Legna Rodríguez. Foto: Cortesía de la autora

Legna Rodríguez. Foto: Cortesía de la autora

Oh Miami, oh suave comarca de pastores y Toyotas. Y Nissans y Hondas y Chevys y Hyundais y Mitsubishis y Mazdas y Mercedes… pero sobre todo Toyotas.

Oh Miami, oh suave comarca, provincia, municipio especial, pueblo, barrio, localidad, playa albina, campo de tiro, perímetro.

Oh Miami, Centro comercial, hay libros en ti para hacer zafra, lo que no hay es tiempo para bajarse del Mitsubishi, o del Toyota, e ir en busca de esos libros, o por lo menos de un libro.

Yo que tanto me negué a conducir un automóvil, ahora también quisiera hacerlo, aunque sea un Toyota viejo de hace mil años, para llevar a mi hijo al pediatra.

Entiéndase que no es pobreza, en Miami, no tener ni siquiera un Toyota. El lujo en Miami es no tenerlo. Caminar caminar caminar. Tropezar tropezar tropezar. Esquivar esquivar esquivar. Entrar a una librería llena de libros en español. Comprar comprar comprar:

LOLITA CONTRA DOÑA BÁRBARA

No me preguntes quién ha ganado.

VIETNAM

La señora con perfume de jazmín compró una guía de Vietnam, un libro para niños de la colección Kalandraka, y los diarios de Lezama Lima.
Después de eso, ¿qué más?

LA TRAICIÓN DEL ALFABETO

En el área de Historia, La caída del imperio romano, escrita por Peter Heather, va al lado de Hiroshima, escrita por John Hersey.

En el área de Poesía, a Rabindranath Tagore le sigue Tristán Tzara, a quien a su vez le sigue Paul Valéry. En cualquier momento esa sección explota.

En el área de Narrativa traducida, El Pabellón de cáncer, de Solzhenitsyn, va al lado de Soy un gato, la novela siamesa de Sōseky. Al fin veo un japonés que muere de enfermedad.

En el área de narrativa en español Julio Cortázar es seguido por él mismo, más de un estante entero para él solo. Lo mismo pasa con César Aira, otro argentino más.

El área de ensayo es un combo dramático.

Me dan miedo las vocales tanto como las consonantes.

UBER TAXI

Regreso a las 7, casi noche.
Pido un taxi llamado Uber que consiste en una aplicación virtual para teléfonos inteligentes, desde la cual tienes acceso a los taxis de ese tipo más cercanos a tu área.

El taxi llega a ti de un modo, tal vez, imaginario. Es un hecho totalmente intergaláctico y digital: salir de los libros, entrar en un taxi, llegar a tu casa.
Pienso en eso durante diez minutos.

Me acuerdo de Douglas Coupland, un escritor canadiense que consumíamos en Cuba. Su novela más famosa, Generación X, fue mi postre dos días seguidos.

Hoy pedí por encargo en la librería Generación A, su última novela.

No tengo esperanza de que la traigan, pues a los empleados se les hace un descuento sustancial, y a los dueños no les conviene.

Tenemos la condición de: no-rentables.

EL MOSTRADOR

El Monte, de Lydia Cabrera, sigue en el mostrador desde hace más de un mes. El libro de los Hechos, un libro muy bíblico, está sobre El monte, aplastándolo.

No sé/ no contesto.

LA DUEÑA

Va y viene del banco a la librería y de la librería al correo postal.

Se recoge el pelo con una peineta de dientes plásticos.

Es tan delgada que parece un libro de la editorial Visor, bilingüe e incompleto.

EL DUEÑO

Me entrega cuatro hojas, por delante y por detrás, impresas con el catálogo de Anagrama.

Necesito que hagas el inventario, me dice.

Es una tarea ardua, le digo.

Nunca antes le había visto tanto brillo en los ojos.

TAZA DE MORTALIDAD

Me sorprende lo siguiente: en la presentación del libro de una autora famosa en la provincia, por la forma en que esa autora encauzó y aprovechó su vida, la única persona menor de 44 años era quien les habla.

Tal vez, además, la única menor de 55, por solo citar dos números en sí mismos ya retóricos.

(Había un muchacho joven que solo hablaba sandeces con las ancianas que se le acercaban, así que ese muchacho y cero son la misma cosa.)

PANORÁMICA DE TUTANKAMÓN

Aprecio la retórica. Al ser bien utilizada podría traer como consecuencia una mejor comprensión de las ideas.

Las ideas, casi siempre, se repiten.

A la edad de ochenta años, ¿qué idea tendré del amor, la sociedad, el cuerpo, la escritura?, ¿me acordaré de esta librería y sus continuos efectos sobre mí?

Desde las 5:30 han empezado a llegar ancianos. Algunos cojean o usan andadores para la locomoción. Otros parecen sobrellevar la edad y aparentan estar más saludables que yo. Vi a alguien usando una sombrilla de bastón. La sombrilla parecía un libro para niños. El número de ancianos aumenta gravemente a las 6:46. Se trata de una actividad programada para las 7:00 que no empezará hasta las 7:30.

Frente a los estantes de Espiritualidad (Biblias, Coranes, cartas del Tarot) un hombre se ha detenido a mirar, sin hacer el menor caso de la concurrencia. Es el mismo que más tarde comprará casi 200 pesos en libros espirituales (uno de ellos escrito por León Tolstoi).
La gente ha venido a la presentación de un libro de filosofía barata. Su autora es distinguida y respetada por todos, aunque lleva unos zapatos horribles y un cinturón más feo que Lenin. Me asombro de que aquí haya distinciones separadas de la apariencia.

El fotógrafo ha empezado a tirarle fotos a un hombre más viejo que Tutankamón. Se nota que es el más viejo de todos. El más alegre, también.

TODO ESTÁ EN LA MENTE

Abrí y cerré cuarenta sillas.

Saqué y entré cuarenta sillas.

No son mías, pero ahora las tengo en la mente.

COLES DE BRUSELAS PARA LEER MEJOR

No me puedo dormir sin escribir sobre lo que ha pasado hoy.

Cuando al fin me duermo, tampoco puedo despertarme sin escribir sobre lo que ha pasado. Nadie compra a Samuel Beckett.

Nadie compra a George Bataille.

Los libros de Thomas Bernhard continúan en su estante.

DESPUÉS NO ME DIGAN QUE EN LA CIUDAD NO HAY LIBRERÍAS EN ESPAÑOL

¿Dónde está el baño?, me preguntan los clientes.

Al final, contesto yo.

Después de decirlo me parece lo más obvio.

DECÁLOGO PARA ESCRIBIR NOVELAS POLICÍACAS EN MIAMI

1
Engordar.
2
Escribir metódicamente una novela tras otra.
3
Poner su foto (manipulada con algún programa de Microsoft) en las tapas de las novelas. La tapa es muy importante.
4
Publicar las novelas a través de Amazon.
5
Entrar a una librería en español y hablar con el dueño para que las novelas se vendan ahí.
6
Dejar claro que el mejor producto policíaco es ese, el que escribe él y sus amigos, y por tanto, no necesita comprar ningún otro libro, si acaso a Padura o a algún otro clásico un poco mediocre.
7
Ir regularmente a la librería a ver si las novelas se vendieron. Si no ve las novelas en la sección de Policíacos, exigir que las pongan ahí urgente.
8
Saludar a los vendedores de la librería con cierta superioridad, ignorando que ellos sí son escritores de verdad.
9
Salir de la librería medio enfadado, elucubrando la trama de una nueva saga.
10
Aparentar más un vendedor de hamburguesas que un escritor.

PATAGONIA

Al frente de la librería hay una cafetería argentina donde venden alfajores y productos argentinos fascinantes, como empanadas argentinas y pulpos argentinos y café argentino, todo un bufet.

En el break salto a la cafetería y elijo un té de manzanilla, para el estómago y la cabeza, que acumula tantos gases como las tripas.

Saco mi libro de poemas de Cristina Peri Rossi y me siento en sintonía. Yo sé que Uruguay no es lo mismo que Argentina pero igual los empleados me preguntan ¿qué querés vos?, lo mismo que me pregunta Cristina Peri Rossi en sus poemas, y yo respondo: además de amor, quiero café.

25 CAJAS LLENAS

Anoche, antes de cerrar, llegaron 25 cajas.

Están llenas de libros.

Nos hemos quedado mirándolas como si adentro hubiera misiles, dinamita, granadas, bombas tóxicas ultrasecretas, gas nerviosos sirio o venezolano, armas de fuego o armas blancas.

Son solo libros.

Otro tipo de calibre.

¿CUÁL ES EL COLMO DE UN VENDEDOR DE LIBROS?

Tener que vender los libros que uno quisiera comprar.

MALAS TRADUCCIONES

Llegaron dos ejemplares de la novela héroe de Guillermo Rosales, uno de los patriotas más exiliados, y uno de los exiliados más patriotas. Boarding home es el nombre de la novela.

La editorial Siruela tradujo el título bajo la frase «La casa de los náufragos», una cosa que no tiene nada que ver con la otra, hablando en mal castellano.

Si yo hubiera estado ahí, quemándome las sienes junto a Guillermo, no dejaría que nadie me tradujera la palabra «boarding». En Miami, las palabras son intraducibles.

BUENOS DICCIONARIOS

En su Diccionario de lugares comunes, Flaubert escribió: «Republicanos. No todos los republicanos son ladrones, pero todos los ladrones son republicanos.»

En mi Diccionario sociópata escribiré: «Miami. No todos los que van a Miami son ladrones, pero todos los ladrones, algún día, van a Miami.»

NDROME DE ABSTINENCIA

Hace exactamente un año, cuando me quedé sin casa, sin pareja y sin trabajo, tomé la decisión de abandonar la carne. La carne como comida, que en términos alimenticios estriñe y enlentece. Y ya no había cabida en mí para más estreñimiento y más enlentecimiento. Dicho y hecho, adiós a la carne.

Junto a eso, también decidí abandonar la poesía. Un género que en términos alimenticios también estriñe y enlentece, por su difícil procesamiento. Y ya no quedaba en mí espacio para ese par de malas consecuencias. Dicho y hecho, adiós a la poesía.

A veces, encubierta por las sombras de las dos de la mañana, interrumpía la dieta y leía alguna que otra, pero eso nadie lo sabe, nadie nadie.

Y entonces el otro día, acomodando la zeta en la sección de poesía, salta hacia mí Raúl, de un apellido Zurita, con aquel sabio mensaje: los desprecio y me desprecio.

Estreñida por Zurita, leo y trago.

EL MES DEL VERANO EN MI PAÍS NATAL

Cada vez que vendo un libro de Julia Navarro trato de pensar que mi papá se llama Julio Eduardo, o que julio es el mes del verano en mi país natal, o que en el mes de julio empieza la segunda mitad del año, o que una vez, en julio, me hice uno de los tatuajes que más me gusta.

Trato, me esfuerzo, disimulo ante el cliente que quiere a Julia Navarro en vez de a Carson Mccullers, o en vez de a Isak Dinesen, o en vez a Cristina Peri Rossi, o en vez de a cualquier autora, al azar. Porque hay tantas escritoras buenas, fascinantes, incorrectas, placenteras, locas, rusas, no rusas, perfectas.

Pero el cliente me pide a Julia. Navarro, por favor.

Y yo: cómo no, que sea Navarro.

¿CUÁL ES LA MAYOR OFENSA QUE PUEDES HACERLE A UN LIBRO?

Leerlo con sueño.

O con mal aliento.

LUMEN

Fui yo quien hizo el listado de Lumen para la librería.

Es decir, el listado estaba hecho pero fui yo quien lo valoró y aprobó, quien decidió cuál sí.

De carátula semi dura y color mierda de mono, los libros de Lumen son caros, cariñosos, como los ositos del cariño.

Valen su precio, sin embargo.

Valen este dolor de cabeza que tengo desde que los vi ordenados en sus estantes.

Valen el pánico que me provoca abrirlos y leer tamañas traducciones, ejemplares.

Valen la sensación de asombro al susurrar la última frase de cualquier poema de William Carlos Williams, y la primera frase de cualquier poema de Marianne Moore.

Valen un ojo de la cara, incluso los dos ojos.

El valor de los libros solo lo sabe mi corazón.

TWITTER

Antes de dormirme escribí en Twitter lo siguiente:

Si vienes a la librería y compras 50 pesos te llevas un #libro de #poesía , pequeñito y gratis, no dejes de pedírmelo a mí personalmente».

Ya son las 14:41 del nuevo día soleado en la ciudad soleada y los clientes ni para atrás ni para alante, apenas tres o cuatro, y un libro por cabeza.

Y sé que darán las 16:00, y me iré, y entraré a casa por la puerta ancha, con un cargamento de libros de poesía míos, que volverán a su sitio junto a los platos.

Mañana escribiré en Twitter:
«Vuelvo y repito, si vienes a la librería te doy un #libro extra, de #poesía , bueno y bonito. Después no digas».

EL PRINCIPIO DEL PRINCIPIO

No puedo dar testimonio de nada sin dejar por escrito cómo fue que empecé a trabajar aquí.

Un milagro gracias a la recomendación de varios amigos, aquellos que están con uno en las malas, sobre todo, y luego en las buenas, sobre todo, también.

Sobre todo gracias a la recomendación de un escritor argentino que también vende libros aquí, y que fue el de la idea de que yo escribiera esto.

Curiosamente ninguno de esos amigos es cubano. Una deconstrucción de la solidaridad entre personas de una misma nacionalidad. Falsos conceptos de una sociedad cada vez más mentirosa, hipócrita y falsa. Sorry por los sinónimos. Prefiero los antónimos.

Curiosamente, este muchacho argentino se pasa el día hablando de Borges y de Cortázar, de Lezama y de Sarduy, y siente orgullo de que Argentina le haya dado asilo ciudadano a uno de los escritores cubanos más importantes: Virgilio Piñera.

También habla mucho de un tal Isaac Bashevis Singer.

DEBO ESTAR EMBARAZADA

Son las 6:00 am.

Estoy despierta.

Vivo a seis millas de la librería, más o menos.

Tengo unas ganas enormes de pedir un taxi (la aplicación barata de la que les hablé el otro día), y meterme en la librería como un ácaro de libros.

Tengo ganas de leer todas las novelas de Cormac McCarthy, que sí están, y todas las de David Markson, que no están.

De Anagrama llegó la poesía de Michel Houellebecq, semejante descarado también merece respeto, pero ya no tengo ganas de leerme su poesía.

Mejor voy a hacerme un té con las páginas blancas de los diarios de Piglia, su silencio.

FANGO

Lo que dije solo fue, a fin de cuentas, una palabra. Comprendo que es una palabra, por su sonoridad, grave. Cualquier palabra que incluya la g seguida de una vocal abierta, tendrá una sonoridad grave. Más que grave, fuerte. Fue el momento en que todos, reunidos alrededor del mostrador porque era día de cobro, se me quedaron mirando.

Esas cosas no se dicen, aseveró el dueño con cara de estaniñanohablabien. Pero yo creo que a veces esas cosas sí se dicen. No para enjuiciar, sino para denunciar un hecho a todas luces mediocre, de mal gusto y superficial. Se trató de unas personas que pidieron permiso a la librería para exponer su trabajo. Libros que cada uno en sí mismo servían de ejemplo a la peor forma de escritura posible, si es que la escritura, definida ya como eso, puede ser peor. Estas personas viven de las ganancias que esos libros les reportan. Sus autores han usado la palabra escritor para autodenominarse.

Me pareció una falta de respeto a la librería, llena como está de poesía, ensayo, traducción, historia y filosofía. Me pareció un oprobio.

La palabra que yo usé para referirme a tal grupo empieza con f y termina en o. Y no volveré a repetirla aquí.

AFUERA ESTÁN LOS CONSTRUCTORES

Otro tipo de fango.

Fango de tierra mezclada con cemento y productos de construcción.

Fango de pedazos de acera y vigas movidas y flores desenterradas.

Fango de zapatos llenos de fango por la lluvia y los restos de tierra removida.

Desde que la librería abrió empezaron a sabotear el perímetro con esta idea de «arreglar la calle».

Los clientes escasean y las ventas se deprimen. A veces, después de tres horas de haber abierto, aún no se ha vendido ni una página. Como se acercan las elecciones, los constructores han apurado el proceso. La acera del frente está casi lista, y ahora le toca a nuestra acera.

Cada vez más invisible, tapada por el bien público y el desarrollo arquitectónico de la ciudad, nuestra librería corre el riesgo de desaparecer.

UNA JERARQUÍA

La directora del periódico más importante de la ciudad entró a la librería y fue directo al baño. Al terminar sus necesidades se dirigió a mí en forma extraña: Tú no sabes quién soy yo pero yo sí sé quién tú eres.