Yoban Pelayo

Yoban Pelayo

Destiempo muestra la belleza terminal de una industria y una forma de vida condenadas. Expulsadas de la historia, diríamos.

Yoban Pelayo ilustra el epílogo de la economía azucarera en Cuba; una actividad cuyas luces y sombras —si damos crédito a gente como Fernando Ortiz o Moreno Fraginals— contribuyeron decisivamente a cincelar la identidad y la nación isleñas.

  • Yoban Pelayo. Destiempo.

Tras lustros de ineficiencia pertinaz y, de repente, sometida a una drástica racionalidad económica, la vieja industria azucarera fue desmantelada en gran medida entre los años 2002 y 2005. El reverso estricto e irónico de aquella «Zafra de los Diez Millones» que en 1970 debió llevarnos, sin escala, hasta el futuro.

Como parte de un masivo plan de reordenamiento gubernamental, se paralizaron 95 de 156 centrales, unos 100 mil trabajadores fueron «reubicados»: las fuerzas vivas del azúcar se dispersaron o languidecieron junto a los muros y las maquinarias detenidas. Algunos quedaron sosteniendo la tradición, repitiendo gestos que tienen más de cuatro siglos, y produciendo azúcar. Todos están aquí.

  • Yoban Pelayo. Destiempo.

Pelayo asegura que este es «un homenaje a esos hombres y mujeres que en muchos casos perdieron sin saber a ciencia cierta en que se equivocaron». La serie resume más de 200 días desandando ingenios y antiguos bateyes. «Nos habla de nostalgia, alcoholismo, desempleo, juegos ilegales, y de una generación como la mía, y las siguientes, ajenas al campo, al azúcar, que es decir Cuba de otra manera».

Destiempo es una crónica de «sobrevivientes» sitiados por «el resplandor del trópico».