Foto: Elizabeth Rodríguez

Foto: Elizabeth Rodríguez

Quizá es el paisajismo la gran deuda de la fotografía en Cuba. Un país cuya naturaleza ha sido representada, y alabada, por sus poetas, sus músicos, sus pintores…, pero no tanto, de manera consciente, por sus fotógrafos.

En las últimas décadas, Cuba ha enfocado sus cámaras, sobre todo, hacia el acontecer, para consagrar la épica de una época o bien para develar la condición humana proscrita en la retórica del poder. El cielo y el infierno de la gente atrapados y expuestos por la lente documental; sublimados por el ojo estético y sensualista; transgredidos y recreados por los fueros vanguardistas y experimentales.

Ha escaseado, sin embargo, la plasmación protagónica del entorno natural; el estudio de lo bello que nos rodea y nos custodia: ni panteísmo, ni exaltación nacionalista, ni impresionismo, ni celebración (o denuncia) ambientalista. Poco, más allá de los catálogos de ciencia o las postales turísticas.

  • Elizabeth Rodríguez. Paisaje Rural.

Estas fotografías de Elizabeth Rodríguez derivan una vez más hacia la estampa social, pero ubican su discurso en la última frontera del Hombre frente a la Naturaleza. Narran jirones de la vida de unas personas a cuyas espaldas asoma el Monte. A veces, el paisaje está en sus miradas.

Estos no son campesinos felices, ni tristes. La disputa entre la luz y los grises, la severidad de las expresiones y del cielo vasto, las formas piramidales de las casas y la serena vitalidad de los gestos, ecualizan cierto esplendor, cierta miseria.

  • Elizabeth Rodríguez. Paisaje Rural.

La figura humana pareciera aquí, en contraste con tantas escenas rabiosamente urbanas, un elemento más del paraje inmemorial que se muestra o se adivina a pocos pasos, ahuyentado levemente por el artificio extremo de los cultivos, por la invención de la rueda, por el yugo y la estupidez esclavizada de las bestias, por los ladridos de ese perro que es el mejor amigo de ya sabemos quién.

Esta serie fotográfica, realizada en una zona tabacalera de Pinar del Río (occidente de la isla), es un documento cáustico y bello que nos habla sobre la humilde fatalidad del Hombre y la Mujer que Miran Todos los Días el Paisaje.

Una contemplación que es su mayor riqueza.

(Fotos cortesía de Elizabeth Rodríguez).