Portada Osmani García.

El contexto es el siguiente: Osmani García, 34 años, baladista devenido reggaetonero, autor de líneas como “Yo sé que tú careces de lo que presumes, tú sabes que conmigo se te cae el blume”, tiene prohibido cantar en Cuba desde finales de 2015.

En un gesto tan cubano como hay pocos, ninguna instancia del Estado le ha dicho tal cosa, ningún funcionario le ha extendido una carta prohibitiva. Sin embargo, el Ministerio de Cultura de Cuba, visiblemente agitado por el indómito fenómeno del reggaetón (y por todos aquellos fenómenos para los que cientos de salarios, un Viceministro y un Ministro todavía no tienen mejores alternativas) ha demostrado que está dispuesto a cerrar algunas puertas.

Lo que Osmani le reprocha a quienes lo obstaculizan es la falta de rigor. Los medios, más que el fin. El sucio juego de quienes, en nombre del buen gusto y la lucha contra lo vulgar, apenas logran quitarse a los reggaetoneros de encima con más elegancia de la que son capaces los propios reggaetoneros.

—Me tumban los conciertos el mismo día, después de haber alquilado el audio, de haber hecho gastos de producción, y de tener la plaza llena de personas. Eso ha pasado en todas las provincias. Cuando estamos en camino, llaman para decir que Cultura no permite el concierto. Pero nos dejan llegar hasta ahí, porque están intentando hacerme ver como un artista informal. Que se me viren los fans en contra.

Esto lo dice Osmani García, alias La voz, en abril de 2016, en la sala de la casa de Wicho, uno de los realizadores independientes que ha dirigido algunos de sus videos, entre ellos el megapopular El Taxi.

Entrevista a Osmani García

Foto: Armando Javier Díaz.

Con la colaboración del cotizado Pitbull, un peso pesado en la industria de la música popular anglosajona, y del dominicano Sensato, Osmani traspasó en 2015 la cerca de la fama local. El Taxi se ha visto en Youtube más de 700 millones de veces, fue declarado en 2015 el video musical más googleado en varios países de América Latina y, de alguna manera, lo situó en el mapa.

Después de esta entrevista (con la que el músico espera que alguien concluya que su obra es inofensiva), cansado de tocar puertas, exangüe ante la omnipotencia del sistema que lo prohíbe, Osmani tratará también de conciliar con oficiales del Ministerio del Interior (MININT) para buscar explicaciones, por muy extravagante que resulte ver al Ministerio del Interior de un país teniendo participación en un asunto que pertenece a cualquier ámbito menos a ese.

Lo único que tiene claro, porque todas las pistas llevan al mismo final, es que su música le cae mal a alguien. ¿Por qué? No se le ocurre una respuesta.

—Algo que dé ganas de vivir, creo que no tiene crítica. Mi música es alegre. Le gusta a los niños, a los padres. Logra que niños que no caminan hace siete o diez años se paren de un sillón de ruedas (por supuesto, con la ayuda del padre, ¿no?). Tengo testigos, lo tengo todo filmado.

Sus letras —dice —son para divertirse.

—Cuando tú vas a leer me imagino que escuches a Silvio Rodríguez. Cuando tú vas para la discoteca a bailar, escucharás a Osmani García, a Gente de Zona, a El Chacal, a Yakarta, no sé.  ¿Qué pasa? Hay una hipocresía que da asco con esto del doble sentido, con lo sexual, con lo sensual. Me parece que el amor, el sexo, lo único que puede sacar de las personas es lo más bonito. Cuando tú vas a la discoteca con tu pareja (con esa que llevas quizás veinte años) necesitas tener algo que te saque de lo cotidiano y te haga mantener viva esa relación. Los temas de Osmani García mantienen las relaciones vivas. Temas como El Taxi, que tienen su toque sexual, los padres en el mundo entero lo disfrutan en familia. Y eso es lo bonito que tiene mi música, que une la familia.

Aunque sus letras actuales no están muy alejadas de lo que eran hasta 2015, cuando la Empresa de Grabaciones y Ediciones Musicales EGREM (la mayor y más antigua de Cuba) ya había sacado tres álbumes suyos, incluyendo temas como El Chupi Chupi, Se me va la musa, El Pudín, Emperi Follamos y La Putería, en septiembre del mencionado año la disquera le dijo au revoire. Tampoco ahí le explicaron por qué.

—Yo le iba a donar un disco mío a la EGREM ahora, y no lo aceptaron. Iba a traer artistas internacionales a regalarle derechos a la disquera, pero a este señor que me separó de ella, no le dio la gana. En lugar de hacer bien su trabajo, lo que hacía era comerse las tinas de helado en la disquera.

A Osmani García lo empezaron a mirar atravesado en Cuba desde finales de 2011, cuando hacía demasiado tiempo el país producía reggaetoneros con más facilidad de lo que producía maestros. Esto es: sin tener que echarle demasiado abono a las canteras.

Cuando su tema El Chupi Chupi (Álbum El Malcriao, 2011, EGREM) fue sacado de la lista de nominaciones de los Premios Lucas (el evento del videoclip cubano), el entonces Ministro de Cultura, Abel Prieto, compareció en la televisión haciendo un guiño al cantante, mientras lamentaba la existencia de artistas que caían “en ciertas trampas del éxito y el esfuerzo barato”.

Días después, Osmani se enfrentó a Prieto en una carta abierta que decía cosas como: (…) “Quién se cree que es para hacer callar a la expresión más pura de Dios que es la música porque a él no le guste (…)”. Nadie le contestó la carta directamente, pero el periódico Granma publicó un comentario firmado por María Córdova enlazando las frases “alto nivel de vulgaridad” y “difusión de temas como El Chupi Chupi”.

 El Chupi Chupi  —una oda al sexo oral repleta de doble sentido—se había televisado por error de alguien, pues Osmani asegura que el video estaba pensado para su lanzamiento en Internet, no para la televisión cubana. Tuvo una producción de casi ocho mil dólares, y en él colaboraron casi diez músicos urbanos. Repasemos algunos fragmentos de sus estrofas:

 

(…) Póngase calentuqui mamuqui

Pa´ que me chupe el platanuqui

Que yo tengo más sabores

Que los mismos tuti fruty (…)

 

(…) Noche de party,

Noche de adrenalina,

Te voy a dar un chupi chupi en la piscina,

Te voy a dar candela sin gasolina (…),

 

(…) mamita vámonos sin jockey

Que yo estoy loco y tú estas loki

Dale, bájate el calentoki

Pa´ que papi te lo toki (…)

 

(…) Estoy echándote pila,

La cama de mi cuerpo se alquila,

Introdúcete en la fila,

Una pregunta, mami, ¿Tú te depilas? (…)

 

Cinco años después de haber estado en el ojo de la tormenta por “El Caso Chupi Chupi” y de haber estabilizado el curso de su carrera, fue a Houston, Texas, a dar un concierto. En un mall filmó un video que después se hizo viral en las redes sociales. El video era una respuesta al segmento más radical del exilio miamense, que se oponía al restablecimiento de relaciones diplomáticas entre los gobiernos de Cuba y Estados Unidos.

Pedro Sevcec, presentador uruguayo del Canal 41 en Miami, respondió al video para salvar el honor del exilio cubano en la Florida, del que Osmani había dicho: “Mientras ustedes están hablando mierda, tengo que apoyar a esa gente que está tratando de poner Internet en Cuba. (…) Yo soy cubano y quiero relaciones con los Estados Unidos para siempre. Quiero que mi familia coma”.

A Osmani (como la mayoría de las veces) lo habían tomado demasiado en serio. Tan en serio como posiblemente él no se haya tomado a sí mismo nunca. Después de toda la polémica, de hablar en el video sobre él y sus primos en Cuba (a algunos de los que presuntamente se les caían los dientes por no tener pasta con qué lavárselos), fue a otro mall, se hizo un último video enseñándole a su mamá cuánta pasta Colgate había en la tienda y dijo, muerto de la risa:

—Un besito para toda la gente que me apoya. A mí me gusta joder y calentar. (Cantando) Compraré pasta para mi familia, TIRÍ-RIRÍ.

 

***

Osmani García trajo a la entrevista no menos de veinte premios, la mayoría de lo que le dieron en México en las últimas semanas. Los acomoda cuidadosamente unos alrededor de los otros, en una especie de ritual muy gracioso.

—Osmani, lo que me preocupa es que para las fotos y el video, tantos diplomas sean antiestéticos.

—Olvídate de que sea antiestético. Lo que hace falta es que se vean los premios.

Algunos de ellos los presume con particular gozo: es el caso de las huellas de sus manos en bronce, en el Paseo de las Luminarias de México (el equivalente mexicano al paseo de la fama de Hollywood), que ha sido otorgado a personajes como David Copperfield, Celia Cruz, Thalía y Antonio Banderas.

Otros reconocimientos han sido el de la Teletón de Chile por “entregar alegría a los niños”; el Reconocimiento al Cantante Latino más Sonado de 2015, por la Asociación Nacional de Locutores de México; el Reconocimiento de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, “por su destacada trayectoria artística y su compromiso a favor de los derechos humanos y culturales en México”. La lista es más larga.

Osmani apela a que alguien (no sabe quién) vea todos sus reconocimientos y lo ayude a presentarse de nuevo en los escenarios cubanos.

—Estamos aquí para ver si los periodistas, los religiosos, los políticos y todos ayuden a que el Chiquitico de Cuba vuelva a cantar. Tenemos fe en que Dios ponga la mano y se den cuenta de que somos portadores del machete de Maceo (se refiere a una réplica del arma de guerra del prócer independentista Antonio Maceo, que le entregaron en 2013 en la Escuela de Cadetes de la provincia Granma), porque hemos cantado muchísimo y nos hemos ganado el respeto de todo el país, del MININT, de todos los dirigentes de la policía, que saben que Osmani García es un artista que tiene cero broncas en sus conciertos.

Machete de Osmani García.

Foto: Armando Javier Díaz

Más adelante, quién sabe por qué, dice:

—La policía nacional sabe que mi conducta es impecable. No tengo broncas, y si se forma una, estoy entrenado para llegar y decir: «Desapártense!». Si no, me meto a desapartar. Nunca por mí ningún policía ha tenido problemas.

***

Osmani García es un tipo de movimientos nerviosos. De eléctrico comportamiento. Le cuesta trabajo estar quieto en un sitio, como si tuviera demasiada prisa la mayor parte del tiempo. Entre una pregunta y la otra se excusa, va a fumar un cigarro o a vaciar la vejiga.

Probablemente nada le guste más que tomar el control. Hacer las cosas a su forma:

—Ve al grano. Pregúntame cosas actuales para que te veas grande como periodista. Recuerda que a mí me entrevistan los periodistas más grandes del mundo. No quiero que me digan: «Asere, te entrevistó un chamaco que está empezando».

 

***

Osmani García, el Chiquitico de Cuba, Osmani García, La voz,  ha escrito letras como esta:

 

(…) Esta noche voy a partírtela en el lomo, ma´,

Pa´ que tú sientas adentro la calidad,

Pa´ que tú veas como se pone el cubanito,

Esta noche voy a hacerte par de chamaquitos.

 

Quiero sentirlo suave, calentico,

No tengas pena, dame un filito,

Si tienes el jardín afeitadito,

Yo bajo al pozo y te doy un besito (…)

 

El Pudín (Álbum El Malcriao) (2011)

 

***

Osmani García González, nacido el 22 de mayo de 1981, es el hijo de Ada Iluminada González –cristiana devota, profesora en la escuela dominical de una iglesia católica– y Luis Ismael García –graduado de Mecánica Naval y devenido soldador por cuenta propia.

La infancia de Osmani transcurrió en el municipio Guanajay, actual provincia Artemisa. Su familia: un envidiable núcleo funcional. En el insufrible sopor del pueblo, con tan poco que hacer, Osmani se la pasaba inventando travesuras, y su madre, de carácter recto, lo tenía que llevar de la mano y corriendo (sic).

—Yo era malcriadísimo de niño y ahora de grande también. Súper hiperactivo y travieso como mi amiguito el pipi.

Su padre recuerda: “Osmani no se estaba quieto un segundo. No era un niño de sentarse a jugar tranquilo con los juguetes”.

Padre de Osmani García.

Foto: Armando Javier Díaz.

A los cuatro años lo inscribieron a clases particulares de piano, de las que escapó cuando la profesora comenzó a presionarlo para que estudiara la teoría y el solfeo. A los ocho se ganó el derecho a estudiar en una Escuela de Arte, pero por un trastorno fisiológico que lo hizo mojar la cama hasta los dieciséis, su madre no lo dejó ingresar.

En cambio, comenzó a darles vueltas a las muchachas que vocalizaban en la Cantoría Infantil del profesor Yusef Castañeda, en el mismo Guanajay.

—Iba a burlarse de los niños que cantaban. A parrandear. Se enamoró de una de las muchachas, que apenas lo miraba porque lo consideraba un pesado. Yo sabía que él tenía condiciones para cantar, aunque él no quería hacerlo —recuerda Yusef, quien terminaría siendo su primer profesor de canto.

Yusef, educador como quedan pocos, no rechazó al niño, mas hizo con él un trato: lo entrenaría para cantar un tema con el que pudiera conquistar a la muchacha y, si lo lograba, tenía que comprometerse a seguir cantando. La canción se llamaba Pero no puedo arrancarte de mí. En un festival municipal Osmani se la dedicó a la chica.

—Salieron prácticamente abrazados del lugar. A partir de ahí nunca faltó a los ensayos —dice Yusef.

En las clases de canto, Osmani escapaba al severo trato de los maestros más tradicionalistas. Alrededor de los ocho años se unió también al grupo de peleadores clandestinos que lideraba Antonio Vázquez, un profesor de artes marciales con categoría de cinta negra que entrenaba jóvenes en el deporte conocido como Okito, una práctica que no tenía entonces una federación avalada legalmente.

Vázquez, sobre todas las cosas, les inculcaba la tenacidad a sus alumnos del pueblo.  Con él y los demás, Osmani recorrió varios municipios del país, retando a otros jóvenes y enfrentándose a los golpes con ellos. Como apostaban dinero, eran frecuentemente perseguidos por la policía. Aunque Osmani les ganaba a sus contrincantes con frecuencia, en ocasiones también le partían la cara.

—Pero él no se echaba para atrás, porque hacerlo significaba cumplir un castigo: pelear con pesos mayores que él, para desarrollar la perseverancia. Era un muchacho muy voluntarioso, con un buen desarrollo de habilidades físicas —dice Vázquez, quien piensa que estas son la base fundamental para la fuerza y la resistencia que necesitan los cantantes al desenvolverse en un escenario.

El profesor de artes marciales se hizo amigo del joven Osmani, que tenía en aquel momento un VHS donde juntos veían hasta la madrugada los filmes de Kung Fu de moda, con actores como Bruce Lee, Jackie Chan o Chuck Norris. Cuando terminaba de entrenar Okito, Osmani se iba en kimono para las clases de canto con Yusef.

Profesores de Osmani García.

Yusef, profesor de canto (a la izquierda) y Antonio, profesor de artes marciales (a la derecha).

Alrededor de los veinte había terminado el cuarto año en una escuela de enseñanza politécnica. La vida no prometía demasiado en Guanajay. Le habían ofrecido una plaza para estudiar magisterio en el Instituto Superior Pedagógico, que rechazó para unirse al Dúo Cristal, agrupación de baladas que necesitaba un vocalista.

—O sea, que hubieras podido terminar de maestro.

—Sí. Me gusta enseñar. Me gusta forjar gente buena, que comparta.

—¿ De qué hubieras sido maestro?

—De música o de algún deporte. De hecho, sueño con tener el día de mañana un orfanato para ayudar a esos niños a enfocarse en la música.

Con una bicicleta y un cajón, Osmani vendió ají cachucha en el pueblo para ganar algún dinero, a finales de su adolescencia. Aprendió a hacer panes en la panadería local.

—Nosotros éramos pobres. Tan humildes que cuando teníamos dos pares de zapatos nos creíamos ricos. Hacíamos cualquier cosa por tal de buscarnos el dinero sin tener que robar.

Meses después se mudó a la casa de su abuela materna en el Cotorro, un municipio en la periferia de La Habana. Trabajó algún tiempo en una galletería. Fue buquenque (un raro intermediario entre los pasajeros y los taxistas) en el paradero de la ruta Cotorro-Vedado.

Vendiendo levadura por la izquierda, reunió 55 CUC y los usó para producir su primera pista conocida, con un arreglista de Guanabacoa que le había hecho varios temas de éxito local a la agrupación Cubanitos 2002. La canción era una balada y se titulaba Mujer, un tema que fue utilizado durante los años 2000 en la televisión cubana para promocionar efemérides como el Día de la Mujer y los aniversarios de la Federación de Mujeres Cubanas.

—¿Cómo conseguías la levadura?

—Ya estás preguntando mucho.

Después del Dúo Cristal, Osmani ya había hecho algunos contactos en el medio. En 2006 se unió a la agrupación Paulo FG y su Élite, hasta que en 2011 se autonombró La voz y comenzó a cantar en solitario.

—¿Por qué La voz? ¿Te consideras vocalmente muy virtuoso?

—Es por la palabra. Por ser vocero de información que pasa. Cuando yo hago baladas, las hago para unir, para que la gente se pueda entender. Tú sabes que las parejas en el mundo entero y la gente no se saben entender. Entonces me gusta hacer canciones para unir, y amistades mías me empezaron a decir que yo era “La voz”.

En 2008 esas mismas amistades lo embullaron a tatuarse el nuevo mote en el antebrazo.

—Me lo hice con Agustín, uno de los tatuadores más fuertes de Cuba, que ha tatuado a personalidades como Maradona.

Además de su sobrenombre artístico tiene dibujadas con tinta negra, encima de la muñeca izquierda, las palabras ITALIA-MÉXICO-CUBA-MIAMI (así separadas por pequeños guiones, y en letra de molde), las “cuatro casas” donde más tiempo ha vivido y cantado en los últimos años.

En la muñeca derecha se hizo dibujar un león con las fauces abiertas. Como a la mayoría de los exponentes del género urbano, a Osmani también le cuelga del cuello una cadena dorada de toscos eslabones, que le regalaron en una joyería de Miami a cambio de que le hiciera un poco de publicidad. De la cadena cuelga la cabeza áurea de un león.

—¿Qué fetiche tienes tú con los leones?

—Es que yo soy el domador de leones.

—¿?

—Tú sabes que los artistas del género urbano dicen que son fieras, que son no-sé-qué. Yo digo que soy el domador de leones. Me encanta ser humano. (Los humanos) ponen a los leones a pararse en dos paticas.

***

Osmani García, el Chiquitico de Cuba, Osmani García La voz,  ha escrito letras como esta:

 

(…) Voy a darte tubo, tubo,

Voy a darte más cabilla,

Pa´ que te hagas una cama,

Una mesa y cuatro sillas (…)

 

La Construcción (Álbum La Fábrica de Éxitos) (2012)

 

***

—¿Cómo y cuándo se te ocurren estas letras?

—Cuando estoy con una muchacha que me gusta y le quiero coquetear, que me diga que sí. Como cualquier otra persona.

 

***

—Si hablamos de gustos, a mí me gusta el rock, no el reggaetón. Pero aprecio la buena música y sé cuándo algo tiene calidad. La mayoría de sus canciones dan buen gusto y dan buena forma, incluso para la compenetración y disfrute del pueblo. Te estoy dando mi aprobación. Sus baladas son magníficas, según mi criterio —dirá Yusef Castañeda, el profesor de canto de Osmani.

***

En 2009 Osmani conoció a Dayami Cordero Álvarez, alias Dayami La Musa, a la salida de una discoteca en La Habana. Era de madrugada. Los dos se subieron al mismo taxi. Dayami ya había visto a Osmani en la televisión y bailado al ritmo de algunos de sus temas. Días después consiguió su teléfono, lo llamó y comenzaron a salir.

—Desde que nos conocimos hubo una química tremenda. Comenzamos a hacer temas juntos, y nos salían canciones lindísimas. Por eso soy La Musa, porque soy la inspiración.

 La Musa tiene 24 años y vive en Párraga. Antes de que Osmani la sumara a La Fábrica de Éxitos ella había abandonado los estudios en una Escuela de Instructores de Arte para conseguir algún dinero con trabajos temporales de manicure o “lo que apareciera”, mientras cantaba en un grupo de aficionados.

Osmani García y Dayami la Musa.

Foto: Armando Javier Díaz.

—Entre las cosas que se les achaca a las mujeres que cantan reggaetón está el antifeminismo. ¿Cómo tú ves esto?

—Yo creo que no existe género, ni de hombre ni de mujer. Para mí la música es abierta. Yo soy cantante de cualquier cosa, como Osmani. No solo de reggaetón. Hacemos baladas, hacemos vals. Nos gusta el reggaetón porque somos jóvenes, y es lo que bailamos. Las mujeres son una parte súper importante en el género, porque el hombre que toca esta música, lo hace para poner a bailar a las mujeres y para bailar con ellas. Eso no es para nada antifeminista.

Dayami La Musa —breve figura, dulce rostro, ligeramente salpicado de picardía por el piercing debajo de su labio inferior—, está segura de que el reggaetón cubano le ha hecho una importante contribución al acervo cultural de la Isla.

—Le aporta un 100 por ciento. El Taxi, por ejemplo, es uno de los temas más visualizados en Internet. Solo con eso le está aportando 800 millones de vistas a Cuba, porque es un video en todo el Malecón. Es un video de nuestro país, es la música de nosotros, nuestra raíz, y si eso no es aportarle a la cultura del país, no sé.

Después dice (con un simpático acento que podría ser ¿mexicano? ¿colombiano? ¿chileno?) que ella  es una “Guerrera”, que le gusta cantar y le gusta bailar. Que es difícil decidirse por la mejor canción de Osmani, pero que su preferida en estos días es Sacúdete la arena (canta un pedazo del estribillo).

Que sin Osmani no cantaría nunca más, que su vida es “con él, por él y para él”.

Además de tener a su novia en La Fábrica de Exito, y después de varias decepciones con artistas con los que trabajó, en 2012 Osmani le compró una PC a su hermano de 25 años, Orley García, y lo convirtió en el DJ de la agrupación.

Después de ver sus estudios interrumpidos por los dos años del Servicio Militar Obligatorio, Orley no le vio mucho sentido a recomenzar en ninguna escuela.

—El Servicio te frena un poco la vida y, al salir, muchos piensan en reorganizarla.

Había visto con admiración el éxito de su hermano, que con frecuencia iba a Guanajay y era agasajado por los socios de antaño, los que aún vendían ají o amasaban pan en la panadería del pueblo. Era mucho más práctico, entonces, comenzar a familiarizarse con los programas de edición musical y trabajar junto a Osmani. Desde entonces, Orley García ha viajado a más de diez países con La Fábrica de Éxitos.

—El cubano es una persona que se caracteriza por luchar por sus sueños. Es bueno ver a alguien como Osmani, que lo está haciendo, y que tiene (el respaldo) de 10.5 millones de personas (no vamos a decir que los 11 millones). Pero 10.5 millones de personas sí lo aclaman, y les gusta su música. Mi sueño es ser testigo de todos sus logros. Que me tenga cada vez que me necesite.

Israel es quizás uno de los países más estrafalarios donde uno se imaginaría un concierto de Osmani García. Orley dice que por gestión de unos cubanos que viven allá y de la mismísima ciudad santa de Jerusalén, dieron allí un show al que asistieron más de cinco mil personas.

—No quiero especular, pero Osmani no tiene competencia. Es un músico que ha violado hasta barreras de idioma.

A Orley le gusta que su hermano no sea tan dado a cantar en discotecas como lo es a cantar en plazas abiertas, donde según ellos, han batido todos los records de asistencia. Antes de que comenzaran a prohibir sus presentaciones en Cuba, podían llegar a tener tres conciertos por semana.

—Le gusta mucho el contacto con el pueblo. Con la gente que quizás no tiene 20 CUC para verlo en un club cerrado, pero que sí tiene 20 pesos cubanos para verlo en una plaza.

—¿Qué decían tus padres en la casa cuando Osmani empezó a cantar sus letras más controversiales?

Hermano de Osmani García.

Foto: Armando Javier Díaz.

—Cuando se traen nuevas tendencias y géneros musicales, a veces las personas de edad más avanzada los critican o les temen. Pero tuvo mucho apoyo, porque confiaban en él.

—¿Qué música se escucha en tu casa?

—Los Tigres del Norte, Pavarotti, los Back Street Boys, NSYNC, toda la música buena.

—¿Y Osmani García se oye también en tu casa?

—Por supuesto

—¿Y tus padres bailan con él?

—Exactamente.

***

Cuando él quiere ser romántico, romántico se pone. Algunos de los temas que más han explotado su sensibilidad se titulan: Pan con amor y refresco (“Tú estás pa´ que te coma, con Coca Cola, Pa´ que te muerda”) y Fígaro (“Fígaro, ella es fanática a mí, yo soy su fan número uno y me quiero lucir, darle todo de mí”).

Pero ni sus temas románticos, los más inofensivos, el jugo de su creatividad en los momentos más puros y elevados, los quiere tener la televisión cubana en su parrilla. En las listas locales de éxito figuran Gente de Zona, Yomil y el Dany y hasta El Chacal, en un grotesco dúo con Waldo Mendoza. La música de Osmani, aunque no deja de sonar en las discotecas, en los almendrones, en las fiestas del CDR, no la incluyen en ningún programa.

—Yo sé que cada cosa tiene un horario en la televisión de todos los países. Los niños deben tener su horario y los mayores el suyo. Pero el nivel de censura en la televisión cubana es ridículo. Temas como Mi media naranja (que es un tema romántico), no lo quieren poner —se queja Osmani.

—¿Cómo dice ese tema?

—(Cantado)

Tú eres mi media naranja,

Yo vine a este mundo a exprimirme contigo,

No me gusta que te peles sola,

Que te picas, que te picas mal,

No me gusta que te peles sola,

Yo sin cáscara y zumo te voy a dejar.

Yo soy tu cuchillo, mi media naranja,

Tú eres la semilla que cayó del cielo,

Para que naciera el amor en mi alma,

La única que ha logrado que diga “Te quiero”.

Yo no soy la espina que cayó en tus ojos,

Tú tienes el jugo que tal vez me salva,

Tú eres mi camino, el único que escojo,

El destino que hace que mi vida valga.

—Esta es romántica…

—Por supuesto, es romántica, aunque con lo picaresco del cubano. Porque los cubanos somos picantes. Eso lo sabe todo el mundo, y al que no le guste, que no le guste. El cubano no es este romántico llorón, como otros latinos o como otras culturas donde el hombre es de caerle atrás a la mujer, prácticamente llorándole. Yo hago los temas como somos los cubanos.

—¿Qué alternativa propondrías para que música como la que tú haces tenga un espacio en los medios?

—La música urbana contemporánea la tienen que situar en un programa nocturno, a partir de las diez o las once, donde la gente de nuestra edad pueda oír lo que habla la gente grande. No se puede ser absurdo. Es momento de recapacitar, porque va a llegar el punto donde nadie va a mirar la televisión cubana. De hecho prácticamente nadie la está viendo. El paquete semanal está acabando ahora mismo. La gente tiene sus memorias flash, sus computadoras. Lo único que ven es prácticamente el programa de Luis Silva (Pánfilo). El nivel de censura ha llegado a ser absurdo.

Pensar en censura es mucho más llano, quizás, que plantearse esta idea. No es tanto que los medios no quieran poner a músicos como Osmani García, como que Osmani García y la mayor parte de los reggaetoneros cubanos de moda son una expresión demasiado parecida —se quiera o no—a lo que hemos llegado como país. Y eso a lo que hemos llegado como país no cabe en los medios, exactamente porque la realidad es mucha para ellos. Porque los supera.

 

***

Osmani García, el Chiquitico de Cuba, Osmani García, La voz,  ha escrito letras como esta:

 

El que nace bomba, explota,

Y a mí no hay quien me desactive.

Nacimos grandes,

Nacimos tigres.

 

Guerreando Solo Remix Ft El Príncipe (Álbum Fenómeno Global) (2015)

 

***

—¿Cómo lidias con tu ego?

—Me mantengo saludando a la gente con el cristal del carro abajo, en lo que otros artistas andan con cristales calobar. Me tomo fotos con todos. En cualquier aeropuerto que me bajo, me saludan hasta chinos con niños. ¡Que te pare un chino para ponerte un niño chino en las manos!

 

***

El carro del que habla Osmani, el que maneja con los cristales abajo para que la gente pueda saludarlo, es un auto de alquiler destinado a clientes extranjeros, o a los pocos nacionales que pueden rentarlo.

—Hace como cuatro años que estoy alquilando carros. Calcula dos mil setecientos dólares al mes, durante cuatro años. O sea, le he comprado al Estado cubano cuatro o cinco carros. Yo soy un artista al que no se le hace ninguna rebaja en Cuba, con todo el dinero que le aporté a mi empresa (EGREM).

—Y todo eso sin que nos dejen trabajar aquí—intercala Dayami La Musa, que ha estado escuchando.

Desde que salió del apartamento de su abuela en el Cotorro, vivió alquilado hasta que se mudó con Dayami. Osmani tampoco tiene a estas alturas casa propia (como no la tienen cientos de médicos o ingenieros en el país), pero de alguna manera considera que su obra y su éxito deberían haberle conseguido al menos un lugar donde vivir. Por ejemplo, temas como Mi amiguito el pipi (Mi amiguito el pipi no se queda quieto, No escupas, pipi, que eso es falta de respeto), íntegramente salidos de su pluma, le parecen al músico una de las canciones con doble sentido “más abiertas y brutales” que se han hecho.

—Se les está hablando a los niños de un niño, y a los mayores se les está hablando de otra cosa. Críticos grandes en el mundo han reconocido que este tema es una obra de arte.

Mucho del dinero que ha ganado en giras internacionales y en concepto de venta de discos —asegura tímidamente él, como quien no quiere subrayar demasiado sus buenas acciones— lo ha regalado en las calles de Cuba.

—Eso se lo puedes preguntar a otros, porque yo no lo he hecho para venir a contarlo aquí, pero yo regalo dinero en exceso. Quizás por eso no tengo ni casa ni carro. Conozco a mucha gente, y cuando vas por la calle con dinero y viene alguien y te dice que no tiene para comer, imagínate.

—¿Te ha pasado?

—Todos los días, a toda hora. Y yo lo doy de corazón. Creo que la única riqueza que tengo encima es esta cadena, (la cadena con el dije del león). Esta es la joya más puesta de la humanidad. Se la han puesto más de medio millón de personas, entre ellos niños.

—¿Hacerse reggaetonero es una decisión inteligente para alguien que quiera vivir bien económicamente?

—Hay otros artistas que también viven bien. Hay pintores que son millonarios. Yo todavía no tengo un millón de dólares guardados en una cuenta.

—¿Estás cerca?

—No sé. Puede que sí. Puede que ya esté por ahí, y los tenga que recoger. Pero no creo que eso sea lo importante. Lo bonito de esta carrera es el reconocimiento de la gente. Imagínate haber nacido en Guanajay y haber vendido ají sin zapatos y sin pulóver. Y que ahora la gente me esté abrazando en todos los países por los que paso. Eso no tiene precio.

—¿Las mujeres se interesaban en ti cuando eras más humilde o ahora se interesan más?

—Yo siempre he sido mujeriego. He llegado a andar con tres novias a la vez. Soy feo, pero siempre he tenido esa gracia.