Damaris Betancourt. Habana Siglo XXI: Los habaneros.

Los habaneros no me sonríen. Ni una mano extendida, ni un «¿En qué puedo ayudarle?». Me miran con recelo; a mi cámara, con miedo. Es evidente que no soy a friend, no busco fotos-pancartas: niños sonrientes en uniforme escolar, señoras fumando tabaco, la Plaza Cívica con Guevara al fondo, un trombón en la azotea, un Cadillac Eldorado posando en Malecón, cuatro que juegan dominó, alguien que canta y toca las maracas: «Chan chan…», banderitas de papel que ondean al viento: «¡Yo soy Fidel!», en fin, sonrisas eternas.

Damaris Betancourt. Habana Siglo XXI: Los habaneros.

Pero hay excepciones. Habanero es también el hombre bajito que camina por Galiano, ve mi cámara, se detiene y posa para mí sin esconder su tristeza. Frente al cine Actualidades está parado un joven que viste una camisa azul, tiene un Popular entre los dedos y los ojos llenos de vacío. En la Gran Logia Masónica una señora mayor se llevará para vender una bolsa llena de potes desechables. Los soldados rasos que van en retirada después del desfile en un día inusualmente lluvioso y nublado. El sesentón en camisa polo roja que sube por Belascoaín abrumado por una inmensa pena.

Damaris Betancourt. Habana Siglo XXI: Los habaneros.

«Los habaneros» es desesperanza. Aquel descamisado, sentado a la mesa en un taller de artículos ortopédicos, que apoya su mano en la cabeza y mira hacia afuera. ¿Qué piensa? ¿A qué aspira? ¿Qué sentido encontrará a su existencia más allá de esperar que se disipe ese vaho caliente y pegajoso que despide La Habana?

  • Damaris Betancourt. Habana Siglo XXI: Los habaneros.

Texto (Zürich, junio de 2019) y fotografías por Damaris Betancourt.