Procesión por Día de la Virgen de la Caridad del Cobre. La Habana, 8 de septiembre. Foto: Mónica Baró. Portada

Procesión por Día de la Virgen de la Caridad del Cobre. La Habana, 8 de septiembre. Foto: Mónica Baró.

Además de creyente, soy, en muchos sentidos, una persona supersticiosa. Me inquieta la idea de que la realidad no sea más que lo que somos capaces de percibir, o que solo percibamos lo que somos capaces de explicar con las escasas verdades de la ciencia. Me cuesta, sobre todo, fijar los límites del mundo en los límites de la ciencia. No soy creyente por miedo a la muerte, que lo tengo, aunque me aterra mucho más la posibilidad de una vida eterna, sino por miedo al tedio. Una existencia atravesada por fuerzas espirituales y energías cósmicas resulta más entretenida y menos solitaria, más soportable.

Cuando hago periodismo, siempre ando atenta a las señales. Trabajo mucho desde la intuición.

Procesión por Día de la Virgen de la Caridad del Cobre. La Habana, 8 de septiembre. Foto: Mónica Baró.
Procesión por Día de la Virgen de la Caridad del Cobre. La Habana, 8 de septiembre. Foto: Mónica Baró.

La Virgen de la Caridad del Cobre —identificada con Ochún en la santería o Regla de Ocha— es una de mis señales favoritas. Cuando me la encuentro en el camino, en la sala de una casa, en un testimonio, siento que todo va bien, que la Virgen está de mi lado. Me siento segura.

Una vez, hace ya casi tres años, me quitaron, o yo permití que me quitaran, esa seguridad. No fue nada grave, si una piensa en las periodistas que han violado o han torturado o han asesinado en muchas partes del mundo, lo que a mí me pasó no fue nada grave: apenas me detuvieron, registraron todas mis pertenencias, me interrogaron, me pidieron que me desnudara y me agachara desnuda por si escondía algo en el interior de mi vagina, me expulsaron de una provincia de mi propio país… Ahora no recuerdo si me pidieron que pujara o tosiera mientras estaba agachada.

Eso fue apenas una experiencia humillante. Hay cosas muchísimo peores, ¿no? Pero algo en mí se quebró entonces. Íntimamente. Me tomó casi un año, quizás más, volver a sentirme segura mientras salía a la calle para reportar. Reportar sin credenciales, sin autorización, que es la única manera en que puedo hacerlo. Salía, no dejé de salir, pero muerta de miedo.

Este domingo, 8 de septiembre, yo no fui una periodista que cubrió una procesión sino una periodista que fue parte de una procesión, que cuando llegó a la Iglesia de Nuestra Señora de la Caridad, en la esquina de Salud y Manrique, municipio Centro Habana, fue una devota más. Le sonreí a otras mujeres vestidas como yo de amarillo; nos saludamos discretamente. Había en ese amarillo una especie de comunión. Una revelaba así su fe, que debía gratitud a la Virgen de la Caridad del Cobre.

Procesión por Día de la Virgen de la Caridad del Cobre. La Habana, 8 de septiembre. Foto: Mónica Baró.
Procesión por Día de la Virgen de la Caridad del Cobre. La Habana, 8 de septiembre. Foto: Mónica Baró.

Desde el día anterior vestía de amarillo; había garantizado algunos girasoles con las vendedoras de flores de 19 y 60, en el municipio Playa. Se había corrido el rumor de que no iban a permitir la venta de girasoles el 8 de septiembre, porque grupos opositores al gobierno (Unión Patriótica de Cuba y Cuba Decide) habían convocado a una protesta, con girasoles, para ese mismo día. Sin embargo, en La Habana, al menos, hubo girasoles. Todos lo que vi estaban muy caros y, la mayoría, feúchos…, pero no prohibidos.

Procesión por Día de la Virgen de la Caridad del Cobre. La Habana, 8 de septiembre. Foto: Mónica Baró.
Procesión por Día de la Virgen de la Caridad del Cobre. La Habana, 8 de septiembre. Foto: Mónica Baró.

Los que compré la víspera me costaron diez pesos cada uno; los que compré el domingo, en las cercanías de la Iglesia, un ramo de seis o siete, costaron sesenta pesos (unos 2.50 en dólares). Junto a mí, tres mujeres con prendas amarillas también quisieron comprar girasoles, pero cuando supieron el precio se escandalizaron. «Lo que importa es la presencia; Cachita sabe que vinimos», dijo una de ellas, y acordaron ponerle flores a la Virgen una vez que se normalizaran los precios. En La Habana, un girasol no suele costar más de cinco pesos cubanos, y se pueden comprar sueltos, pero la fe de la gente siempre ha servido para hacer negocios.

A las seis de la tarde, la procesión echó a andar. En la fachada de la Iglesia había una bandera cubana enorme. Estaba tendida como mismo se tienden en ese barrio las sábanas de los balcones. La Iglesia, con la bandera, recordaba el hecho de que la Virgen de la Caridad del Cobre es la Patrona de Cuba desde 1916.

Procesión por Día de la Virgen de la Caridad del Cobre. La Habana, 8 de septiembre. Foto: Mónica Baró.
Procesión por Día de la Virgen de la Caridad del Cobre. La Habana, 8 de septiembre. Foto: Mónica Baró.

Carlos Manuel de Céspedes, el Padre de la Patria, a inicios de la Guerra de los Diez Años, en noviembre de 1868, se puso de rodillas ante su imagen y le rezó allá en el santuario de El Cobre. En lo adelante, se convertiría en una virgen mambisa, guerrera, y se asumiría como guía y defensora de los cubanos que luchaban por la independencia.

La Virgen de la Caridad del Cobre significa, también, rebeldía y libertad. Cuando le hablo siento que no hablo solo con ella sino con todos las cubanas y cubanos que le han estado hablando desde hace más de 400 años. De alguna forma siento que le hablo a Cuba, o a lo que de Cuba hay dentro de mí. 

  • Procesión por Día de la Virgen de la Caridad del Cobre. La Habana, 8 de septiembre. Foto: Mónica Baró.
    Procesión por Día de la Virgen de la Caridad del Cobre. La Habana, 8 de septiembre. Foto: Mónica Baró.

La procesión de este domingo es la primera a la que asisto. Necesitaba sentirme parte de algo durante un par de horas al menos. Algo, digamos, trascendental. Esperé encontrar más gente; hay quienes dijeron que años atrás iba más gente, pero yo en los últimos meses siempre encuentro menos gente de la que espero en todas partes. Quizás soy yo. También esperaba más alegría, que, por ejemplo, hubiera una conga, que Ochún se nos manifestara de esa forma. Lo más alegre que se cantó fue «Mi veneración», de Miguel Matamoros:

«Y si vas al Cobre/ Quiero que me traigas/ Una virgencita de la Caridad…».

Tampoco hubo solemnidad. No sé exactamente qué hubo. Una señora que cargaba una muñeca grandísima vestida de amarillo me dijo: «Ojalá que te dé todo lo bueno que a mí me ha dado». Le dije gracias y le deseé que la Virgen le diera más cosas buenas todavía. Por un minuto, en medio del calor, mientras por el altoparlante salía una voz defensora de los valores católicos, pensé que llevábamos repitiendo la misma procesión una eternidad, que éramos, sobre todo, un pueblo en espera de un milagro. Luego la voz se calló y la procesión siguió adelante. Estábamos en Zanja y Galiano. Yo me desvié de vuelta a la Iglesia; allí prendí una vela y, de rodillas frente a otras muchas velas y montones de girasoles, me puse a rezar.

  • Procesión por Día de la Virgen de la Caridad del Cobre. La Habana, 8 de septiembre. Foto: Mónica Baró.
    Procesión por Día de la Virgen de la Caridad del Cobre. La Habana, 8 de septiembre. Foto: Mónica Baró.