Luis Manuel Otero Alcántara

Luis Manuel Otero Alcántara / Facebook

Es evidente que el castigo a Luis Manuel Otero Alcántara dejó de ser el castigo a Luis Manuel Otero Alcántara para convertirse en un castigo a todos nosotros. En la medida en que su lucha se magnificó y se convirtió en la de decenas de artistas, periodistas, activistas, ciudadanos con sentido común, su lucha ya no le pertenece, sino que nos pertenece.

El castrismo aplica acá una cuenta básica: mientras más protestemos, más Luis Manuel estará preso. Mientras más vayamos con actas exigiendo a las instituciones, posteando en nuestros respectivos perfiles de Facebook y usando el hashtag #FreeLuisma, Luis Manuel está más preso. Algo así como que si tú me das, yo te doy. Si tú me tocas, yo te toco. Pedir una Cuba sin Alcántara, tal como dijo Ernesto Rancaño y han sostenido varios más, no es pedir una Cuba sin Luis Manuel en sí, es pedir una Cuba sin todo lo que él significa ahora mismo. Su nombre se despersonalizó. Su rostro también. Es pedir una Cuba sin los artistas, periodistas, activistas y ciudadanos con sentido común que se han sumado a exigir que se le libere.

¿Sabemos lo que significa estar preso? ¿Sabemos lo que significa pensar en que se puede estar allí dentro de dos a cinco años? Hay quien ha dicho que Luis Manuel debe estar feliz sabiendo que hay un mar de gente afuera respaldándolo. Pero nadie puede estar feliz en las manos de una maquinaria tan cincelada.

Desde que Luis Manuel Otero Alcántara entrara a la prisión de Valle Grande en La Habana el pasado 1 de marzo, todas las voces que se han alzado a favor de su liberación han mencionado en mayor o menor medida que se trata de alguien valiente y libre.

Que Luis Manuel Otero Alcántara es valiente y los demás no; que Luis Manuel Otero Alcántara es libre y los demás permanecemos encarcelados; que Luis Manuel Otero Alcántara no tiene miedo y el resto sí; que Luis Manuel Otero Alcántara sí ama Cuba y los demás quizás no tanto; que Luis Manuel Otero Alcántara es bueno. Incluso hay una opción circulando en los perfiles de Facebook para que de manera temporal tu foto aparezca tras unas rejas, y hay quien ha dicho que mientras Luis Manuel Otero esté preso, todos los demás lo estamos también. No es real. Hay un padecimiento colectivo que el régimen cubano ha provocado, pero ninguno de nosotros está preso.

Valentía es una palabra que en Cuba se ha desfigurado: valiente el que prefirió quedarse en el Periodo Especial y no lanzarse al mar como otros, que también fueron valientes; valiente quien protesta en la cola del pan; valiente el que se va de Cuba solo; valiente el que no se va y prefiere hacer su trabajo desde Cuba; valiente el que sigue siendo amigo de un disidente; valiente el que visita la finca de Ariel Ruiz Urquiola; valiente el que sirve al castrismo pero no machaca a nadie; valiente el que se cuela en la cola de Coppelia; valiente el que publica en su muro de Facebook una foto con Lynn Cruz y Miguel Coyula; valiente el que renuncia a su puesto de la UNEAC; y valiente el que entrega el carnet del Partido.

Ninguna de estas valentías debería existir en Cuba. Sería una alegría tremenda que un día no nos tuviéramos que llamar valientes por tales actos. Luis Manuel Otero Alcántara es valiente en un país donde es tan fácil como tan difícil serlo. Sus acciones son valientes en un país que secuestra sus símbolos y el lenguaje, que no permite la libertad de asociarse fuera de los márgenes de un Estado totalitario, y en un país profundamente patriarcal, homófobo e hipócrita como el nuestro.

Resulta que ahora, luego de que Silvio Rodríguez admitiera que participó en el acto de repudio contra el músico cubano Mike Porcel hace 40 años cuando el éxodo del Mariel, el trovador también es un valiente, pues ha venido a limpiarse con dos comentarios sobre Otero Alcántara en su blog Segunda Cita. Ni siquiera con un post, una declaración, algo que esté a la altura del artista que es.

Muchos de los que compartieron con ira su comentario de Porcel han posteado con benevolencia el comentario a Orestes H., donde Silvio se pregunta y se responde, entre otras cosas, cómo en el siglo XXI vamos a meterle a los artistas jóvenes retrancas ideológicas. Silvio Rodríguez sabe al dedillo que hay gente a la caza de sus comentarios, que ninguna de sus palabras pasa desapercibida, y que los medios pondrían lo que dijo a la altura de titulares como «Silvio Rodríguez indignado ante encarcelamiento de Luis Manuel Otero Alcántara», «Silvio Rodríguez alza la voz…», «Silvio Rodríguez critica…», «Silvio Rodríguez enérgico…» Como con Mike Porcel, esto de Silvio Rodríguez fue un susurro, y no deberíamos dudarlo.

Lo otro es el asunto del miedo. Que Luis Manuel Otero Alcántara no tiene miedo. Claro que lo tiene. Tiene familia, tiene una novia, tiene un hijo menor de edad. Tiene una profesión que ama y que es su estilo de vida. No debemos minimizar el miedo, una condición tan humana como pocas. «En Cuba te levantas con miedo y te acuestas con miedo», me dijo el propio Otero Alcántara cuando lo entrevisté en 2017 en medio de la #00Bienal. ¿Cómo no tenerlo ahora?, a las puertas de un juicio en el que lo podrían condenar de dos a cinco años de cárcel.

Si algo estratégico  ha hecho el gobierno castrista en todo este tiempo ha sido advertirnos de que este momento iba a llegar. El momento de no soltar más a Luis Manuel Otero Alcántara. Ojalá tantas voces –desde las más lanzadas hasta las menos– sirvan para librarlo de una condena preparada por un gobierno especializado en crearte un perfil de disidente, enjaularte, esperar a que las aguas bajen de nivel, y entre un juicio, una visita a la cárcel y una condena hacer que merme la ola de solidaridad, que la gente se agote de estar agotada, y que finalmente el condenado pase meses tras las rejas, tal como ha sucedido con José Daniel Ferrer o Roberto Jesús Quiñones.

Si la ecuación sigue como hasta ahora, Luis Manuel Otero Alcántara podría quedar preso. Si un factor de la ecuación falla, entonces podría volver a la libertad. Si tiene que cumplir años en prisión, ¿qué haremos todos? Y más, si queda libre mañana, ¿qué haremos con todo esto, qué haremos con la solidaridad, con las voces, con todo lo que su encarcelación ha desatado y que es también hermoso y que no deberíamos desaprovechar?

Estas dos preguntas, cualquiera de las dos, son el mayor legado de Luis Manuel Otero Alcántara. Mañana, si lo sueltan, podría empacar sus maletas e irse a vivir tranquilamente a una isla griega. Ya hizo bastante por todos nosotros.