La próxima guerra

En el banco de un parque, esta pintada: “¡Emigrantes, váyanse a la mierda!”. Por ese parque pasan, y en ese banco se sientan, todo tipo de extranjeros. Haciendo fotos, reponiendo fuerzas, mirando un mapa.

Es la tropa multirracial que recorre Europa cada verano, distorsionando la vida de las ciudades desde el negocio, incontrolable, del turismo.

Y son tan extranjeros como los emigrantes a los que el grafiti manda a la mierda, sólo que el rechazo no va con ellos, ni se dan por aludidos, ni reparan en nada que no sea la próxima catedral, el próximo restaurante, los próximos espectáculos.

Son bienvenidos porque llegan para gastar el dinero, mientras que los emigrantes son “malvenidos” porque vienen a buscarlo.

Hay un momento en que el turista deseado y el emigrante denostado coinciden en tiempo y espacio, justo cuando uno le sirve al otro. Ese instante en que la economía de servicios los pone frente a frente, aunque en posiciones distintas.

El emigrante de estos días personaliza la masificación del exilio, de la misma manera que el turista encarna la masificación de la utopía. En sus respectivos desplazamientos, hay una pérdida de envergadura épica. Como si uno respondiera a la economía low cost y el otro a una política low cost.

Cuando el mundo sea, por fin, orwelliano (y eso acabará ocurriendo, no lo duden), es muy posible que estalle la guerra entre turistas y emigrantes. Ese western inapelable en medio del cual los últimos nativos quedarán atrapados. Atribulados entre seducir a los primeros y expulsar a los segundos.

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Iván de la Nuez
Iván de la Nuez
Ensayista e iconófago. Le gustan las teorías jíbaras y las novelas donde aparecen artistas. Duda entre pasarse al vodka o a la Baskerville Old Face.

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