Foto: Juan Cruz Rodríguez

Hasta hace unos días la calma no tenía sitio en la piquera del paradero de Playa, y a Tony apenas le alcanzaba el tiempo para comprar un pan con tortilla y fumarse medio cigarro antes de volver a arrancar. Su estancia allí era agitada, sofocada por los gritos de los buquenques que a todo pulmón pregonaban: “Por 3ra”, “Coppelia”, “Habana”. Entonces la gente iba y venía como en un hormiguero, con 10 o 20 pesos en la mano, listos para montar e irse.

Hoy, 8 de diciembre, a Tony el tiempo le sobra. Se recuesta en su Chevrolet, devora su pan con tortilla, consume un cigarrillo, conversa con el buquenque, consume otro cigarrillo. Lleva más de media hora parqueado junto a otro taxista libre, en espera de algún cliente que acepte ir hasta el Parque Central por 50 pesos.

–Ayer me puse a bobear, conversando y esas cosas. Entonces, cuando miro, mi carro estaba repleto de gente. Yo monté, mire para atrás y les dije: “Son 50 pesos hasta La Habana”. Al momento todos se bajaron –me dice asombrado, como si no comprendiese por qué los pasajeros habían decidido tal cosa.

Taxis privados en La Habana / Foto: Juan Cruz Rodríguez

El 7 de diciembre entró oficialmente en vigor la Resolución 175/2018 del Ministerio del Transporte, un experimento provincial para la transportación de pasajeros en rutas con trabajadores por cuenta propia. La Resolución fue publicada en la Gaceta Oficial No. 35 Extraordinaria del 10 de julio del 2018, la misma donde apareciera el Decreto 349/2018 del Consejo de Ministros; los primeros pronunciamientos legislativos del nuevo mandato de Miguel Díaz-Canel.

El experimento instaura en la capital tres modalidades para los transportistas privados cubanos: servicio de alto confort o clásico (pensado para el turismo), taxis rutero y taxis libre. Cuando Tony se enteró de la Resolución 175 estuvo indeciso varios días. Imaginó unas cuántas cosas, diversos futuros posibles para él y su Chevrolet en los que entregaba su licencia en señal de protesta o vendía a sobreprecio el carro. En ninguno contemplaba su incorporación al experimento.

Foto: Juan Cruz Rodríguez

–Hasta que hicieron la reunión con los boteros y nos lo explicaron todo. Nosotros queríamos virar eso al revés y nos pusimos en tres y dos. Pero nos dijeron: “Nada de eso. La línea es ésta y es por ahí.” Y tú sabes que cuando esa gente se cuadra y dicen que no te puedes pasar de la línea, ¡ni se te ocurra pasarte!

Después de la reunión barajó mejor sus opciones y se sumó a los más de 900 boteros que pidieron acogerse al servicio de taxis libre. Para ello debía renovar la Licencia y preparar el Chevrolet para una revisión técnica en somatones de última tecnología. Algunos de sus compañeros tuvieron que pasar casi siete veces por las revisiones. Otros aún no han logrado aprobar. Según datos ofrecidos en la Mesa Redonda del 6 de diciembre por Adel Yzquierdo, Ministro de Transporte, solo el 31% de los vehículos privados aprobaron las revisiones técnicas en la primera ronda de pruebas, y hasta la fecha solo lo habían hecho el 62% de los presentados.

El Chevrolet de Tony pasó las revisiones a la primera. A diferencia de la mayoría de autos clásicos que recorren La Habana, el suyo está en óptimas condiciones, casi al nivel de los coloridos descapotables que funcionan como imanes para los turistas.

–Pero eso me ha costado mucho. Siendo sincero, yo no tengo nada en contra de esos somatones modernos, porque en ningún país decente tú ves carros desarmados circulando. Lo que no entiendo es la falta de vergüenza de este país, que te exige tener el taxi en buenas condiciones y tiene las calles echas mierda. No hay carro que aguante tanto bache.

Tony no ha viajado todavía a un “país decente”, pero las películas y los documentales le han dado una idea de “cómo funciona el mundo”.

Como taxista libre no tiene acceso a las prebendas de la modalidad de rutero. Esto es: facilidades para la adquisición de piezas y herramientas y precios diferenciados para el combustible. Los taxis ruteros pueden obtener combustible, en dependencia de la calidad y el tipo, por un pago que oscila entre 2 y 16 pesos moneda nacional por litro. También tienen la exclusividad de las rutas (cada uno puede operar solo por una ruta durante tres meses como mínimo), que suelen coincidir con las vías de mayor demanda. Por su parte, Tony debe consumir obligatoriamente entre un mínimo y un máximo de gasolina que le permite su tarjeta magnética de FINCIMEX. SA, pero sin precios módicos. El uso de esta tarjeta para todos los taxistas está ideado con el fin de para el robo de combustible y controlar el pago de impuestos.

La Habana se ha quedado sin taxis / Foto: Juan Cruz Rodríguez

–Una de cal y otra de arena. Así es la cosa. Yo no puedo ir por 3ra porque esa es una ruta, yo tengo que dar un ojo de la cara para piezas y combustible, y cuando saco la cuenta, no me da. ¡Ah! El rutero no sufre eso, pero tiene que morir cobrando cinco pesos el tramo. Aunque yo solo he visto un taxi rutero desde que empezó todo este invento. Ya te digo, una de cal y otra de arena.

–¿Y cómo haces para que te dé la cuenta? –pregunto.

–Muy sencillo. Oferta y demanda. Uno se siente un poco lo de las ganancias en comparación con antes, pero solo es un poquito. Lo mío es 50 pesos hasta La Habana. Lo tomas o lo dejas. Pero a mí no me preguntes. A mí no me duele nada, yo estoy bien. Ve y pregúntales a ellos –dice y señala a una fila de personas hastiadas e incómodas que no para de crecer.

***

Norma tiene 54 años, cinco meses y un día. De este último día ha dedicado una hora a esperar pacientemente por un taxi que la lleve por la calle 3ra de Miramar, lo más cerca posible del teatro Karl Marx. A unos 250 metros de distancia, en el propio Paradero de Playa, está la primera parada del P1, pero ella se siente “muy cansada para pasar por los trajines de la guagua”. De 1 400 000 personas promedio que, según el Ministro de Transporte, se mueven diariamente en La Habana, Norma es de las 400 000 que no se traslada en ómnibus estatales. Es la sexta en la cola y a sus espaldas unas diez personas aguardan por las mismas razones.

Hace unos días en su pueblo, Machurrucutu, un joven falleció a causa de “un dengue complicado con una meningo”. En los pueblos pequeños y apartados la muerte se sufre como en ningún otro lugar. “Donde todos se conocen todos enlutecen, me dice, y yo creo que este fin de año no vamos a celebrarlo en la calle”. El velorio fue en La Lisa y para llegar Norma tuvo primero que esperar dos horas por un taxi. Por muy poco no llegó tarde.

La Habana se ha quedado sin taxis / Foto: Juan Cruz Rodríguez

–Eso de taxis y ruteros no sirve. ¿Tú sabes cuanta gente hay botada en la calle todos los días? Gente que tiene que ir a trabajar y que son las 8 de la mañana y no han podido moverse, estudiantes que tienen que llegar temprano a sus escuelas. El Estado piensa que va a afectar a los boteros, pero al final nos afecta a nosotros. Siempre, al final, nos afecta a nosotros.

Cada vez que Norma lleva a su madre a las consultas en el Hospital Oncológico acude a un vecino con carro, un muchacho que no se acogió a ninguna de las modalidades del experimento y que por poco más de 5 CUC se ha ganado una clientela local como taxista al margen de la ley. Pero no siempre el vecino está disponible, ni siempre Norma se puede dar el lujo de pagar tanto.

–Si van a quitar a los boteros, está bien, pero que pongan guaguas. Lo triste es que ahora no hay ni carros ni guaguas. Uno no es millonario, pero aun teniendo el dinero no encuentras un taxi. ¡Y no te montes en una guagua! Para ir enganchado y con la mitad del cuerpo afuera, para ir con un niño chiquito y que no te quieran brindar un asiento… ¡Qué va! Yo me arruino, pero cojo un carro.

Según explico el Ministro de Transporte en la Mesa Redonda, recientemente aumentó a 700 la cifra de ómnibus que circulan en la capital, y pronto llegarán a Cuba 40 rígidos y 50 articulados. La cifra es discreta si se compara con los más de 1600 ómnibus necesarios para aplacar el problema del transporte público en La Habana.

Una patrulla merodea por la piquera y Norma para de hablar. De pronto, casi en un susurro, continúa.

–Yo no quiero seguir hablando porque si una fuera a decir todo lo que tiene que decir… es mejor callarse la boca. Yo estoy esperando a que mi hija me reclame para Canadá, así que es mejor estarse calladita. Pero yo no sé qué va a ser de la gente aquí. Dicen que para el próximo año viene un nuevo periodo especial. Ya no quiero ni que llegue enero porque sé que el próximo año va a ser peor. Yo no veo que esto avance. Las leyes, los inventos de aquí son como el cangrejo: mucha muela, poca carne y caminando pa atrás.

Me cuenta que en Machurrucutu recientemente convocaron a todo el pueblo para una reunión del Poder Popular. De 144 apartamentos solo acudieron 27 personas y la reunión tuvo que suspenderse.

–Nadie está para mentiras. Mentiras, mentiras y mentiras. Uno va a las reuniones para que lo engañen. Mira, yo no te voy a decir más nada porque voy a salir presa de aquí –dice tan bajo que apenas la escucho. Todo este tiempo Norma ha seguido con el rabillo del ojo a la patrulla que ronda la calle.

Veinte minutos después un grito del buquenque agita la fila: “¡Por 3ra, vamos!”. Todos se organizan. Norma es la última que puede subir, pero repara en una joven que lleva de manos a una niña pequeña.

–Sube, sube –le dice y la joven monta en el taxi. Norma me sonríe mientras alza los hombros. –¿Qué se le va a hacer?

Ahora es la primera en la fila. Seguirá esperando por un taxi mientras, a cinco pasos, Tony espera por un cliente.