañía.

Rectifiquemos entonces.

El Gran Maestro Tony Menéndez no tiene vicios de ningún tipo. No fuma. No bebe. Come lo normal. Y en fin de año puede tomar una copa de champagne. Pero no siempre. Su dinero lo gasta en los espectáculos. En comprar ropa para sus bailarines. Y en telas, para diseñar lo que se va a poner. Porque no hay tienda en el mundo, ni las de París, ni las de Tokio, ni las de Nueva York, que sean capaces de vender exactamente lo que él quiere usar, lo que a él le viene a la cabeza.

Produce sus espectáculos con lo que le regalan por aquí y lo que compra por allá. La Escuela tiene casi mil alumnos y como las inscripciones y las clases son gratis, Tony tiene que encargarse de todo, desde mandar a coser un vestido, hasta hacerle los pocos arreglos constructivos que ha podido al Teatro, un antiguo cine en decadencia que le entregaron hace 20 años, después de que a alguien le gustaran las bonitas palabras que Tony dijo en un Congreso de la AHS (la vanguardia artística oficial cubana) donde estaba presente Fidel Castro.

La historia de ese Congreso es famosa. Tony se pasó dos horas con la mano levantada para intervenir, pero el muchacho que daba la palabra no parecía tener el más mínimo interés en dársela. Tony piensa que tenían miedo de que él dijera algún disparate delante de Fidel y se echara a perder el Congreso.

–Quizás iba usted vestido muy llamativo.

–Yo fui de traje. Muy elegante. Muy bonito. Parecía un soldadito de plomo. Fui a tono con la situación. Lo que pasa es que ahí nadie estaba vestido de traje. Todo el mundo llevaba pullovers con la foto del Che, que decían “Hasta la Victoria Siempre” y cosas así. O sea, que de todas maneras era yo el centro.

El muchacho que no le daba la palabra a Tony estaba sugestionado porque semanas antes, en una reunión-ensayo para el Congreso, el Gran Maestro se había levantado de su silla a proponer un homenaje espectacular a Fidel. Pero un homenaje a lo Tony Menéndez.

–Propuse hacerlo en la Tribuna Antimperialista, a la onda mía, pero patriótica. Todos los bailarines vestirían de militar, con la insignia del 26 de Julio. Nos tiraríamos de unos helicópteros, con paracaídas. Y unas metralletas, ¡ta ta ta ta!, para darle espectacularidad a la cosa.

El ejecutivo de la AHS se opuso. Al parecer, pensó que tanta espectacularidad era poco revolucionaria, y que a Fidel no le gustaría una cosa así. A Tony le pareció un infantilismo del compañero y se olvidó de eso, pero el compañero no. Y ahí estaban unas semanas después, en pleno Congreso.

–Pasaron por todas la provincias –dice–. Pinar del Río, La Habana, Matanzas, y yo con la mano arriba y no me daban la palabra. Cienfuegos, Villa Clara, Holguín, y yo con la mano levantada y no me daban la palabra. Dos horas después habían llegado a Guantánamo. Y yo todavía con la mano levantada. Los asistentes se empezaron a inquietar. Entonces Fidel se dio cuenta de que todos querían que yo hablara. Y le dijo al compañero que me diera la palabra después del receso.

En el receso, Julián González Toledo, a la sazón Presidente del Consejo Nacional de las Artes Escénicas y actual Ministro de Cultura, fue adonde Tony, preocupado, preguntándole qué quería decir él con tanta insistencia. Tony le enseñó su discurso, un papel con párrafos inofensivos, políticamente correctos, en términos de paz y agradecimiento. Después del receso Fidel anunció que finalmente se le daría la palabra.

Entonces Abel Prieto, Ministro de Cultura en aquel momento, le confirmó a Tony la entrega del teatro de Reina, que en más de veinte años aún no se ha convertido en el palacio que a él le gustaría que fuese. Reparar un local tan grande lleva una inversión que no está en condiciones de hacer.

***

Por el lobby camina un ratón pequeño. La humedad se filtra por todas partes, en chorros que dejan grandes manchas negras de moho en las paredes, dándole al sitio un aspecto siniestro.

El gobierno, en lugar de un favor, parece haber soltado una papa caliente en las manos de Tony, asumiendo que con tantas amistades influyentes, viajes, dinero ganado en premios y jurados internacionales, eventualmente él se haría cargo de todo.

Sin embargo, Tony está contento con tener al menos su teatro viejo.

–Cuando Formell comenzó –dice–, vivía haciendo cola en la Tropical porque no tenía ni un local para los ensayos.

Miles de cubanos se han inscrito por años en las clases de baile de la Escuela. Niños, ex convictos en proceso de rehabilitación, enfermos mentales, ciegos, síndromes de down, gente pobre que no tiene con qué pagar clases similares, y gente que solo quiere pasar el tiempo haciendo algo divertido.

La Escuela tiene diez profesores y un programa bastante integral, que va desde el ballet clásico, la danza moderna, la danza contemporánea y el folclor yoruba, hasta el modelaje, la actuación, la acrobacia, los bailes populares cubanos, y la danza del vientre. Le pregunto si la danza del vientre también la imparte él, y me responde que no, que la da una profesora de danza árabe.

–Mira, primero que todo yo era un niño precioso. Blanquito, rosadito, y con los ojos tan negros que la gente pensaba que yo me los pintaba. Tenía mi carita de muñeco, y un pelo tan negro y lacio que me decían Blanco Nievo. No te rías, que esto es muy fuerte. En resumen: yo era bello, inteligente, talentoso, el mejor del aula, el mejor artista, el dirigente (escogido por todos). Y a pesar de mis condiciones yo era un niño muy sencillo. Pero eso no quita que aún cuando la mayoría me quería y me admiraba, existían algunas personas que me tenían envidia. Estaba yo en sexto grado, cuando mi mamá tuvo que ir a la escuela y formar tremendo lío. Yo era el primer lugar indiscutible en el escalafón. Por esas calificaciones, por la participación en las actividades y por no tener inasistencias ni impuntualidades, te sacaban Vanguardia Nacional y te daban un viaje a algún país socialista. Entonces había una profesora de Español que tenía su hijo en la escuela y no soportaba que yo fuera el mejor en todo. Esa mujer quería desaparecerme y no sabía cómo hacerlo. Usó su influencia para decir que yo era ejemplar, pero que había que darles la oportunidad a otros niños para que fueran Vanguardia Nacional, porque yo me lo ganaba todos los años. Y entonces me despojaron. Fui llorando para mi casa, traumatizado, frustrado y dolido. Llegué y le dije a mi mamá: “Mami, me quitaron de Vanguardia Nacional”. Y mi mamá dijo: “!¿Qué?! ¡Ni muerta!”. Fue para la escuela y armó un escándalo. Le dieron la razón.

Tony Menéndez / Foto: Yuris Nórido

Tony Menéndez / Foto: Yuris Nórido

***

Tony Menéndez no sabe freír un huevo. No friega, no lava, no plancha y no cocina. Se crió en un caserón de Centro Habana con sus padres y dos hermanos varones mayores que él. Nunca se le permitió ni sacar la basura.

Su trabajo era ser el mejor en todo, y su familia vivía tan bien como para permitírselo. La madre, licenciada en Periodismo en una universidad de Nueva York, y profesora de Letras en la Universidad de La Habana. El padre, ingeniero y también profesor universitario. Ambos, artistas en potencia que no se dedicaron al arte porque sus respectivos padres –los abuelos de Tony– no lo tenían como una carrera seria.

En algún sentido la infancia de Tony puede verse como una infancia privilegiada, como la de todos los niños que pueden dedicar el tiempo a preparar cómodamente su futuro, sin demasiada preocupación por las cuestiones mundanas.

Mientras los demás muchachos de su edad mataperreaban, Tony estudiaba francés e italiano. Mientras los demás se raspaban las rodillas en los charcos de la esquina, él rodaba telenovelas. Mientras los demás jugaban a las bolas, él actuaba en el Teatro Musical de La Habana. Mientras los demás se relacionaban entre sí, él se codeaba con Héctor Quintero y Alicia Alonso. De niño no tenía mucho tiempo libre. Estaba demasiado ocupado en ser el mejor.

Así se fue curtiendo el carácter de José Antonio Menéndez Egües, entre concursos y competencias, en la perenne carrera por la integralidad. Revalorizando cualquier asignatura si le faltaba un punto para llegar al 100. Demostrándole a todo el mundo que él era el niño orquesta, el mejor alumno y la vanguardia artística. Y enviando a su mamá a levantarse en armas las veces que fuera necesario si alguien osaba arrebatarle el trono pioneril.

Aunque desde antes de cumplir diez años trabajaba en todos los medios como bailarín, coreógrafo, cantante, locutor, actor y un largo etcétera, quizás sea la aventura Furia Blanca lo que más recuerden los cubanos del Tony Menéndez niño.

En Furia Blanca, basada en un cuento de Dora Alonso, Tony representaba a un muchacho pobre de los campos cubanos antes del triunfo de la Revolución, que vivía ilusionado con tener un caballo propio. Cuidaba un potro indomable en una finca de ricos, y al final, para no hacer la historia muy larga, el dueño le regaló el potro, y Tony feliz con su regalo. Dicen los que vieron las aventuras que Furia Blanca fue unboom en la televisión cubana de los 80 y que Tony era un niño precioso con bastante talento.

A sus ocho años, ya Vanguardia Nacional, comenzó en Bulgaria lo que sería un tour por la mayoría de los países del Este. Cuando en Cuba ganarse un viaje al extranjero era más difícil de lo que es ahora, el niño orquesta no se bajaba del avión, siempre para aquí y para allá, a la cabeza de los pioneros artistas. A donde llegara, Tony tenía la oportunidad de destacarse, presentando a la delegación cubana en el idioma oficial de cada país.

Así pasó la Primaria, la Secundaria, la ENA y el ISA, donde se graduó en Artes Escénicas como artista de Primerísimo Nivel. Cuando empezó la universidad ya lo conocían lo suficiente como para encargarle el montaje de cualquier espectáculo que se celebrara en el Karl Marx, el teatro más grande del país, y el que acoge los eventos más importantes.

Su Compañía ensayó ahí durante los cinco años que Tony estudió en el ISA. Como era estudiante, en ese entonces no había forma legal de pagarle. Pero él estaba labrando su nombre, y hacía crecer su proyecto.

***

No hay artista exitoso que no tenga, aunque sea en lo más íntimo, un poco de ego. A Tony le achacan no ya un poco, sino unas cuantas toneladas. Pero a él no le importa. Parece estar demasiado concentrado en lo suyo. Y no él, sino otros, le han conferido sus pomposos epítetos.

Miguel Barnet, por ejemplo, dijo: «Creo que Tony Menéndez es una ráfaga ígnea que ha atravesado la Isla y que su obra ya marca un estilo en el escenario cubano. Un estilo cosmopolita de gran creatividad, que a la vez que entretiene nos pone a pensar y nos sitúa de golpe en la contemporaneidad».

El Premio Nacional de Teatro José Antonio Rodríguez lo describió como un «geniecito (…), grande de la escena, algo así como un rey del gran espectáculo». Y el Premio Nacional de Danza Eduardo Rivero Walker lo definió también como Gran Maestro.

Resultados ha tenido. La última vez que estuvo en Italia, le organizaron un homenaje para entregarle el Gran Premio Internacional del Espectáculo y la Televisión Milano 2011 por toda su obra. Dice Tony que anteriormente eso solo se lo han entregado a artistas como Tina Turner, Michael Jackson y Madonna.

En su casa guarda con celo medallas y trofeos por reconocimientos como el Premio Especial a un artista extranjero en Islas Canarias, el Premio al Mejor Espectáculo del año en Moscú y el Gran Premio Oso de Berlín.

–¡Cuidado! –advierte Tony, como diciendo que él es un peso pesado. Que su arte es mucho arte. Y es arte de verdad.

***

En Italia ha sido contratado como profesor de danza y actuación, e invitado como primer bailarín a la Compañía de Ballet y Danzas Contemporáneas.

En Cuba, es fundador de la poética espectacular de los Premios Lucas, que es un evento malo y poco representativo de la música cubana, pero el único de su tipo en la Isla.

Ha bailado para los Van Van, NG la Banda, Bamboleo, Moncada, Chucho Valdés, y muchos otros. En el extranjero, lo ha hecho para Marc Anthony, Eros Ramazzotti, Oscar de León, y una lista demasiado larga como para escribirla aquí.

Si Tony Menéndez no ha brillado más es porque en Cuba no hay condiciones. El mundo del espectáculo en el país es prácticamente nulo. No hay grandes teatros, ni dinero para grandes producciones. Un tipo como Tony está, en un contexto así, subutilizado.

Los críticos no hablan de él. La prensa y los medios locales recurren a su nombre cuando ha ganado un premio importante y la ocasión les ha servido a los periodistas para poner en alto el nombre del país. 

Tony Menéndez se autodefine como alguien fiel, sano y de principios / Foto: Yuris Nórido

Tony Menéndez se autodefine como alguien fiel, sano y de principios / Foto: Yuris Nórido

***

Una vez se le ocurrió a Tony Menéndez meter un caballo en el Teatro Nacional, y por poco tiene que pasar por encima del cadáver de la directora del teatro para lograr su objetivo. Eran los 2000. Tony tiene una memoria terrible y no recuerda el año con exactitud, pero se celebraba el Festival Nacional de Música Campesina Eduardo Saborí, donde le dedicaban un homenaje a la hoy difunta Celina González.

Consiguió el caballo con Miguel Ginarte, el entonces director de la finca de animales del ICRT, y quien lo había entrenado cuando niño para montar a Furia Blanca. Justo antes de salir al escenario, se percató de que algún jodedor le había escondido el caballo. Finalmente pudo salir, para dejar boquiabierto a todo el mundo.

Al acabarse el show, averiguó quién le había escondido el caballo, salió a buscarlo y le cayó a pescozones. Eso tiene el Gran Maestro. No le gusta que jodan con él. Se autodefine como alguien fiel, sano y de principios. Tiene muchos amigos, da la vida por ellos, pero hay cosas que no está dispuesto a tolerar.

–Yo fui educado por mis padres en la decencia. Por eso me pone molesto la indisciplina. Y si me faltas el respeto, te voy para arriba y nos fajamos. No me quieras hacer una trampa, no me traiciones, no me agredas, no me seas infiel, porque soy capaz de cualquier cosa.

Los enemigos de Tony son solo dos o tres.

–Personas ya mayores. No diría que grandes, porque no fundaron ni crearon nada. Pero han querido hacerme mucho daño. Parte de mi carrera ha sido una guerra contra la ignorancia. Una guerra para poder imponer mi estética.

No quiere ser demasiado específico, pero esas personas que lo detestan pertenecen al mundo de la cultura y algunas veces han tratado de desprestigiarlo. Otras han intentado fastidiarle los espectáculos, sembrando cizaña en los directivos de los teatros para que no lo dejen hacer cosas demasiado locas, porque podría acabar con los inmuebles.

En la OTI del 2000, armó un espectáculo de ballet acuático con dos piscinas dentro del Teatro Nacional. Construyó una base con gomas de caucho derretidas, la amarró a una estructura de hierro, la pintó de verde aqua y la forró con coralillo.

–Aquello fue revolucionario. Ni a los americanos se les había ocurrido eso.

Los trabajadores del Teatro Nacional pusieron el grito en el cielo cuando Tony les dijo que, además de las piscinas, prendería fuego arriba del escenario y caminaría sobre él. Después de mucho batallar le dieron el permiso.

–Me puse un traje plateado de amianto para no quemarme, pero por televisión parecía que me iba a quemar de verdad. La gente pensaba que yo estaba loco.

Además, Tony se lanzó de la cúpula del Capitolio durante un programa de televisión.

–Llené la escalinata con casi mil alumnos bailando, mientras yo bajaba por una soga que me habían amarrado los alpinistas profesionales.

–Milagro te dejaron tirarte del Capitolio, que siempre ha sido tan intocable.

–Y ahora más, pero ya yo me tiré. Y lo tengo grabado. 

***

–¿Usted sueña con frecuencia?

–Yo soy un soñador eterno.

–No. Quiero decir que si tiene sueños por las noches. ¿Cuál es, por ejemplo, el último sueño que recuerda?

–Estaba yo en una nave espacial, recorriendo las constelaciones de estrellas. Ya había pasado por Júpiter y varios planetas, cuando llego a Marte. Allí en Marte un extraterrestre dice al verme: “¡Miren, ha bajado una estrella!” Y yo le aclaré: “¡Estrellas hay muchas; yo soy el astro Sol!”

Tony se divierte mucho contando su sueño. Ríe convulsamente y comienza a toser. Se pone rojo como un tomate, se raspa la garganta y escupe a un lado del sofá.

–Yo llegaba a Marte con luz propia. Brillando e iluminando el camino de aquel planeta. Les hablaba a los extraterrestres, pero ellos no entendían el lenguaje. Una persona que me acompañaba en mi nave les tradujo, les dijo quién yo era. Y entonces ellos se bajaron a mis pies, y toda esa historia.

–¿Y cómo iba usted vestido en Marte?

–¡Ah! Iba vestido con una cosa así lumínica. Como una especie de vestuario de cosmonauta, pero con luces incrustadas. Una cosa eléctrica, extragaláctica. Después la nave llegó a la Tierra y me estaban haciendo una entrevista sobre cómo era Marte, cómo me habían recibido, y si había podido hacer allí algún espectáculo. Yo dije que no. Que había querido hacerlo, pero allá no había teatros, y el piso era de cráteres, con huecos y cosas, y era muy difícil para bailar. Pero que sí había dado un saludo muy lindo de la gente en la Tierra. Y bueno, ahí me desperté.

–Dios santo.

–Sí. Ese es un sueño que cuando alguien lo escuche puede pensar que yo me creo cosas y que todo lo mío tiene que ser grande y extragaláctico. Sin embargo, soy una persona muy sencilla. 

***

2013 fue para Tony un año funesto. Asesinaron a su padre, y un medio de Miami publicó que al Gran Maestro lo tenían bajo investigación por sospecha de parricidio.

-Por poco me vuelvo loco. Fue algo muy desagradable e inesperado. Yo me tuve que ir a pasar un tiempo a la casa de unos amigos, porque aquello parecía una película de terror. Pero los dirigentes del país se portaron muy bien conmigo. Cuando Raúl se enteró, según me dijeron, mandó rápidamente a escoger al más experimentado investigador en este tipo de situaciones. Lo sacaron de un caso y en quince días cogieron a los culpables y les aplicaron la pena máxima.

–¿Por qué llegaron a pensar que usted lo había hecho?

–Porque mis enemigos crearon una atmósfera negativa. Solo una persona mala y cruel puede decir algo así. Ya no saben qué inventar.

–Quizás todo esto tiene que ver con la noción que muchos tienen de usted como una persona desequilibrada mentalmente.

–¡Ay, pero a mí nunca me habían dicho eso antes! Cuando me han dicho loco, me lo han dicho como artista. Yo creo que se ha mal entendido mi carácter fuerte, exigente y riguroso. Un carácter fuerte no tiene que ver con asesinatos, ni con maltrato físico. Yo me formé artísticamente por profesores que eran muy fuertes de carácter. Soy el resultado humano de esa enseñanza.

–O sea, no hay locura. Usted ni toma pastillas ni ha estado bajo tratamiento psiquiátrico.

–No, hombre, no. ¡Pero qué es eso! Déjame aclarar, para que no haya confusión. La ignorancia, el analfabetismo, el trastorno, la envidia, la maldad, la negatividad, los problemas agudos y delicados de personalidad y conducta pueden provocar que se creen alrededor de los artistas estos comentarios. De los grandes siempre se dicen cosas enfermizas. 

***

“¡Ay, pero qué barbaridad!” es una frase que Tony ha tenido que escuchar mucho en su vida, y que va a seguir oyendo. Pero lo que le molesta no es que lo miren, al contrario. Si no reparan en él, Tony dice que se muere de tristeza y de agonía. Que vive para la gente, y que sin la gente no es nadie. Lo que le molesta es que no lo comprendan.

Su categoría en la vida es la de showman, y mira que se ha cansado de explicarlo, pero la gente en Cuba no termina de entender. Un showman (ejemplos: Elthon John, Michael Jackson, Freddy Mercury) es un hombre del espectáculo, que siempre anda lleno de andariveles y que llega a convertir su vida diaria en una extensión de su carrera.

–Yo nací así. Desde niño nunca me vestí sencillo ni discreto. Diseñaba mi propio vestuario, y me combinaba mis zapatos con mi pantalón, mi calzoncillo y mis medias. Me ponía un sombrero con unas gafas y unos guantes, y una corbata o un lazo.

Foto: Yuris Nórido

Foto: Yuris Nórido

Actualmente no hay en Cuba muchos artistas –por no decir ninguno– que salgan de su casa a pleno mediodía llenos de charol, pelos, brillos, plumas y lentejuelas. Desde el principio, el proyecto socialista cubano miró con recelo la ostentación y los caracteres demasiado peculiares, sembrando en la gente un rechazo a lo distinto. Tony parece haberse limpiado con todo eso.

–Si soy un artista del gran espectáculo no se me concibe con una guayabera, ni con una camisa de mangas largas sencilla. Yo tengo que ponerme un vestuario que llame la atención, que impresione. Porque el espectáculo no es más que la sorpresa, el color, lo inimaginable. No se concibe a un artista del gran espectáculo con la ropa de un trovador o de un escritor. No. Yo soy el show. Yo soy el espectáculo.

–¿Cómo le va a usted en la calle con todos esos andariveles?

–A mí me aman. La gente viene aquí y me pide autógrafos, se tira fotos conmigo, paran los carros. Yo paro el tráfico. La gente quiere tocarme, porque me ven como algo inalcanzable. Algo no humano. Me quieren tocar para ver si yo soy igual que ellos.

–Me imagino que eso trae mucha envidia.

–Ser un artista exitoso con una carrera brillante trae mucha envidia. Lo tengo que decir aunque suene pedante, porque es peor tener falsa modestia. Hay quien dice: “Ay, ¿pero él no tiene abuela?” ¡Qué abuela de qué! Yo digo la verdad. Si te gusta, bien. Si te molesta, date un tiro. 

***

–Todo el mundo se muere. ¿Cómo sería el funeral de Tony Menéndez si pudiera planificarlo?

–Yo no voy a tener funeral. Porque no va a alcanzar cementerio para el mar de gente. No va a alcanzar porque todos los extraterrestres, y todos los planetas, y todos los países del mundo van a asistir muy tristes porque saben que ya no podré seguir haciéndoles llegar mi arte.

–No. En serio. Si pudiera planificar eso, ¿cómo sería?

–Tiene que haber elefantes de la India. La caja va arriba de un elefante. Y alrededor leones cuidando ese elefante, con jirafas y King Kones y todos los animales más feroces y más grandes de la Tierra. Y el público de Cuba y una representación de cada país del mundo, y los esquimales, y los indios, y los negros africanos. Me velarán al lado del Sol. Van a poner una escalera muy grande para llegar hasta él y decirle: “Lo queremos eterno. Que dure por siempre en los corazones y los pensamientos de la gente”.

Tony Menéndez: Yo digo la verdad. Si te gusta, bien. Si te molesta, date un tiro / Foto: Yuris Nórido

Tony Menéndez: Yo digo la verdad. Si te gusta, bien. Si te molesta, date un tiro / Foto: Yuris Nórido