Foto: Radio Bayamo

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El 18 de diciembre publiqué un reporte sobre el inminente pacto entre Major League Baseball (MLB) y la Federación Cubana de Béisbol (FCB). Menos de 24 horas más tarde se confirmó la existencia de un acuerdo que hoy, luego de tres meses, está congelado.

Tras los comunicados iniciales emitidos por MLB y la FCB comenzó una saga de silencio. No se escucharon noticias de la puesta en práctica de los mecanismos que conformaban este histórico pacto.

En su momento se pensó que éste devolvería por fin a los beisbolistas de la isla a las Grandes Ligas, sin la necesidad del tráfico ilegal ni las habituales problemáticas en los terceros países, y con la posibilidad de regresar a casa al finalizar cada temporada. Por ello, resultó extraña la ausencia de actualizaciones sobre un convenio que rompió más de cinco décadas de distanciamiento entre MLB y Cuba.

Tampoco desde la isla, donde la prensa se ciñe a las informaciones oficiales, llegaron noticias acerca de cómo sería el proceso de scouteo y firma, sobre el probable establecimiento de agencias de representación o sobre posibles penalidades en caso de que un beisbolista emigrara y buscara un contrato por su cuenta.

Entonces, ¿qué pasó realmente?

«He escuchado que la administración Trump desaprobará ese acuerdo», me dijo una fuente muy cercana a un equipo de Grandes Ligas.

La constatación sobrevino este 7 de abril, cuando John Bolton, asesor de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, publicó en su cuenta de Twitter: «Cuba quiere usar a los jugadores de béisbol como peones económicos, vender sus derechos a Major League Baseball».

Resulta improbable que Cuba pretendiera usar a sus jugadores del modo en que señaló Bolton. Más bien este acuerdo representaba un freno al éxodo de más de 500 beisbolistas desde 2011 y, a lo sumo, la recogida de una ganancia austera por haberlos formado.

En todo caso, un día después del tuit, a las 3:13 de la tarde de este lunes, el Washington Post publicó una nota adelantada anunciando la cancelación del acuerdo.

Inmediatamente después de aquel anuncio de diciembre, un amplio grupo político liderado por Marco Rubio, senador republicano por la Florida, había comenzado a presionar para que Washington desaprobara la alianza del béisbol entre ambas orillas.

Por otro lado, cabe señalar que en los últimos meses varios de los mejores jugadores en la isla han resuelto contratos en ligas como México y Panamá, lo que dice a las claras que la FCB no creía que ellos pudieran firmar con MLB. El interés se ha centrado más bien en jóvenes prospectos considerados «amateurs» al no superar las seis temporadas mínimas en la liga cubana, ni los 25 años de edad.

Este 8 de abril, la administración Trump lo terminó. Cuatro meses duró el sueño.

Problemas desde Cuba

Kleyvert Rodríguez, un agente certificado de Phoenix Sports Agency que reside en Italia, viajó a la isla en el mes de enero con el objetivo de ofrecer los servicios de su agencia a los más destacados prospectos cubanos. Sin embargo, él no obtuvo más que excusas y constantes bloqueos por parte de las autoridades.

Se trata de un cubano emigrado en la década de los 90, lo cual le ayudó a flexibilizar el proceso de negociación en La Habana. La suya es una de las agencias más limpias dentro del negocio y no ostenta, como otras, manchas de tráfico ilegal en su historial. No obstante, Rodríguez no pudo concretar ninguna representación luego de dos semanas en la capital cubana.

En las bases del acuerdo entre Cuba y la Gran Carpa se expresa que «el jugador de la FCB puede elegir ser representado por un agente de jugador o un representante durante las negociaciones con un club de MLB».

«Somos la única agencia que ha ido a Cuba hasta el momento», dijo Rodríguez de 41 años. «Pensé que nos abrirían las puertas para trabajar con algunos jugadores, pero eso no sucedió», dijo.

El comisionado de la FCB, Higinio Vélez, nunca aclaró la situación en torno a los probables agentes de los beisbolistas y, ciertamente, no ha demostrado comprender el complejo negocio en que se hallaba involucrado hasta este lunes.

Vélez fue mánager de las Avispas de Santiago de Cuba en la década de los 90 y primeros años de los dos mil. Guió al equipo Cuba a la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Atenas en 2004 y también lideró la selección nacional en los Clásicos de 2006 y 2009. Hombre de entera confianza del gobierno, tomó las riendas en 2007 de la FCB, pero no conoce mucho sobre negociaciones, cláusulas legales ni aperturas.

«La Federación no puede obstruir la libertad de representación del jugador», opinó el venezolano Félix Luzón, agente y CEO de 9 Stars Sports Management. El pacto bilateral aclaraba que cada pelotero elegiría su representación libremente y buscaría firmar su contrato profesional por la vía que creyera necesaria.

Otra fuente contó cómo una agencia intentó reclutar al lanzador derecho de 22 años Yariel Rodríguez. El veloz tirador ya estaba prácticamente convencido. Sin embargo, «se echó para atrás».

Se piensa que los directivos de la Federación Cubana coaccionaron al pitcher para que no firmara con ninguna agencia extranjera. Luego, Yariel no apareció en la reciente lista de 34 peloteros elegibles a firmar con equipos de MLB. ¿Castigo?

El lanzador me hizo saber por medio de un periodista en Cuba que no «tenía conocimiento de por qué su nombre está ausente de la lista». Y comentó además: «Si no estoy en esa lista no soy libre y los agentes interesados en mí no podrán acercarse por eso».

Los ejecutivos cubanos del béisbol, con Vélez a la cabeza, requirieron a los jugadores que conversaron con entes foráneos, según explicó un pelotero de la isla que no quiso revelar su nombre.

El secretismo de Vélez y la Federación ha teñido el ambiente todo este tiempo, ofuscando a los aficionados y a la prensa. Lo que se suponía una oportunidad para un cambio de mentalidad y actitud, solo ha traído la reiteración de las manipulaciones del poder administrativo isleño.

Este 26 de marzo, en las instalaciones del Estadio Latinoamericano de La Habana, el propio comisionado Vélez le confirmó a Boris Luis Cabrera, periodista de Cubadebate, que la lista de jugadores amateurs elegibles para firmar con equipos de MLB no sería develada.

«Le pregunté por el listado (a Vélez) y me dijo que era confidencial», expresó Cabrera.

Sin embargo, el martes 2 de abril la FCB dio a conocer un listado de 34 peloteros que dejó más dudas que certezas. Cuatro peloteros con trabajo en Japón que no podrán ser contratados hasta octubre, algunos prospectos importantes ausentes y una nebulosa en torno a cómo sería el proceso de scouteo y contratación.

El presidente Vélez se limitó a afirmar en el programa televisivo cubano Mesa Redonda: «Cada club que tenga la intención de contratar a algún jugador o de acercarse a ellos tiene que solicitárselo a la MLB y ellos inmediatamente a la Federación Cubana de Béisbol».

El lanzador villaclareño Javier Mirabal, de 22 años, por quien varias organizaciones estadounidenses mostraron interés, no se encuentra tampoco en la relación de amateurs elegibles. Ni el lanzallamas (de hasta 96 millas), ni sus amigos entendían por qué no fue liberado para firmar en este mismo ciclo.

«Se sorprendió mucho cuando no se vio en la lista», me aseguró alguien muy cercano a Mirabal. «No entendió nada».

Aunque Cabrera es optimista acerca de los cambios ocurridos en los últimos meses, cree que la principal culpable de todo el secretismo cultivado por Vélez y compañía «es la prensa (cubana), que les propicia una zona de confort. Hay que ser más incisivos en esas cuestiones», añadió.

Silencio en las oficinas MLB y MLBPA

El silencio ha reinado también en las oficinas de Major League Baseball. Tras varias semanas intentando comunicarme con un representante de MLB o del Sindicato de Jugadores (MLBPA), no recibí respuestas sobre cómo marchaba la implementación del convenio.

Cuando le escribí al Departamento de Comunicaciones del Sindicato de Jugadores, el coordinador Anthony Solís contestó vía email: «Por ahora, no comentaremos nada que tenga que ver con el acuerdo Cuba-MLB».

Analistas del mercado y especialistas de asuntos legales han estado convencidos durante este tiempo de que el convenio necesitaba de la aprobación de la administración Trump. «Puede poner listas y listas que es(e) acuerdo nunca lo podrán poner en práctica porque el Presidente Trump no lo aprueba jamás», opinó el agente de peloteros Gus Domínguez en un comentario en la red social Facebook.

La cuestión es que nunca quedó claro cómo sería el proceder económico entre un país, Estados Unidos, que no permite transacciones monetarias con Cuba (en virtud de las leyes del «embargo»), aun cuando la FCB persistiera en ocultarse bajo su carácter no gubernamental.

Se sabe que cuando la espera y la confidencialidad se extienden demasiado, esto puede significar que las cosas no andan del todo bien.

Desmitificando el mito

El acuerdo entre MLB y Cuba significó una salida al éxodo de los últimos cinco años, el cual alcanzó registros históricos. Para la Federación Cubana no quedó otra salida que buscar una negociación para no seguir perdiendo los derechos sobre los beisbolistas que ha formado. Para Major League Baseball fue también un logro, luego de que algunos de sus scouts, agentes y organizaciones aparecieran involucrados en el tráfico ilegal de peloteros, según plasma el investigador retirado Eddie Domínguez en su libro Baseball Cop, publicado en agosto de 2018.

«MLB buscó ese acuerdo para cubrirse de las investigaciones federales», dijo Domínguez.

Él mismo investigó el caso del cubano Dayán Viciedo, quien firmó con Chicago White Sox por una suma de 10 millones. Tiempo después, mientras descansaba en su casa un sábado, Domínguez recibió una llamada del Manager General de Boston Red Sox, Theo Epstein, preguntándole por qué Viciedo no aceptaba la oferta de Boston, si ellos estaban ofreciendo más dinero que White Sox.

«Chicago White Sox pasó dinero previo a los traficantes para que estos comprometieran al jugador con ellos», explica el autor. Domínguez dice estar 100 por ciento seguro de que las organizaciones de MLB conspiraron en el tráfico ilegal. El expolicía de Boston lideró varias investigaciones sobre peloteros cubanos que la oficina del Comisionado se encargó de silenciar, según relata en varios pasajes de su libro.

Las cosas cambiaron desde 2013. El 14 de enero de aquel año, el presidente Raúl Castro aprobó una Ley de Apertura Migratoria que permitió a los cubanos viajar sin las trabas de décadas pasadas. La maquinaria del tráfico de peloteros aprovechó esta posibilidad, y a partir de 2015 la mayoría de los beisbolistas cubanos que buscaban coronar el sueño de las Grandes Ligas abandonó la isla por vía legal. Esto representó menos riesgos para las inversiones en talento.

Pero ¿acaso alguien conoce con exactitud cómo variaron las modalidades migratorias en los últimos cinco años; qué proporción de peloteros dejaron Cuba legalmente en ese lapso? Durante más de cuatro años realicé una detallada investigación sobre la emigración de beisbolistas cubanos entre 1960 y 2018. Las cifras del último lustro son elocuentes.

Desde 2011, el 74 por ciento dejó Cuba de manera legal; el 22 por ciento continuó empleando el procedimiento ilegal de lanzarse al mar, y el cuatro por ciento restante desertó en torneos internacionales, de acuerdo con los datos que he podido recopilar. Las salidas ilegales descendieron desde un 61 por ciento entre 2001 y 2010 hasta aproximadamente la quinta parte de los casos de emigración entre 2011 y 2018.

Pero la salida legal de Cuba como nueva modalidad migratoria no significaría que los peloteros cubanos fueran a encontrar un paraíso una vez llegados a República Dominicana, Costa Rica, México o Venezuela. Este supuesto «paraíso» siempre fue artificial.

Los problemas con los inversionistas se han mantenido. Cuando el talento no es suficiente, hay retrasos en las firmas, o simplemente entra en juego el infortunio, los negociantes dejan a los peloteros en la calle. Sin miramientos. Entonces tienen que regresar a Cuba o arreglárselas lo mejor que puedan en otros países.

Más de 90 peloteros regresaron a Cuba desde que se activó la ley migratoria de 2013. Sin embargo, muy pocos de ellos han sido considerados en los planes de la FCB.

Lázaro Hernández, tercera base de 26 años, volvió a la isla y jugó en la liga cubana entre 2017 y 2018. La existencia de un acuerdo no lo frenó en sus aspiraciones de llegar por medios propios a Grandes Ligas. Él regresó a República Dominicana, donde había dejado a su mujer y su hijo, y el lunes 25 de marzo se presentó ante más de 30 scouts de MLB en la Universidad de Miami.

Cuando le pregunté por qué había dejado Cuba en tiempos del acuerdo, dijo: «Primero que todo está mi familia».

El 19 de marzo de 1962, el ministro cubano de Deportes de la época, José Llanusa, firmó la Resolución 83/A-62 que abolió la práctica del profesionalismo en Cuba. La idea era alejar todo lo que oliera a mercancía, dinero o propiedad sobre el individuo. Cinco décadas más tarde, Cuba regresó al contexto del béisbol profesional y el gobierno ha tenido que hacerse a la idea de «liberar» —para no decir «vender»— a sus atletas. Los tiempos cambiaron mucho desde los años sesenta, pero la mayoría de los dirigentes en Cuba aún no se ha desligado de los viejos preceptos.

A principios de este mes, otro talentoso prospecto llamado Víctor Labrada, outfielder de 19 años, abandonó Cuba por vía legal y se instaló en la capital de la República Dominicana. Él fue capitán del equipo Cuba en el último Panamericano sub-18, celebrado en Panamá. Aunque otros se han marchado entre enero y marzo, Labrada fue el primero de renombre.

Cuando parece que una historia termina, puede ser que apenas esté… recomenzando.

Volviendo al 18 de diciembre. Cuando publiqué mi reporte, más de una veintena de buscones, agentes, inversionistas y peloteros cubanos llenaron mi teléfono de mensajes. Algunos decían: «Eso no es posible». Otros: «Trump no puede aprobar eso». Cada cual defendía o temía por sus intereses y su negocio. La Federación Cubana también defiende los suyos.

Los mensajes llegaban desde cualquier parte del mundo. Algunos peloteros, varados en ese limbo contractual al que arriban en República Dominicana o México, pensaron inmediatamente en retornar a Cuba. «Dime si eso es cierto que estoy regresando mañana mismo», me dijo uno.

La historia continúa. El éxodo del béisbol cubano volverá a expandir sus compuertas. Cuba quedará inerme ante la cancelación de un acuerdo que por cuatro meses fue la esperanza de todos. De los jugadores, de los fanáticos entusiasmados por ver a sus estrellas ir y regresar. Quizás en un futuro cercano, si el presidente Donald Trump no es reelecto y la brújula política cambia, se podrá volver a soñar. La Federación Cubana también deberá modificar sus prácticas y sus doctrinas, tendrá que demostrar independencia; ya sabemos que todo ese misterio, todo ese control es lo que ha caracterizado siempre al gobierno cubano.

Por ahora solo queda despertarse. Fue solo eso, un sueño.