Luna Tristá. Lolita.

Luna Tristá. Lolita.

Luna Tristá nació en Cuba, lleva 21 años entre Italia y España, y estas fotografías son parte de su serie «Lolita», un proyecto que inscribe una nota en los márgenes de la célebre novela homónima de Vladimir Nobokov.

La editorial Anagrama presenta así uno de los mejores libros del siglo XX: «La historia de la obsesión de Humbert Humbert, un profesor cuarentón, por la doceañera Lolita es una extraordinaria novela de amor en la que intervienen dos componentes explosivos: la atracción “perversa” por las nínfulas y el incesto».

Si la obra del escritor ruso-estadounidense fue hace más de 60 años un escándalo que varias prestigiosas editoriales —miopemente— se sacaron de encima y, al cabo, llegó a hacer erupción gracias a un sello pornográfico francés, estas imágenes, en cambio, ya no perturbarán a nadie entrado el siglo XXI.

O sí. Pero qué se puede hacer.

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Las protagonistas tienen aquí bastante más de 12 años, tal como Dolores Haze al final del relato, cuando ya tenía un hijo en camino y ella misma, junto a su marido Dick, se marchaba fatalmente a un pueblo de Alaska.

«Lolita» —según Luna Tristá— es una serie de retratos a adolescentes aún en busca de «la propia identidad y el conocimiento de su cuerpo», pero también «del extremo y la osadía». Hay en estas fotos complejidad existencial más allá de la inocencia; a un tiempo se evita cualquier victimismo y se impugna la condición de objeto del deseo exclusivamente masculino. Hay una afirmación desinhibida, libre. Lolita ha aprendido alguna que otra lección.

Se intuye la aspiración de distanciarse tanto de Humbert Humbert como de sus frenéticos detractores. Más que al original literario, Luna Tristá desafiaría entonces las lecturas demasiado lascivas o demasiado pudorosas de la novela. Dispararía contra las interpretaciones acuñadas para condenar la presunta abyección del libro, o para exaltar su estado de excepción moral y artística, o para hacerlo digerible por una cultura popular a la vez sensualista y apocada, rigurosamente patriarcal y siempre hipócrita.

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Ya según Nabokov las cosas habían ido demasiado lejos. Se trata de «un libro singular que ha sido falseado por una popularidad artificiosa», dijo alguna vez.

«Este proyecto», confirma su autora, «es una oda a la juventud, el empoderamiento de la mujer joven y la desexualización de su imagen para el hombre».

«Lolita» constituye el más reciente capítulo de una trayectoria fotográfica caracterizada por los «retratos a mujeres, desnudos, primeros planos, generalmente en blanco y negro», aunque últimamente «va acercándose al color».

«Si tuviera que hacer un resumen, diría que es una obra feminista, nostálgica, sincera y queer», indica Luna Tristá, quien todavía confiesa algo más: «Generalmente no tengo ningún tipo de vínculo con las personas que fotografío».

(Fotos cortesía Luna Tristá).