Hectico / Foto: Cortesía del autor

Hectico / Foto: Cortesía del autor

Usualmente en el Parque Plaza de Marte de Santiago de Cuba hay dos señales de «Wifi-Etecsa». Una de las dos es falsa. Y no solo falsa. Abres tu móvil o laptop, activas la Wifi, tocas esa señal y te da «Error» o algo parecido. Sigues dándole un rato, bajo el sol, sobre ese trozo despiadado de brasa encendida que es Plaza de Marte, y es inútil: no puedes entrar a tu propia cuenta, algo así como que no puedes entrar a tu propia casa.

Cuando tocas la señal efectiva y accedes al portal de Nauta y pones tus datos, te dice que otra persona está usando tu cuenta, o que ya no tienes saldo. Que te pase tres veces en un mes equivale a un tercio del salario medio. El pequeño ciudadano, al que ya le han timado tres veces en el mismo sitio porque no hay otra, se pregunta: ¿Existe un chance, un atisbo acerca de que todo lo que te oprime y te inmoviliza en una red mostrando su absoluto poder sobre ti, podría ser neutralizado algún día?

Respuesta: Sí.

El pequeño poder del sujeto sobre el poder de la Pandilla se encarna de vez en cuando. Anuncias en Facebook que te robaron tres veces en Plaza de Marte y Betsi, un ícono entre miles de la red social, comenta en tu muro que pruebes la ETK bajándola por Google play. Eso haces. Y con la ETK, con su aviso de señal de ETECSA verdadera o falsa, desde hace unos 7 meses no te roban más, ni en Plaza de Marte ni en ninguna parte. Cuando entras a alguna zona Wifi te sientes tan seguro en ese costoso destello hacia la libertad que es Internet, que casi olvidas que morirás algún día. Tu guagua, pongamos que Habana-Santiago, se rompe en un pueblo llamado Jatibonico, caminas hasta la zona Wifi del pueblo y te das cuenta que todos los que te rodean también la usan. Es obscena, es como una de esas prendas de TRD que todo el mundo usa, y que odias porque también usas, o ese escritor que todo el mundo lee y que aun siendo tú un pura sangre te tiene tomado por los cojones.

Un par de semanas después le escribes al ícono Betsi agradeciéndole la sugerencia. Tu novia te dice que Betsi, por si no lo sabías, era la mujer de Hectico, y que Hectico es el tipo detrás de la ETK, un chamaco que conoces hace más de ocho años, y con el que te has cruzado más de ciento cincuenta veces, pero con el que solo has intercambiado apreciaciones sobre el clima o la calidad de la cerveza a granel, o algunos mensajes de cejas del tipo «esto está fula aquí, ¿no?».

Así que cuando vas a entrevistarlo te mueve una curiosidad auténtica. ¿Cómo es que un tipo que veías discurrir todos los días hacia la nada absoluta es quien hizo la ETK? ¿Te has estado perdiendo algo, no solo de Hectico, sino del mundo en general?

Al verlo acercarse por una calle de «Ciudad Jardín» ves que ha dejado de hacer hierros. Tu último recuerdo, o tu recuerdo más revelador de Hectico –ese gesto que uno congela de pasada creyendo que es el código fuente de una persona– es la foto que colgó en su perfil de Facebook hace un tiempo. Está en camiseta y en pose, con un interés marcado en demostrar que hace hierros. Así que tu idea congelada sobre Hectico es la de un informático típico, que hace hierros y eso lo ayuda a vivir, que consume a Estopa y a Buena fe, y que dice «joder» en vez de «ñoj pinga». Al acercarse por la calle lleva un pulóver blanco y un short beige: Estopa, Buena fe, Real Madrid, apuestas.

Te conduce hasta su casa en «Ciudad Jardín». Entrecomillado porque la primera vez que oyes el nombre de este barrio imaginas jardines por todas partes y una de esas urbanizaciones socialistas con Mini-más incluido, de avenidas triunfales, de culos redondos bajo mezclilla de Mercado Paralelo, de sonrisas blancas y sanas, de jardineras hechas en moldes de prefabricados. Pero Ciudad Jardín –y esto es importante para el subconsciente del lector–, sin comillas, sin jardineras, a secas, es apenas un barrio de callejones, y caca de caballos como muchos de los barrios nuevos de ese plato bajo el sol –orgulloso de sí y fallidamente occidental– que es la ciudad de Holguín.

Bordeas con Hectico una especie de taller de mecánica por un camino sin asfaltar y llegas a una cuadra sin trazo, de casas al lado de casas y más casas con o sin parterres y techo de hormigón como lápidas. La suya, la de Hectico, es una pequeña mole de mampostería de autoconstrucción familiar con todas las obras de acabado terminadas, repello exterior, portería, rejas, balaustres, pintura. Lo que mueve a Hectico, piensas, no es una casa. Tampoco tener una casa segura. La casa de Hectico es una verdad indiscutible de hormigón armado.

Hectico se llama Héctor Cruz Santos, 29 años, y su forma de conducirse se te parece bastante a la aplicación que colgó en Google play a finales del 2014: pocas palabras, pocos colores. A Hectico no le preocupa ponerse a un lado, poco a poco, poco a poco, hasta desaparecer. A diferencia de otras aplicaciones que parecen arcoiris, la ETK posee un diseño sin pretensiones, a lo Windows XP. Cuatro colores: azul claro predominante, un amarillo y rojo marginales para indicaciones como la intensidad de la señal, y un botón verde flotante para transferencias de saldo.

La ETK es gratis, te cuenta Hectico, porque surgió para divertirse, un divertimento que devolvía todos o casi todos los servicios que ofrece ETECSA en telefonía móvil de un modo intuitivo, usando atajos; un paquete de esas soluciones que preocupan a algunos arquitectos que se plantean prever por dónde la gente atravesaría el césped que enfatiza la fachada de un ministerio para luego diseñar senderos preclaros de piedra.

Hectico y su familia / Foto: Cortesía del autor

Hectico, Betsi y la hija de ambos / Foto: Cortesía del autor

Tu primera pregunta con la grabadora encendida es si vivía de programar, o si programaba cualquier tipo de cosas. Betsi se ríe con sorna. Es difícil saber si Betsi sabe lo que quiere, pero es el tipo de muchacha que nunca arrojaría nada, o sea, en el caso de que tuviera que alcanzarte la llaves de su oficina, caminaría los metros necesarios para entregártela en la mano, aun cuando tuviera que saltarse la luz roja de peatones. El interior de la sala está amueblado con juego acolchado de sofá y butacas azules, multimueble pardo, TV plano, biscuits plásticos, retratos de boda. Hectico responde.

Yo programo preferentemente aplicaciones para Android, pero vivo de un taller de reparación de celulares. De hecho, estas soluciones surgen de ahí mismo. De los problemas que tiene la gente con ETECSA.

La ETK comienza a esparcirse en la calle, y Hectico se plantea desarrollar una versión más amplia. Betsi lo ayuda en las relaciones públicas y la ortografía. Pero se posiciona sobre algo más que la Ortografía y las Relaciones Públicas, se posiciona como el hombre araña se posiciona sobre el Empire States, viendo más allá. Si una bala corta la tarde en busca de un corazón y ella tiene la claridad de verla venir –que la tiene sin lugar a dudas–, esa bala no le dará a Hectico.

Antes de que Hectico, el esposo de Betsi, apostara por sostener el proyecto de la ETK había desarrollado otra aplicación paga llamada SamWifi cuyo fin era nuevamente solucionar obstáculos entre el Usuario y Etecsa.

Eso fue hace como dos años… Los teléfonos Samsung que había en aquel momento tenían la versión de Android 4.1 y estaba por salir la versión 5.0. La tarjeta de Cubacel tiene una región «cu» que los Samsumg usan para detectar el rango Wifi. Pero esa región no estaba reconocida en ningún lugar. Entonces tenías que rootear el teléfono usando permisos administrativos, que es lo más complicado, y así se resolvía. O sea, que a través de ahí ellos podían comprender la señal de la Wifi en Cuba.

Pero no era gratis.

No. Esa no era gratis. Eran 15 días de prueba y luego tenías que pagarla por saldo. Todo lo contrario a la ETK, que es totalmente gratis. Cuando pasaba cierto tiempo, la SamWifi tenía para ayudarte con ese problema. Por ejemplo, que me escribieras un mensaje pidiéndome el código que necesitabas ver para eso. Y ya. El que me lo pedía yo se lo mandaba y no me tenía que pagar nada, ni nada parecido. La aplicación sola se autogestionaba y buscaba una salida para el que no podía pagar.

¿Y por qué decidiste que la ETK debía ser gratis?

Porque no era lo mismo. O sea, la SamWifi era para reparar un problema. Y la hice más bien como una solución técnica que ofrecía mi taller. Pero seguramente la gente iba a comenzar a pasársela en la calle. Entonces lo que pensé fue que si se regaba… tenías entonces que… que… pagar.

La palabra «pagar» cae al suelo y comienza a saltar vergonzosamente como un pececillo vivo. Estás unos segundos viéndola sacudirse, luego boquear, hasta desaparecer. Hectico continúa:

Los cubanos tenemos otra filosofía. Si le pones a un cubano que tiene que pagar equis cantidad por un servicio, y luego aparece otra aplicación que es gratis, el cubano se va a ir por esa que es gratis, sea lo que sea. Eso no es tanto un gancho… es una filosofía. Aquí Windows siempre ha sido pirateado. Ni siquiera tenemos un mecanismo para pagarlo. Además, inicialmente la ETK para mí fue un hobby, porque no vivo de eso.

Te das cuenta de que Hectico es, a la corta o a la larga, reo de la pregunta: «¿Qué ganas haciendo lo que haces?». Y es aquí que recuerdas a un presentador televisivo cubano llamado Reinaldo Taladrid, quien vende un método epistemológico infalible para descubrir la verdad: «sigue el rastro del dinero». «Sigue el rastro del dinero» y «saque usted sus propias conclusiones» son dos frases que brotan desde las cavernas del imaginario colectivo a través de los pulmones y la laringe de carne, sangre y flujos con erupciones gaseosas de Taladrid. Y se repiten hasta en las cafeterías de a peso el trago de café y 35 centavos el cigarro suelto. «Saca usté sos propia concluziones», le dice un borrachín a otro alzando el dedo índice de los oradores. Todo un iceberg de lo que ha sido la historia de Cuba en los últimos 50 años: un buque cruzando la noche, la guerra fría y sus novelas de espionaje que eructa: «Sigue el rastro del dinero».

Según esta «filosofía» a Hectico le debe preceder un rastro de dinero, una historia turbia.

A mí me pasa… Si utilizo la aplicación que hizo otra persona y pongo mis credenciales, se me queda en la cabeza que esta aplicación puede quedarse con esos datos. Y como estás tocando algo tan sensible como el usuario y contraseña, también tocas el saldo, y los planes que están disponibles.

»Una vez me acusaron de estar robando cuentas Nauta, y un usuario me aconsejó que respondiera a esos comentarios. Yo dije que llevaba 3 años trabajando en esta aplicación, y que no iba a destruirlo todo por robar cuatro horas de Internet. Hay personas que les confían sus contraseñas a extraños, por ejemplo, en una zona Wifi, para que los ayuden a acceder sin saber si esa persona memoriza su contraseña. Si luego ellos utilizan esos datos, robándoles el saldo, la culpa cae sobre la ETK. Así que en ese momento me dije que la única manera de demostrar que no hacía nada malo era hacerlo público.

»Iba a hacer pública la programación de la ETK, pero algunos usuarios me aconsejaron que no lo hiciera. Uno puede descompilar una aplicación, modificarla, volverla a compilar y ponerla en la calle, se hacía muy sencillo clonar este proyecto, y hacerle modificaciones malignas, y publicarlo como la ETK. En Cuba es muy fácil hacerlo porque en otros países los usuarios de Android saben que las aplicaciones se deben descargar por Google play, porque están libre de amenazas de virus, y porque cada aplicación tiene una firma de autor contra falsificaciones que Google play es capaz de detectar, pero en Cuba es diferente. Al final podía suceder que alguien hiciera un fraude de estos, y lo pusiera a circular por Zapya… en ese caso era yo el que iba a pagar las consecuencias. Por eso decidí no hacerlo, no mostré el código de la ETK. Cualquier persona podía echar abajo el prestigio de la ETK.

Te cuenta Hectico que diariamente recibe más de 10 correos electrónicos de usuarios enganchados a la ETK. La mayoría, dice Hectico, agradecen, pero otros emplazan.

Una vez al taller llegó un cliente que tenía un problema… no recuerdo qué. No recuerdo. Y el hombre dice «los descaraos estos creen que les tengo que pasar 50¢ (CUC) para que funcione la aplicación». Yo lo estaba oyendo y salto. No era conmigo, pero salté porque las personas no entienden el tiempo que tú le tienes que dedicar a cada aplicación. Y como yo lo hago, que lo hago por fuera de mi horario laboral, porque tengo que buscarme la vida… Te consume noches, madrugadas. Eso la gente no lo ve. Y ese hombre lo que te puede decir es solo eso: descarado o ladrón. Me insultó eso, y le discutí al hombre y terminó comprendiendo, le pusimos incluso la ETK, y hasta nos dejó una propina de 20 pesos (CUP) que hasta era más que los 50 ¢ que le pedían los desarrolladores de la aplicación de la que hablaba.

En su reportaje «La Bestia Humana» sobre el origen de Silicon Valley, Wolfe dice algo acerca del desbalance entre el coste y beneficio que rodea a la industria tecnológica. El viejo explica que los creadores de Fairchild Semiconductor (pioneros de los circuitos integrados y los microprocesadores, entre los que se encontraba Robert Noyce, cofundador de Intel), se dan cuenta que «todos los elementos de la infraestructura industrial clásica (instalaciones, equipamiento y materia prima) requerían una inversión mínima», la piedra de toque invaluable es el cerebro de los trabajadores, una pieza milagrosa que hará correr el dinero. Recuerdas esto y le preguntas a Hectico que si era un negocio fácil, si era una inversión menor con un beneficio superior dedicarse a arreglar móviles. Te dice que no, que algunas cosas son caras, como un accesorio llamado «Caja», que hace de interfaz con el teléfono. Pero tú hablas de algo más general. Tú quieres que Hectico filosofe, pero es otra su naturaleza. Cuando le preguntas si él trabaja por ensayo y error, Hectico responde que la computadora es la cosa más bruta que existe, tienes que programarle incluso las dudas. Más adelante le haces la pregunta de otro modo:

¿Y no será que mantienes gratis la ETK porque no invertiste dinero en ella?

No invertí dinero, pero sí tiempo.

Muchísimo tiempo y también conocimientos dice Betsi desde la cocina.

A Hectico lo puedes tasar por el botón verde para transferencia de saldo que flota arbitrariamente en el pórtico de la ETK. Por las opiniones de los usuarios que les escriben, Hectico se da cuenta que no solo les cuesta llegar al botón que ofrece la aplicación para hacer transferencias de saldo, sino que ese es un servicio ALTAMENTE NECESARIO en el bregar cotidiano de un cubano. Sociológicamente hablando, aquí hay un hito: la salida a flote de ese botón es resultado del ecosistema de dependencia y ayuda mutua que atraviesa al cubano medio. En una sociedad donde el entorno incitase a la autosuficiencia y el individualismo, un botón así, presidiendo una apk, no tendría sentido. El botón verde es una especie de huella en la arena de lo que es la mutua dependencia, el no aislamiento, la pobreza, la pobreza compartida, la pobreza remesista, el rentismo nacional remesista, el par de huevos, la colada de café, la libra de arroz, el gajito de canela que le pide un vecino al otro por encima de la cerca de cardona. El botón verde es una huella de socialismo en la arena. El punto es que Hectico –que no hizo un estudio de mercado, ni pensó sociológicamente– fue capaz de leer esa necesidad y encontrar un atajo para ella. Hoy el botón verde flota en la ETK como una conquista de ese sentido común que él puede decodificar como pocos, y que es una metáfora –para unos humillante, para otros hermosa, para otros ambas cosas–, de Cuba. El botón verde.

La laptop Mac que acaricia Hectico tampoco es barata, te dice. La llama «manzana». Exactamente dice: «esta manzana no es barata». No lo es. Una Mac en Cuba es un verdadero lujo. Todo Apple lo es. Una Mac es dinero que llama dinero como llama insectos el papel matamoscas. Se supone que un técnico de celulares, un guionista de cine, un Deejay, un vendedor de audiovisuales pirateados, tiene derecho a un tratamiento diferente si tiene una Mac de estas sobre su escritorio. Hay una minoría de niños bien entre la vanguardia política y artística cubana que tienen Mac, por supuesto, pero existen los que no son niños bien ni de lejos, pero aspiran a serlo con este talismán, con este anuncio de principios hacia el infinito y más allá que es una Mac. Y Hectico acaso es uno de ellos, y por supuesto es fan a Steve Jobs. Hectico es uno de esos discípulos de Jobs que supo agarrar la idea, y resolver «el problema del botón verde» de todo consumidor.

¿Y por qué una Mac, por los virus y todo eso?

No, quiero aprender de este sistema operativo. Además, porque nunca simpaticé con Windows, ¿ves? Siempre utilicé Linux, me gustaba la filosofía libre de las cosas que no son pagas. Por casualidad de la vida me cayó esta… que se ve bonita, ¿no? Y no conocía Mac, ni Apple. Este sistema operativo es para nada libre, pero incluye muchas cosas de Linux con un entorno visual mucho mejor.

La interfaz se parece bastante a la de Linux.

Sí, pero es muchísimo mejor. Y lo piensan todo. ¡Steve Jobs! Ese es el ídolo. El tipo lo pensó todo. Lo encaminó todo. Y es tan al detalle de… de… de lo que te hace falta. Por ejemplo, mira esto de las múltiples pantallas. En Linux yo lo había visto, y se hacía por combinaciones de teclas, lo había considerado pero nunca me gustó. Cuando lo vi por primera vez aquí le hice rechazo, pero después de que te acostumbras no toleras otra cosa. Ellos tienen esto de que con tres dedos tú pasas de un escritorio a otro, porque el touch de estos equipos aguanta eso. Cuando unes todas esas cositas y te acostumbras, te enamoras de eso. Lo hacen para que te enamores. Carísimo, son unos desgraciaos, pero lo hacen para enamorarte. Tienen cosas que aquí en Cuba no puedes conseguir muy fácilmente, pero te enamoras.

Hectico sube la pantalla de la Mac. Da algunos clics y te mira con brillo en los ojos. Un resplandor azul radioactivo le da en el rostro:

Esta es la programación de la ETK. Eres la primera persona en mi círculo cerrado que lo ve.

Te levantas de la butaca y te asomas. No ves nada. O sí, ves algo, un incompresible idioma de programación que se parece más o menos al Pompidou sin paredes, sin puertas, ni muebles, un edificio de letras y números, que deriva en pisos y más pisos y mezzanines de más letras y números sin seres humanos de los que enamorarse. Le dices que tu gran sueño es programar un diccionario de la RAE para tu móvil. Él te dice que hay miles de diccionarios para móviles. Le dices que sí, pero que ninguno es el de la RAE, y los que son de la RAE exigen pago, y que tú lo quieres gratis. Es nuestra filosofía.

Durante la entrevista el móvil de Hectico suena dos veces: ha recibido dos donaciones de 1 cuc cada una. La ETK gestiona automáticamente donaciones en los usuarios. Te explica que las donaciones suelen llegar y agotarse acompañando las promociones y bonificaciones de ETECSA, el Gran Hermano, el Ojo que Todo lo Ve, la única empresa de Comunicaciones de Cuba.

Pero si no puedes donar no pasa nada. No deja de funcionar.

Dice Hectico.

De hecho, tuve que aclarar que la donación no implica agregar alguna nueva función. Solo es un aporte al trabajo de los desarrolladores. O sea, la ETK no va a hacer nada nuevo, porque existe la costumbre de que otras aplicaciones exigen algún pago para agregar funciones nuevas.

Pero las donaciones para Hectico son otro disparador de equívocos, dedazos y paranoia.

A algunas personas le cuesta un poco comprender cómo se usa algo como un smartphone, ¿entiendes? Por ejemplo, supón que vas a hacer una donación. Estas son mayormente de menos de un dólar. Supón que quieres donar 50 centavos. Pero tecleas 5, pensando que son 50 centavos y los envías. Supón que pusiste 50 CUC pensando que son 50 centavos. Y te llegan 50 CUC de donación. Y ha pasado un pila de veces. Con 30, con 20 con 10 CUC.

¿Y te llaman pegando gritos?

Imagínate. Entonces se los devuelvo y me agradecen. Y les dan gracias a Dios. Porque muchos son religiosos. Y les dan gracias a Dios.

No es que sean religiosos… es que les dan gracias a Dios porque a más nadie podrían darles las gracias, y a esa hora creen en Dios cuando le devuelven el saldo —dice Betsi medio en broma medio en serio.

Si no devuelvo ese dinero el prestigio de la aplicación cae al piso. Muchas personas, casi todas, me llaman y me dicen: «Mira, yo no quiero todo el dinero. Mándame la mitad, o lo que tú quieras pero mándame algo para atrás». Y yo les digo: «Mire, no se preocupe que yo les mando todo el dinero para atrás», aun perdiendo los 30 centavos de la transferencia, pero hacerlo es muy importante para la aplicación, es mi prestigio. Y lo más interesante es que me dicen: «Mira, mándame la mitad», como si ya estuvieran acostumbrados a que les engañen y le roben el dinero. A no tener derechos sobre nada de eso, ¿no?

Hectico se va hasta su cuarto y regresa con una bolsa plástica. La abre ansioso, manos ansiosas. Saca una especie de máscara plástica en las que puedes insertar tu móvil y hacer paseos virtuales por una caverna, por un tobogán, por un lenguaje de programación, por un Jurasic Park, por una habitación con tres rubias cariñosas y sibilantes. Te dice que las de Google son de cartón y se llaman CardBoard. Y que el último prototipo de este juguete se presentó en la IO de Google del 2016 pero él no pudo tener acceso a la información. No hay acceso para Cuba, ni siquiera a la puerta trasera del Google Play. Te dice que es un amigo de la infancia, que vive fuera del país, quien le cuelga las actualizaciones de la ETK. No depende de él. O sea, hay fuerzas que no controla que impiden que él, que es programador, que se graduó de ingeniero informático en seis años en cursos por encuentros, que ha hecho, según el blog TuAndroid, una de las aplicaciones más populares de Cuba, tenga acceso a esa información.

Le preguntas a Hectico para qué sirven los números y siglas que brinda la ETK en su barra superior. Y mientras te explica te distraes y Hectico se disuelve lentamente…. y dejas de oír su voz que se aleja… piensas que en siete días recibe más comentarios en la red que cualquiera de los artículos tuyos en tres años. Piensas que hace dos años el único pago que recibían la mayoría de los blogueros, opinando a veces cosas justas o idiotas en Internet, eran comentarios. Comentarios. Eso. Cada comentario era un destello de heroína en un ecosistema donde no era posible acumular capitales materiales. Porque no se podían acumular capitales materiales. Pero sí se podían acumular comentarios como se acumulan cigarrillos en las cárceles. Cada bloguero estaba enganchado al caballo de una comunidad apasionada de comentadores generadores de capital, y cada bloguero era aupado por encima de las cabezas de la multitud como en unos de esos musicales donde una pandilla de machos engominados alza a Marilyn Monroe al cielo cantando ella algo así como dónde están los diamantes, me gustan los diamantes, saben, soy una chica rubia que quiere nadar en diamantes y no puedo evitarlo.

Vuelves a Hectico, que seguía explicándote aquello, que había hecho la aplicación para él y que esos datos que aparecen en la parte superior eran reminiscencias de ese uso inicial:

Encima de la palabra «Señal», puedes chequear cuan fuerte es la señal en tu móvil. Ahora la tuya dice: «-93 dbm», pero si te trasladas de aquí puede decir «-70 dbm». Eso te puede servir para conocer cuán lejos estás de una antena, o la calidad que va a tener la llamada que vas a hacer. Mientras más tienda a cero el número que ves ahí, más fuerte es la señal… Arriba de la palabra «Tecnología», dice «HSDPA», eso es lo que se conoce como «3G»…

Te dices que muchos de aquellos blogueros no solo eran capaces de tirarse a un corral de toros por sentir que vivían, sino de colocar una opinión sin saber si ello significaba serrucharse a sí mismos el piso. Pero morir en una oficina…, asumir un destino programado en un ministerio con la cabeza sumergida en la pecera, eso no. Pon que casi un millón de cubanos se conectan diariamente a Facebook pagando un precio oneroso por unos minutos en Internet solo para sentir que existen a través de likes y comentarios. Hectico, en su caso, recibe a diario, casi gratis, un mínimo de 10 comentarios, algunos de agradecimiento, otros de inculpación, como si su auditorio fuera una multitud de marineros ebrios que en un minuto lo arropan y le cantan vivas y en el siguiente le escupen mueras, cáscaras de plátano, coles podridas. Mientras la filosofía es «todo es gratis», o busca «la ruta del dinero», Hectico se despliega y se repliega, se estira y se contrae sacando música como el fuelle de un acordeón. Le preguntas si tiene sueños, si te puede contar un sueño, esperas que te cuente un sueño, algo así como que un gallo rojo le persigue por un pasillo del Santiago Bernabéu, y te responde que normal, que no recuerda ninguno, pero que su Sueño no se diferencia del tuyo, que es lo mejor para su hija, y lo mejor para Betsi.

O sea, si dices Sol, Hectico dirá fosforera.